Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, ocupa un lugar central en la estrategia de presión económica que la administración de Donald Trump aplica contra el régimen iraní. Cada nueva medida que anuncia añade restricciones dirigidas a reducir los recursos de Teherán y limitar su capacidad de operar a través de empresas, transportistas y redes financieras.
Bessent, de 64 años y originario de Carolina del Sur, se encuentra entre las figuras con mayor influencia en el entorno de Trump. Antes del regreso del presidente a la Casa Blanca participó en la recaudación de fondos para su campaña y realizó aportes importantes de su propio patrimonio, estimado en unos $600 000 000.
Su trayectoria previa se desarrolló durante años en el sector financiero, donde dirigió y fundó fondos de cobertura. El cargo de secretario del Tesoro es su primera función pública. Dentro de la administración Trump se le considera uno de los funcionarios con una postura más dura frente al régimen iraní.
El 24 de agosto anunció la operación “Economic Outcast”, traducida como “ostracismo económico”, una ampliación de las sanciones contra Irán. Las medidas alcanzaron a la empresa ferroviaria iraní, fabricantes locales de automóviles y aerolíneas del país. También impusieron restricciones a quienes mantengan negocios con esas entidades o les presten servicios. El tráfico aéreo hacia y desde Irán sufrió un impacto importante tras la aplicación de estas medidas.
La ofensiva también se extendió a toda la cadena de exportación del petróleo iraní, desde la extracción y el transporte hasta la venta y la liquidación de pagos. Estados Unidos busca además identificar redes financieras, cambistas y empresas pantalla que, de acuerdo con las autoridades estadounidenses, sirven a Teherán para eludir las sanciones.
Equipos estadounidenses viajaron a países que aún mantienen vínculos económicos con Irán para exponer las posibles consecuencias de continuar la cooperación con el régimen.
Las estimaciones presentadas dentro del gobierno estadounidense atribuyen a estas medidas pérdidas de cientos de millones de dólares diarios para Irán. Al mismo tiempo, la moneda iraní cayó hasta un nivel excepcionalmente bajo de unos 2,7 millones de riales por dólar.
Dentro de Irán se multiplican los reportes sobre problemas económicos graves, entre ellos escasez de productos básicos y medicamentos, filas en las estaciones de combustible, inflación elevada y expansión del mercado negro.
Los responsables que impulsan esta política calculan que una presión económica sostenida podría llevar al país, en cuestión de meses, a un punto de ruptura capaz de provocar una nueva ola de protestas amplias contra el régimen.
La administración Trump mantiene una disputa interna entre quienes apoyan la continuación de la campaña militar contra Irán y quienes prefieren evitar una nueva escalada. Bessent defiende dentro de ese debate la posibilidad de debilitar al régimen mediante una presión económica intensa y prolongada.
Si la confrontación con Irán vuelve a ampliarse al terreno militar, Bessent podría quedar asociado a la creación de las condiciones económicas previas a esa fase, a través del sistema de sanciones estadounidenses y no por medio de aviones o misiles.










