El proyecto para construir un teleférico hasta la Ciudad Vieja de Jerusalén perdió la participación de otra empresa extranjera. La consultora italiana de ingeniería de teleféricos ROPES decidió no asumir el trabajo, con lo que asciende a cinco el número de compañías extranjeras que se han retirado de la iniciativa.
La propuesta prevé transportar visitantes desde Jerusalén occidental hasta las proximidades del Muro Occidental. Sus promotores, entre ellos el Ministerio de Turismo y la Municipalidad de Jerusalén, sostienen que este medio permitiría trasladar hasta 3.000 personas por hora, con menores alteraciones en el entorno y un costo más razonable que otras soluciones.
La oposición al proyecto cuestiona precisamente esas ventajas. Organizaciones de derechos, profesionales de la conservación del patrimonio, arqueólogos y arquitectos de reconocimiento internacional han objetado el trazado y sus consecuencias. Entre las críticas figuran su impacto visual, la responsabilidad cultural y política de la intervención y las dudas sobre su capacidad para resolver los problemas de tránsito.
La salida de ROPES ocurre después de que la Autoridad de Desarrollo de Jerusalén publicara, el mes pasado, un aviso sobre su intención de adjudicarle un contrato de asesoría sin convocatoria a licitación pública. Stephan Obexer, director ejecutivo de la compañía, explicó a The Guardian que no aceptarían el encargo debido a otro compromiso empresarial en India.
Existe también una versión diferente sobre esa decisión. Haaretz, a partir de una publicación del periódico romano La Repubblica, señaló que el propietario de ROPES reconoció haber aceptado inicialmente la oferta de participar como consultor, aunque después se arrepintió. La empresa no ha difundido una declaración oficial que aclare estas circunstancias.
Parte de las objeciones se concentra en el lugar escogido para la estación terminal. En 2019, la Asociación de Arquitectos y Urbanistas de Israel criticó que se proyectara instalarla dentro del complejo Kedem, promovido por la Fundación Ciudad de David, conocida también como Ir David o El”ad, una organización .
El recorrido previsto pasaría por encima de Silwan, localidad palestina densamente poblada, antes de llegar a la Puerta de los Desperdicios de la Ciudad Vieja. La asociación advirtió que la instalación ocasionaría molestias visuales y acústicas a sus habitantes. También criticó la ausencia de actuaciones de conservación patrimonial asociadas a la obra y consideró que el teleférico perjudicaría el paisaje.
A comienzos de este mes, la organización Emek Shaveh volvió a cuestionar la iniciativa ante los indicios de que se reactivaba después de varios años de estancamiento. A su juicio, la reanudación “amenaza a las comunidades palestinas de Silwan y al paisaje perdurable del núcleo histórico de Jerusalén”.
Emek Shaveh sostuvo además que los responsables del proyecto no han demostrado, a lo largo de los años, que el teleférico responda a una necesidad de transporte. La organización atribuye su impulso al propósito de consolidar la presencia de colonos en Silwan y zonas adyacentes, desplazar a residentes palestinos de la Cuenca Histórica y modificar el carácter cultural de Jerusalén.
En concreto, el grupo considera que el trazado busca desviar el turismo de las rutas habituales que atraviesan los barrios musulmán y cristiano, así como de los accesos históricos por las puertas de Damasco y Jaffa, para dirigir a los visitantes hacia el sitio de la Ciudad de David, controlado por colonos.










