La Marina de Estados Unidos proyecta una ampliación sustancial de su flota durante los próximos años, con una fuerza total de 450 buques tripulados y sistemas autónomos para el año fiscal 2031, según el Plan de Construcción Naval de mayo de 2026 citado en el texto. La expansión responde a la necesidad de sostener operaciones de alta intensidad en el Indo-Pacífico ante el crecimiento de la Armada china y el riesgo de una crisis militar en torno a Taiwán.
De acuerdo con las proyecciones incluidas en el plan, la Fuerza Naval Total pasaría de 395 unidades en el año fiscal 2027 a 450 en 2031. Esa cifra incluiría unos 299 buques de guerra de la fuerza de combate, 68 buques auxiliares y 83 sistemas marítimos no tripulados. La inclusión formal de plataformas autónomas en la estructura de fuerza a largo plazo muestra un cambio en la forma en que la Marina estadounidense calcula su capacidad operativa futura.
El objetivo no es solo aumentar el número de buques, sino modificar la composición de la flota. La planificación combina portaaviones, submarinos de ataque, destructores, fragatas, buques anfibios, unidades logísticas y sistemas no tripulados de superficie y submarinos. La prioridad es distribuir sensores, misiles y capacidades de mando en una red más amplia, menos dependiente de un número reducido de plataformas de alto valor.
El plan se apoya en una inversión de gran escala. Para el año fiscal 2027 se solicita financiación para 34 buques tripulados y cinco no tripulados. En el conjunto del Programa de Defensa de los Años Futuros se prevé la adquisición de 122 buques y 63 sistemas autónomos. El gasto proyectado en construcción naval de la fuerza de combate entre los años fiscales 2027 y 2031 supera los $305.000 millones, sin contar inversiones adicionales en logística, astilleros, infraestructura industrial y fuerza laboral.
La principal prioridad de adquisición sigue siendo el programa de submarinos de misiles balísticos de la clase Columbia, destinado a reemplazar a los submarinos Ohio y mantener la disuasión nuclear marítima estadounidense. El plan asigna más de $62.000 millones para la compra de cinco unidades de esta clase durante el periodo FY2027-FY2031.
La Marina también prevé sostener la producción de submarinos de ataque de la clase Virginia, con casi $63.000 millones destinados a la adquisición de 10 unidades. Algunas de estas serían variantes del Bloque V con Módulo de Carga Útil Virginia, diseñado para aumentar la cantidad de misiles de crucero Tomahawk y permitir la integración de futuras armas de ataque de mayor alcance. En un escenario de conflicto en el Pacífico, estos submarinos tendrían funciones de inteligencia, guerra antisubmarina, ataque de precisión y negación marítima en zonas defendidas por China.
La guerra de superficie ocupa otro tramo central del plan. La Marina mantendría la adquisición de destructores Arleigh Burke mientras avanza hacia el futuro DDG(X), concebido para incorporar radares, guerra electrónica y defensas antimisiles de nueva generación. Estos buques estarían destinados a proteger grupos de ataque de portaaviones frente a misiles balísticos, armas hipersónicas, drones y ataques de saturación.
El texto original también menciona un futuro “acorazado de propulsión nuclear” identificado como BBGN. Dado que esa formulación resulta inusual dentro de la nomenclatura naval moderna y aparece presentada como un concepto prospectivo, conviene tratarla con cautela. Según el planteamiento citado, el buque buscaría aportar gran capacidad de carga útil, generación eléctrica ampliada, misiles de largo alcance, armas hipersónicas y sistemas de energía dirigida. No obstante, la nota debe presentarlo como una propuesta o concepto dentro del plan, no como una plataforma ya consolidada.
Las fragatas de la clase Constellation completarían la parte menos costosa de la flota de superficie. Su función sería reforzar la guerra antisubmarina, la protección de convoyes, la interdicción marítima y las operaciones distribuidas. Estas unidades también servirían como nodos para integrar sistemas no tripulados en áreas amplias del Indo-Pacífico.
Uno de los cambios más importantes del plan es el aumento de plataformas autónomas. La Marina prevé incorporar buques de superficie medianos no tripulados y vehículos submarinos no tripulados extragrandes. Estas plataformas podrían emplearse en reconocimiento, guerra electrónica, apoyo a la localización de objetivos, inteligencia, señuelos y, eventualmente, lanzamiento de armas. La lógica operativa es dispersar la capacidad de combate para reducir la vulnerabilidad de las fuerzas tripuladas ante misiles, drones y sensores enemigos.
El componente logístico también recibe mayor atención. Una guerra prolongada en el Pacífico exigiría combustible, municiones, transporte y mantenimiento a grandes distancias. Por esa razón, el plan incluye petroleros de flota, buques de transporte estratégico, buques de vigilancia y unidades de apoyo expedicionario. Sin esa red logística, el aumento de combatientes tendría valor limitado en una campaña extendida.
La dimensión anfibia aparece vinculada a la reestructuración del Cuerpo de Marines para operaciones distribuidas en islas y litorales. La hoja de ruta contempla buques de asalto anfibio de la clase America, muelles de transporte anfibio de la clase San Antonio y Buques de Desembarco Medios, pensados para mover fuerzas en zonas costeras del Indo-Pacífico.
El plan también reconoce un problema industrial. China produce buques de guerra a un ritmo que los astilleros occidentales no igualan, mientras Estados Unidos necesita ampliar su base de construcción y mantenimiento naval. La Marina busca elevar la construcción distribuida de buques desde aproximadamente el 10 % actual hasta cerca del 50 % en los próximos años, además de invertir en fabricación asistida por inteligencia artificial y programas de formación de personal.
La expansión prevista intenta corregir una brecha de masa naval, resistencia industrial y capacidad de combate distribuida. Si se ejecuta, la flota estadounidense de comienzos de la década de 2030 combinaría buques tripulados, submarinos nucleares, destructores, fragatas, buques logísticos y plataformas autónomas en una estructura diseñada para sostener operaciones prolongadas contra un adversario estatal de primer nivel en el Pacífico.