El contrato supera los $20 000 000 000 y cubre el desarrollo a plena escala, con varios aviones de prueba para ensayos.
El contrato pone en marcha el desarrollo a plena escala del F/A-XX
La Marina de Estados Unidos seleccionó a Boeing para desarrollar y construir el F/A-XX, su caza embarcado de sexta generación y componente tripulado de su programa Next Generation Air Dominance. La adjudicación llegó después de meses de espera y de informaciones que, desde marzo de 2025, anticipaban una decisión próxima. A comienzos de 2026, el jefe de Operaciones Navales, almirante Daryl Caudle, había advertido que el programa debía acelerarse para disponer de una aeronave capaz de penetrar las defensas antiaéreas previstas para la próxima década.
El Departamento de Guerra informó el 29 de septiembre de 2026 que Boeing recibió un contrato valorado en más de $20 000 000 000 para la fase de desarrollo a plena escala. El acuerdo comprende varios aviones de prueba destinados a ensayos en tierra, aeronavegabilidad, sistemas e integración de armamento. El subsecretario de Guerra para Adquisiciones y Sostenimiento, Michael P. Duffey, presentó al F/A-XX como una inversión a largo plazo en las capacidades de combate aéreo de Estados Unidos.

El F/A-XX está previsto para ampliar el radio de acción de los grupos aeronavales y proporcionar una capacidad avanzada de proyección de poder desde portaaviones. La aeronave complementará y, con el tiempo, sustituirá a los F/A-18E/F Super Hornet y EA-18G Growler a partir de la década de 2030. También operará junto con el F-35C y las Collaborative Combat Aircraft. Boeing afirmó que sus inversiones permiten desarrollar simultáneamente los programas NGAD de la Marina y de la Fuerza Aérea.
Qué incluye el programa F/A-XX de la Marina estadounidense
- El contrato supera los $20 000 000 000 y cubre el desarrollo a plena escala.
- Incluye varios aviones de prueba para ensayos en tierra, sistemas, aeronavegabilidad e integración de armamento.
- El F/A-XX sustituirá progresivamente a los F/A-18E/F Super Hornet y EA-18G Growler.
- La aeronave operará junto con el F-35C y las Collaborative Combat Aircraft.
- La Marina prevé incorporarla a su ala aérea embarcada durante la década de 2030.
El F/A-XX ampliará el alcance del ala aérea y coordinará drones
La necesidad de una nueva aeronave de ataque embarcada se remonta a 2008 y produjo una solicitud formal de información en 2012. Más adelante, el F/A-XX quedó integrado en el NGAD de la Marina, un programa distinto del que emplea el mismo nombre en la Fuerza Aérea. Según la Marina, el nuevo avión necesita mayor alcance y velocidad, sensores pasivos y activos y capacidad para emplear las armas de mayor alcance que se prevén para el futuro.
El F/A-XX será el componente tripulado central de una Familia de Sistemas que también incorporará plataformas no tripuladas. La Marina plantea una cooperación entre sistemas tripulados y no tripulados, denominada Manned/UnManned Teaming, para reducir el riesgo de las aeronaves con tripulación y aumentar el volumen de fuerzas y su supervivencia. El MQ-25 Stingray será el primer sistema no tripulado que empleará esta relación operativa y permitirá ampliar el radio de ataque del ala aérea embarcada.

El desarrollo posterior de esta cooperación permitirá compartir información dentro de una fuerza distribuida y combinar aeronaves tripuladas con distintos sistemas autónomos. La Marina todavía evalúa qué proporción de F/A-XX y plataformas no tripuladas permitirá obtener el mayor poder de combate con un coste asumible. Esa composición dependerá también de la madurez que alcancen las tecnologías de autonomía y aprendizaje automático.
La fuerza prevé vehículos aéreos no tripulados de alta supervivencia con sensores y sistemas autónomos capaces de localizar, identificar, rastrear, atacar y evaluar objetivos terrestres, marítimos y aéreos. En un documento de 2021, la Marina mostró una representación ficticia de un F/A-XX acompañado por cuatro drones con cargas útiles relacionadas con combate aire-aire, guerra electrónica y mando y control. Los planes también contemplan misiones de reabastecimiento, comunicaciones, logística, ataque electrónico, ataque e inteligencia, vigilancia, reconocimiento y designación de objetivos.
La Marina quiere reunir ataque, guerra electrónica y mando y control
La Marina concibe el F/A-XX como algo más que un sustituto directo del Super Hornet y del Growler. La aeronave combinará furtividad, mayor alcance, guerra electrónica y funciones de mando y control dentro de una sola plataforma. Funcionarios de la fuerza habían señalado que tendría aproximadamente un 25 % más de alcance que el F-35C y capacidades de interferencia electrónica superiores a las del Growler. Su diseño también contempla desde el inicio el control de varias Collaborative Combat Aircraft.

Caudle señaló que el F/A-XX será importante tanto por las CCA que podrá comandar como por su capacidad de penetración. También indicó que deberá asumir funciones de ataque electrónico a medida que los Growler lleguen al final de su vida operativa. El alcance de la aeronave se complementará con el MQ-25, que proporcionará reabastecimiento desde el portaaviones. De esta manera, el F/A-XX ocupará una posición central dentro de la futura combinación de plataformas tripuladas y no tripuladas de la Marina.
La Marina quiere conservar la posibilidad de proyectar poder en entornos de alta amenaza mediante un ala aérea embarcada con mayor alcance y supervivencia. Dentro de esa estructura, el F/A-XX actuará como elemento coordinador y enlazará las capacidades de las aeronaves tripuladas con las plataformas autónomas que lo acompañen. El planteamiento busca ampliar la distancia a la que puede operar el grupo aeronaval sin separar las funciones de ataque, guerra electrónica y coordinación de sistemas.
El F/A-XX seguirá un camino distinto al nuevo caza de la Fuerza Aérea
En 2024, el contralmirante Michael Donnelly, entonces director de la división de guerra aérea de la Oficina del Jefe de Operaciones Navales, afirmó que la Marina desarrollaría su aeronave de manera independiente. Esa posición contradecía informaciones anteriores que planteaban un desarrollo compartido entre la Marina y la Fuerza Aérea. La fuerza consideraba que había definido una solución acorde con sus necesidades y que el programa podía mantenerse dentro de costes asumibles.

La separación también afecta a la propulsión. La Marina había mostrado interés inicialmente en la tecnología de ciclo adaptativo desarrollada dentro del programa Next-Generation Adaptive Propulsion, pero sus planes terminaron separándose de los de la Fuerza Aérea. Donnelly explicó que la Marina examinaba una solución basada en un motor derivado. Según señaló, los dos programas son independientes tanto desde el punto de vista de la adquisición como respecto de su desarrollo futuro.
Las funciones previstas también son diferentes. La Fuerza Aérea concibe su nueva aeronave principalmente como un caza de superioridad aérea, mientras la Marina busca una plataforma polivalente centrada en ataques de largo alcance y misiones de control marítimo, pero también capaz de intervenir en la defensa de la flota. Donnelly explicó que la fuerza no podía permitirse una plataforma reservada para situaciones excepcionales ni demasiado especializada en una sola misión o fase de una operación.
Otra diferencia afecta a la presencia de tripulación. Aunque en fases anteriores se consideró para el F/A-XX una posible configuración con tripulación opcional, la Marina optó por una plataforma completamente tripulada. Donnelly describió el nuevo caza como el punto de transición entre el ala aérea actual y una estructura futura híbrida, en la que convivirán aeronaves tripuladas y sistemas no tripulados.
Los recortes presupuestarios aumentaron la presión sobre el programa
El programa afrontó también restricciones presupuestarias mientras la Marina desarrollaba otros proyectos de gran envergadura. El presupuesto de 2025 para la nueva aeronave sufrió un recorte del 67 %. De los $10 300 000 000 solicitados para el periodo comprendido entre 2025 y 2028 quedaron 3.300 millones. El Senado votó posteriormente a favor de restituir 450 millones, aunque incluso con esa cantidad el recorte habría seguido siendo del 59 % respecto del presupuesto del año anterior.

A comienzos de 2026, los legisladores acordaron asignar específicamente $897 000 000 al F/A-XX mediante la Ley de Asignaciones de Defensa para el Año Fiscal 2026. La norma obliga al Pentágono a adjudicar un contrato de desarrollo para acelerar la llegada a la capacidad operativa inicial y cuestionó expresamente la lentitud que había mostrado el programa. La adjudicación a Boeing materializa ahora esa fase de desarrollo con un contrato superior a los $20 000 000 000.
Antes de la adjudicación, la Marina sostenía que había acotado los requisitos y atributos necesarios para la aeronave y que seguiría revisándolos a medida que avanzara el programa. El planteamiento combina una plataforma tripulada de largo alcance con guerra electrónica, funciones de mando y control y capacidad para dirigir aeronaves no tripuladas. Con esa configuración, el F/A-XX está destinado a servir como transición hacia un ala aérea embarcada híbrida durante la década de 2030.










