La Fuerza Aérea de Estados Unidos adjudicó a Thomas Instrument un contrato por hasta $23 500 000 para reacondicionar los sensores del freno de asimetría de los flaps del B-1B Lancer hasta septiembre de 2031. El objetivo es sostener la seguridad de vuelo y la disponibilidad de la flota durante la transición hacia el B-21 Raider.
El trabajo se realizará en Brookshire, Texas, bajo un contrato de entrega y cantidad indefinidas. La cifra de $23 526 065 corresponde al valor máximo previsto y no a un desembolso inmediato, ya que no se asignaron fondos en el momento de la adjudicación.
Los sensores forman parte del sistema que detecta diferencias anormales en el movimiento de los flaps entre ambas alas. Si aparece una asimetría, el freno asociado limita o detiene el movimiento para evitar una configuración que pueda comprometer el control de la aeronave durante fases como el despegue y el aterrizaje.
El sistema opera de forma separada al mecanismo de geometría variable del ala. El B-1B puede extender sus alas hasta una envergadura de 41,8 metros o reducirla a 24,1 metros con un barrido pronunciado hacia atrás, pero los sensores incluidos en el contrato corresponden específicamente al sistema de protección de los flaps.
Un contrato para sostener una flota envejecida

La Fuerza Aérea mantiene 44 B-1B en la fuerza activa y otros dos aviones de prueba. En una flota de ese tamaño, la falta de repuestos o la indisponibilidad de componentes especializados puede retirar temporalmente aeronaves de misiones, entrenamiento o despliegues.
El contrato no añade una nueva capacidad de combate al bombardero. Su función es recuperar componentes existentes, devolverlos al servicio y evitar que una pieza del sistema de control de vuelo se convierta en una causa recurrente de indisponibilidad.
La necesidad de sostener estos componentes adquiere mayor importancia por la edad del B-1B, que alcanzó su capacidad operativa inicial en 1986. La desaparición de líneas de producción y la reducción del número de proveedores capaces de reparar determinadas piezas complican el mantenimiento de aeronaves con varias décadas de servicio.
El B-1B seguirá cubriendo misiones convencionales

El B-1B conserva un papel de ataque convencional de largo alcance y puede transportar hasta £75 000 de armamento, unas 34 toneladas métricas. Entre sus configuraciones se encuentran hasta 24 misiles AGM-158A JASSM o 24 bombas guiadas GBU-31 JDAM.
La aeronave también dispone de radar de apertura sintética, navegación inercial asistida por GPS y enlace de datos compatible con Link 16. Estas capacidades le permiten participar en operaciones coordinadas y mantener una elevada carga de armamento a largas distancias.
El B-21 Raider asumirá de forma progresiva parte de las misiones actualmente asignadas al B-1B y al B-2. Hasta que el nuevo bombardero alcance una presencia operativa suficiente, la Fuerza Aérea necesita conservar la disponibilidad de los B-1B que permanecen en servicio.
La refabricación de los sensores de asimetría de los flaps responde a esa necesidad. El contrato busca mantener operativa una función básica de seguridad y control de vuelo para sostener la capacidad de ataque convencional de largo alcance durante la transición al B-21.










