La empresa española ARQUIMEA anunció el 15 de junio de 2026 un sistema antidrones multicapa diseñado para destruir físicamente drones, municiones merodeadoras y amenazas aéreas empleadas en ataques de saturación.
La solución se articula en torno a un lanzador múltiple modular y una familia de interceptores autónomos Q-SLAM y Q-FOX. La arquitectura integra detección, identificación, seguimiento, autorización de lanzamiento, intercepción y reevaluación de la amenaza, con el operador a cargo de la decisión de disparo y algoritmos de inteligencia artificial dedicados al seguimiento autónomo y a la fase final de ataque.
ARQUIMEA presentó un sistema C-UAS multicapa que combina lanzadores modulares e interceptores autónomos para destruir drones, municiones merodeadoras y amenazas aéreas en ataques de saturación.
El sistema busca cubrir un espacio intermedio entre la guerra electrónica y los medios antiaéreos más pesados. Su finalidad es ofrecer una opción cinética contra drones de bajo coste cuando la interferencia no sea suficiente, no esté disponible o no resulte adecuada por las reglas de enfrentamiento.
La propuesta también apunta a reducir el empleo de misiles caros contra amenazas pequeñas o prescindibles. En ese marco, el uso de interceptores autónomos permite adaptar la respuesta al tipo de blanco y al valor operativo de la amenaza, sin agotar recursos de defensa aérea de mayor coste.
La defensa se organiza por capas. El Q-SLAM-40 está orientado a amenazas de medio alcance y extiende el perímetro de protección hasta 40 kilómetros. El Q-SLAM-80i alcanza hasta 250 km/h en un radio operativo máximo de 25 kilómetros, mientras que el Q-SLAM-5i supera los 350 km/h y puede llevar una carga útil de hasta 0,4 kilogramos.
El Q-FOX constituye la capa más rápida del sistema, con una velocidad superior a 600 km/h y una carga útil de 0,5 kilogramos. Esta configuración está orientada a amenazas de aparición rápida o alta maniobrabilidad, donde la ventana de reacción resulta limitada.
Defensa por capas frente a drones y municiones merodeadoras
La lógica operativa consiste en asignar cada interceptor al tipo de blanco adecuado. Un minidron de reconocimiento, una munición merodeadora o un componente de un enjambre no requieren la misma respuesta, por lo que la combinación de efectores permite ampliar la profundidad del arsenal y ajustar el coste de la intercepción.
ARQUIMEA también plantea el empleo coordinado de sus interceptores, incluidas capacidades de enjambre e integración en arquitecturas de combate en la nube. Esta función apunta a escenarios en los que una unidad de defensa debe responder de forma simultánea a varios drones que se aproximan desde distintos ejes, alturas y velocidades.
La compañía afirma que su familia de sistemas autónomos ya opera en más de cinco fuerzas armadas y organizaciones de defensa. Para aumentar la producción, ha habilitado instalaciones de más de 12.000 metros cuadrados, con una inversión superior a diez millones de euros y una capacidad declarada de hasta 1.000 drones mensuales.
El planteamiento industrial resulta relevante porque los ataques de saturación exigen disponibilidad sostenida de interceptores. En ese entorno, la capacidad de producción mensual, la reposición rápida y la integración con sensores y redes de mando pueden ser tan determinantes como la velocidad o la carga útil de cada efector.
Q-SLAM-100 y requisitos para una capacidad sostenida
Junto con el sistema C-UAS, ARQUIMEA presentó una evolución del Q-SLAM-100, su munición merodeadora inteligente de largo alcance. La actualización incorpora mejoras destinadas a aumentar la capacidad operativa y el rendimiento en entornos disputados.
La empresa vincula estos desarrollos con sus líneas de trabajo en municiones merodeadoras, aviónica, robótica, drones, RPAS y mando y control. También los relaciona con un centro de investigación que reúne a más de 140 investigadores en inteligencia artificial, robótica y tecnologías cuánticas aplicadas a defensa y espacio.
La viabilidad del sistema dependerá de su integración en redes antiaéreas más amplias, del coste por intercepción y de su rendimiento frente a ataques de saturación y guerra electrónica. Esos factores determinarán si la propuesta puede pasar de una arquitectura modular prometedora a una capacidad sostenida para proteger fuerzas desplegadas, infraestructuras críticas y emplazamientos militares.