China llevó a DSA 2026, en Malasia, una propuesta de arma láser móvil para el mercado internacional con foco en la defensa cercana contra drones pequeños. La empresa Novasky exhibió una maqueta del NI-L3K, un sistema de energía dirigida de 3 kW instalado sobre una camioneta ligera y orientado a misiones contra UAS, con énfasis en la protección de infraestructuras críticas y posiciones operativas avanzadas.
El sistema ya había sido mostrado en Milipol 2025 y está planteado como una solución de bajo costo y despliegue rápido frente a la expansión de UAV comerciales, cuadricópteros y drones FPV empleados contra bases, instalaciones sensibles y unidades en primera línea. Su función se concentra en la categoría de amenazas LSS, es decir, blancos aéreos bajos, lentos y pequeños.
El NI-L3K emplea un haz láser continuo para inutilizar componentes críticos del dron, como la propulsión o la batería, con un tiempo estimado de iluminación de unos 10 segundos para provocar un fallo estructural. La interceptación se realiza sin munición, con firma acústica reducida y con un riesgo limitado de daños colaterales, una característica que refuerza su utilidad en entornos urbanos o industriales.
La detección y el seguimiento dependen de un sistema electroóptico basado en visión, capaz de fijar objetivos a alrededor de 1,4 kilómetros y mantener una precisión de 3 segundos de arco. La ausencia de radar incorporado apunta a una arquitectura apoyada en línea de visión y en la recepción de datos externos para ampliar la cobertura y alimentar el enfrentamiento final.
Su envolvente de tiro alcanza un azimut de -175° a +175° y una elevación de -15° a +50°, lo que mejora la respuesta frente a amenazas a baja cota o en picado. La autonomía operativa se sitúa en torno a 30 minutos por las limitaciones de batería, mientras que el sistema está preparado para funcionar entre -20 °C y +50 °C.
La maqueta presentada en Kuala Lumpur mostraba el arma integrada sobre una plataforma comparable a la Changan Hunter 2025, una camioneta de más de dos toneladas disponible con motorizaciones diésel o eléctricas de autonomía extendida de hasta 200 kW. Con una longitud cercana a 5,6 metros y una distancia entre ejes próxima a 3,4 metros, el vehículo ofrece espacio para la torreta láser, la esfera electroóptica, el módulo de potencia, el sistema de refrigeración y la electrónica de control. La cabina mantiene cinco plazas, lo que preserva capacidad de transporte de personal junto al equipo de misión.
El diseño también fue ilustrado sobre vehículos como la Ford F-150, una señal de compatibilidad con plataformas internacionales ya extendidas en distintas flotas. Esa decisión reduce la necesidad de modificaciones mayores y refuerza el atractivo del sistema para exportación.
En el plano operativo, el NI-L3K está concebido como la capa terminal dentro de una defensa antiaérea por niveles. Su cometido es destruir amenazas que hayan superado las capas exteriores de detección, guerra electrónica e interceptación. En ese esquema, radares o sensores de radiofrecuencia localizarían los blancos a mayor distancia, mientras el láser asumiría el enfrentamiento final cerca del activo protegido.
La ausencia de proyectiles elimina el reabastecimiento de munición y reduce la carga logística. El costo por disparo queda limitado al consumo eléctrico y se estima entre 1 y 10 dólares, una diferencia marcada frente a los interceptores misilísticos, cuyo empleo puede superar decenas de miles de dólares por blanco. Esa relación costo-intercambio es uno de los argumentos centrales del sistema ante escenarios con grandes cantidades de drones baratos.
El arma, sin embargo, arrastra limitaciones propias de su nivel de potencia. Los 3 kW la restringen a UAV pequeños y le dejan una capacidad reducida frente a aparatos mayores o endurecidos. La necesidad de mantener el haz durante unos 10 segundos también disminuye la tasa de enfrentamiento y complica la respuesta simultánea contra múltiples objetivos.
Las condiciones ambientales añaden otra restricción. El polvo, la humedad y el humo degradan la coherencia del haz y reducen el alcance efectivo. A eso se suma el desafío de la gestión térmica: el funcionamiento continuo genera calor que debe disiparse para conservar la calidad del láser. Una refrigeración insuficiente produce thermal blooming y reduce la eficacia del sistema.
Novasky sitúa el NI-L3K dentro de una familia china más amplia de armas de energía dirigida que incluye al LY-1, el LW-30 y el Silent Hunter. En esa cartera, los sistemas de 1 a 10 kW quedan reservados para defensa cercana contra drones; los de 30 a 100 kW, como el LW-30, el OW5-A50 y variantes del Silent Hunter, amplían distancia y tipo de blancos sin perder movilidad; y los superiores a 100 kW, como el LY-1, están orientados a defensa antiaérea y usos navales, incluida la posible interceptación de misiles de crucero.
La oferta exterior china se ha concentrado sobre todo en equipos de potencia media, pero el NI-L3K encaja en una estrategia de despliegue escalable según misión y presupuesto. El peso del conjunto, estimado entre 400 y 600 kilos, facilita su integración en vehículos ligeros, aunque también limita el margen para aumentar potencia sin comprometer la plataforma.
El desarrollo de este tipo de sistemas se apoya en la base industrial china del láser. El país concentra más del 35 % de la producción mundial de láseres de fibra y fabrica la mayoría de los componentes empleados en sistemas por debajo de 100 kW. También controla entre el 85 % y el 90 % de la capacidad global de procesamiento de tierras raras, entre ellas neodimio e iterbio, materiales clave para medios activos láser.
Para 2025, la producción industrial china de láseres ya alcanzaba decenas de miles de unidades al año, con equipos comerciales de 20 a 40 kW empleados en corte y soldadura, una base tecnológica transferible al sector militar. Las políticas de integración civil-militar acortan los plazos de desarrollo y, junto con las cadenas nacionales de suministro y las economías de escala, permiten estimar ventajas de costos de entre 30 % y 40 % frente a equivalentes occidentales.
Ese esquema industrial sostiene una política de exportación centrada en sistemas con menor costo de ciclo de vida, mantenimiento más simple y adaptación rápida a vehículos ya en servicio. Con esa combinación de movilidad, modularidad y precio, China busca colocar el NI-L3K como una opción de corto alcance para la defensa final contra drones en mercados extranjeros.