La Fuerza Aérea distribuye el apoyo aéreo cercano entre cazas multirrol, aeronaves persistentes y plataformas especiales según la amenaza y la misión.
El A-10 combinó blindaje, persistencia y ataque preciso cerca del frente
Reemplazar al A-10 Thunderbolt II no consiste en encontrar otro avión que vuele despacio, lleve un cañón pesado y permanezca cerca de las tropas terrestres. La misión que determinó su diseño es el apoyo aéreo cercano, definido como la acción aérea contra objetivos próximos a fuerzas amigas que exige integrar cada ataque con el fuego y el movimiento de esas fuerzas. Esa función depende de comunicaciones, control terminal, identificación del blanco, persistencia y empleo preciso de las armas.
El A-10 concentró esas condiciones en una plataforma especializada, pero la evolución de las defensas antiaéreas ha cambiado el problema de supervivencia. La protección frente a fuego de pequeño calibre ya no basta cuando el avión debe operar dentro del alcance de radares, misiles tierra-aire y redes modernas de sensores. Su configuración original favorecía el vuelo a baja velocidad y baja altura, la permanencia prolongada sobre el área de combate y el ataque contra fuerzas mecanizadas.
Dos turbofanes General Electric TF34 separados entre sí reducían la dependencia de un único motor. El piloto y partes del sistema de control estaban protegidos por blindaje de titanio, mientras la estructura incorporaba redundancias destinadas a conservar el control después de recibir daños. Su operación desde pistas relativamente austeras permitía acercar la aviación de ataque al frente. El avión podía transportar hasta £16 000 de armamento externo y combinar bombas, cohetes, misiles AGM-65 Maverick y el cañón GAU-8/A de 30 mm.

El A-10C amplió esa base con navegación y ataque de precisión, municiones guiadas por GPS y láser, mejores comunicaciones y sistemas compatibles con operaciones nocturnas. Puede combinar el ataque con cañón a distancias relativamente cortas con armamento guiado empleado desde mayor altura. Su utilidad no depende exclusivamente de pasadas rasantes. La persistencia, la visibilidad desde la cabina, el trabajo directo con controladores terrestres y una comunidad especializada en apoyo aéreo cercano tienen un peso comparable al del GAU-8.
Elementos técnicos que definieron al A-10 como plataforma especializada
- Dos motores General Electric TF34 separados reducían la dependencia de un único propulsor.
- El blindaje de titanio protegía al piloto y partes del sistema de control.
- Podía transportar hasta £16 000 de armamento externo.
- El GAU-8/A de 30 mm alcanza una cadencia de 3.900 disparos por minuto.
- El A-10C añadió municiones guiadas por GPS y láser y mejores comunicaciones.
El F-35A sustituye funciones del A-10 con una lógica de combate distinta
El F-35A Lightning II es el candidato más evidente porque la propia Fuerza Aérea lo definió como parte del reemplazo de sus flotas de F-16 y A-10. Sin embargo, sustituye funciones de combate sin reproducir la arquitectura del Thunderbolt II. Utiliza baja observabilidad, sensores integrados, fusión de información, enlaces de datos y el sistema electroóptico EOTS para localizar e identificar blancos y emplear armamento de precisión con menor dependencia de exposiciones prolongadas dentro del alcance enemigo.
Su forma de sobrevivir consiste principalmente en reducir la probabilidad de detección y mejorar el conocimiento de la situación antes de entrar en el alcance efectivo de una amenaza. El A-10 acepta una exposición mayor y añade blindaje, redundancia y tolerancia al daño para soportarla. Esa diferencia también aparece en el armamento interno. El F-35A posee un GAU-22/A de 25 mm integrado en el fuselaje, pero transporta 181 proyectiles y no está dimensionado para reproducir el volumen de fuego del GAU-8.

El A-10 fue construido alrededor de un sistema de 30 mm cuya instalación, munición y estructura condicionaron directamente la geometría del avión. Eso no impide que el F-35A ejecute apoyo aéreo cercano. Significa que lo realiza mediante una combinación distinta de sensores, municiones guiadas y supervivencia frente a amenazas. Los F-16 y F-15 también han cumplido esa misión en operaciones reales, y la Fuerza Aérea nunca la restringió al Thunderbolt II.
La transición realizada en Corea muestra ese cambio. La retirada de los A-10 del 25th Fighter Squadron estuvo acompañada por mejoras de los F-16 y una mayor integración con F-35 y F-15EX. En lugar de entregar a otra unidad un avión con las mismas características del Thunderbolt II, la Fuerza Aérea amplió el empleo de plataformas capaces de realizar ataque terrestre, defensa antiaérea y otras misiones dentro de la misma estructura. La especialización del A-10 deja así parte de su espacio a cazas multirrol.
OA-1K, MQ-9 y AC-130J absorben otras partes de la misión del A-10
Otra categoría conserva algunas características asociadas tradicionalmente al A-10. El OA-1K Skyraider II entró en Air Force Special Operations Command en 2025 para apoyo aéreo cercano, ataque de precisión y reconocimiento, vigilancia e inteligencia armados. Es un avión tripulado de hélice con un paquete logístico reducido y menores exigencias de mantenimiento que otras plataformas de operaciones especiales. En mayo de 2026, AFSOC también mostró que podía desmontarse parcialmente para transportarlo por vía aérea y volver a ensamblarlo después del despliegue.

Estas cualidades favorecen operaciones expedicionarias y persistentes, pero el OA-1K pertenece al ámbito de las fuerzas de operaciones especiales y no ha sido establecido como sustituto general de las unidades A-10. El MQ-9 Reaper ocupa otro segmento. Su larga permanencia, sensores electroópticos e infrarrojos, comunicaciones y armamento de precisión permiten vigilancia, ataque contra blancos dinámicos, apoyo aéreo cercano y cobertura de fuerzas terrestres sin exponer una tripulación dentro del avión durante la misión.
El AC-130J Ghostrider cubre una necesidad diferente. Proporciona fuego directo persistente mediante cañones de 30 y 105 mm, sensores electroópticos y municiones guiadas, con especial utilidad para fuerzas de operaciones especiales. Ninguna de estas aeronaves reproduce por sí sola la combinación de velocidad, protección, carga, maniobrabilidad y tolerancia al daño del A-10. Cada una absorbe una parte del conjunto de misiones que antes podía concentrarse con mayor facilidad en una plataforma especializada.
Las defensas modernas cambian cuándo puede emplearse cada aeronave
La división de funciones responde a una modificación más amplia del entorno operativo. Una aeronave lenta y no furtiva puede permanecer durante mucho tiempo sobre fuerzas amigas cuando las defensas antiaéreas enemigas han sido suprimidas o son limitadas. Esa misma permanencia aumenta su exposición cuando existen sensores distribuidos y sistemas tierra-aire de mayor alcance. En esas condiciones, el apoyo cercano requiere primero suficiente libertad de acción mediante superioridad aérea, guerra electrónica, supresión de defensas y ataques de precisión.
Después pueden intervenir las plataformas adecuadas para la amenaza existente. Por eso la modernización estadounidense favorece aviones como el F-35A para escenarios de mayor amenaza, mientras conserva sistemas persistentes como el MQ-9, el AC-130J y el OA-1K para condiciones distintas. La distribución no intenta reproducir en cada aeronave la configuración del Thunderbolt II, sino asignar partes de su misión a sistemas cuya supervivencia, persistencia, armamento y coste operativo responden a situaciones diferentes.

El A-10 tampoco ha desaparecido todavía de la estructura operativa. Davis-Monthan efectuó su último vuelo con el modelo el 29 de julio de 2026 y terminó su misión de mantenimiento de motores, pero Moody Air Force Base mantenía A-10C operativos en septiembre de 2026. El 23rd Fighter Group seguía empleando dos escuadrones de A-10 y su organización de mantenimiento continuaba preparada para generar aeronaves de combate.
La solicitud presupuestaria para el año fiscal 2027 proyecta una reducción adicional del inventario hasta 35 A-10 al término de ese ejercicio. La configuración observable no conduce a un nuevo avión dedicado que herede íntegramente el puesto del Warthog. El apoyo aéreo cercano pasa a una combinación de F-35A y otros cazas multirrol para escenarios de mayor amenaza, junto con OA-1K, MQ-9 y AC-130J para misiones donde la persistencia, el coste operativo y el fuego directo reciben una prioridad diferente.










