La dirigencia iraní cree que puede resistir más que Donald Trump en la negociación con Washington y apuesta a usar su control del estrecho de Ormuz para forzar concesiones, aun a costa de arriesgar una nueva confrontación militar y de agravar la presión interna, según analistas.
Casi dos meses y medio después del inicio de la guerra estadounidense-israelí contra la República Islámica, el alto el fuego sigue en pie de forma precaria. En ese escenario, Trump rechazó con dureza las respuestas de Teherán a una propuesta de acuerdo presentada por Estados Unidos y advirtió que la tregua atraviesa sus momentos finales.
Pese a la muerte del líder supremo Alí Jamenei el 28 de febrero, en la primera jornada de la guerra, los especialistas sostienen que el poder iraní mantiene intacto su carácter ideológico y su prioridad central: preservar la República Islámica fundada tras la revolución de 1979 que derrocó al sha.
“Sí creen que pueden resistir más que Trump. La guerra es existencial para ellos”, dijo a AFP Sanam Vakil, directora del Programa de Oriente Medio y Norte de África del centro de estudios Chatham House, en Londres.
Para Teherán, el bloqueo del estrecho de Ormuz abrió una herramienta de presión decisiva. Es la primera vez que Irán restringe el tráfico marítimo en ese paso estratégico para el comercio y el suministro energético mundial, después de años de amenazas en ese sentido.
Del lado estadounidense, Trump enfrenta presiones para encontrar una salida a un conflicto que se volvió impopular dentro de su país, elevó los precios de los combustibles y llega con las elecciones de mitad de mandato en el horizonte.
“Irán está comprometido con las negociaciones, pero lo que no quiere es rendirse. Quiere arrancar concesiones debido a la mejora de su posición”, dijo Vakil. “Está preparado para otra ronda de conflicto y está dispuesto a apostar por eso, lo cual es un riesgo, ya que los costos para Irán serían enormes.”
Los analistas también señalan que no está claro quién conduce hoy la toma de decisiones en Irán. Mojtaba Jamenei, hijo y sucesor del líder supremo muerto, aparece como una figura probable en ese esquema, aunque no como actor excluyente dentro de una estructura dominada por los Guardianes de la Revolución.
En ese marco, el presidente del Parlamento y veterano de esa fuerza, Mohammad Bagher Ghalibaf, emergió como la principal cara visible iraní en las conversaciones. El martes aseguró que no existía “ninguna alternativa” al plan transmitido por Irán a Trump.
“Para la dirigencia, la percepción es que negociar las mejores condiciones posibles es esencial para su propia supervivencia”, dijo Thomas Juneau, profesor de la Universidad de Ottawa. “Por lo tanto, está totalmente dispuesta a absorber un dolor económico significativo si eso significa aguantar hasta que pase Trump.”
Juneau sostuvo que la “palanca de Ormuz es esencial para Irán” y que la cúpula calcula que el aumento de los precios del petróleo, a medida que se acerquen las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, puede erosionar la paciencia de Trump. A la vez, advirtió que el cálculo encierra un riesgo elevado para un poder que enfrenta una “población enormemente descontenta”, una economía en dificultades y severos daños en infraestructura civil y militar tras los ataques estadounidense-israelíes.
“La República Islámica ha jugado demasiado fuerte en el pasado, y corre absolutamente el riesgo de volver a hacerlo”, dijo.
La postura oficial iraní quedó resumida esta semana en una valla publicitaria instalada en la plaza Valiasr, en Teherán. La imagen muestra la boca de Trump amordazada con una pieza con forma de Ormuz y el lema: “En el punto de quiebre”.
Arash Azizi, profesor en la Universidad de Yale, dijo que la dirigencia iraní considera que controla una “bala mágica” en Ormuz y que intenta “acorralar” a Trump para obtener mejores términos. “Parece algo delirante. Podría salir mal y llevar a la reanudación de la guerra por parte de Trump o de Israel”, dijo.
Desde Teherán, el periodista y analista político Maziar Khosravi dijo a AFP que ni Trump ni Israel pueden seguir usando la amenaza militar como instrumento eficaz de presión sobre la dirigencia iraní. “Trump podría intentar de nuevo la opción militar, con la esperanza de eliminar otra capa del liderazgo de la República Islámica”, dijo. “Pero esto no me parece una opción viable, porque cada nueva generación de líderes que llega al poder es más intransigente que la anterior”.
Vakil afirmó que ninguna de las partes busca una reanudación de hostilidades a gran escala, aunque subrayó que ese escenario no puede descartarse. A su juicio, la administración Trump interpreta de manera errónea la rigidez del poder iraní. “Es poco probable que la vía militar empuje a Irán a la sumisión. La administración Trump carece de una verdadera comprensión de la posición ideológica de la República Islámica. Lo ve todo desde una perspectiva militar”.