La Fuerza Aérea de Estados Unidos realizó en la base aérea de Tyndall, Florida, una demostración de nuevas capacidades cinéticas contra pequeños sistemas aéreos no tripulados, como parte de sus esfuerzos para reforzar la defensa inmediata de instalaciones militares.
La exhibición estuvo a cargo del 325.º Escuadrón de Fuerzas de Seguridad y se llevó a cabo el 3 de junio ante el general de división Thomas P. Sherman, comandante del Centro de Apoyo a Instalaciones y Misiones de la Fuerza Aérea.
La Fuerza Aérea busca entrenar a unos 210 aviadores para detectar y neutralizar drones de baja altitud mediante armas portátiles, integrando escopetas y fusiles M4A1 con sistemas de control de fuego.
El programa apunta a preparar al personal de seguridad de base para responder a amenazas que puedan afectar aeronaves, depósitos de combustible, municiones, comunicaciones, personal u otras infraestructuras críticas dentro de una instalación militar.
La capacidad presentada combina dos soluciones distintas. La primera es la escopeta Remington M870, empleada como arma de corto alcance contra drones pequeños. La segunda es una carabina M4A1 equipada con el sistema de control de fuego SMASH 2000, desarrollado por la empresa israelí Smart Shooter.
Escopetas y sistemas SMASH 2000 contra drones de baja altitud
El uso de escopetas contra drones ha ganado atención por la experiencia reciente en Ucrania, donde se han empleado contra cuadricópteros de reconocimiento y drones de ataque con visión en primera persona. Su utilidad reside en ofrecer una respuesta de bajo coste frente a objetivos pequeños que pueden ser baratos, pero capaces de amenazar equipos militares mucho más valiosos.
El SMASH 2000 añade una capa de precisión a las armas individuales. El sistema electroóptico asiste al tirador mediante seguimiento del blanco, cálculo balístico y control informatizado del disparo, lo que permite mejorar la probabilidad de impacto contra objetivos aéreos pequeños y móviles.
Durante los ejercicios, el operador fija el dron y mantiene presión sobre el gatillo. El sistema calcula la solución de tiro y libera el disparo cuando estima que la probabilidad de impacto es mayor, reduciendo la carga técnica sobre el tirador en un enfrentamiento de reacción rápida.
La Fuerza Aérea busca trasladar estas capacidades al personal de seguridad de base, sin depender únicamente de unidades especializadas de defensa antiaérea. La idea operativa es que cada patrulla pueda actuar como parte de una red distribuida de defensa contra drones dentro de la instalación.
Tyndall refuerza la defensa de bases ante amenazas con UAV
Los aviadores que participen en el programa ya deberán estar cualificados en el uso de la M870 y la M4A1 antes de recibir instrucción específica contra objetivos aéreos. El adiestramiento se centrará en enfrentamientos contra drones en condiciones operativas realistas.
El entrenamiento se desarrollará bajo el marco legal del Título 10, Sección 130i del Código de Estados Unidos, que autoriza a instalaciones militares a mitigar amenazas de aeronaves no tripuladas cuando representen un riesgo para la seguridad de la base.
La iniciativa responde a una amenaza que se ha vuelto habitual en conflictos recientes. En Ucrania se emplean drones para vigilancia, ataque, adquisición de objetivos y guerra electrónica. En Oriente Medio, grupos respaldados por Irán han usado drones de ataque unidireccional contra instalaciones militares e infraestructuras estratégicas.
Para bases que concentran cazas F-35A, combustible, municiones y redes de mando, incluso un dron de bajo coste puede generar efectos desproporcionados. Tyndall funciona así como un caso de adaptación táctica: reforzar la defensa de bases aéreas con armas ya conocidas por el personal de seguridad, pero integradas en procedimientos específicos contra drones pequeños y de baja altura.