La Real Fuerza Aérea británica ha empleado durante el último año un sistema terrestre para interferir satélites de países adversarios que realizan tareas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento sobre infraestructura militar del Reino Unido. Entre los activos observados figuran medios vinculados con la disuasión nuclear continua en el mar.
Esos satélites pueden recurrir a imágenes de alta resolución, radar de apertura sintética y otros sensores para seguir movimientos de instalaciones y plataformas militares. La preocupación británica incluye la posibilidad de que un adversario obtenga información sobre los submarinos nucleares de la clase Vanguard de la Royal Navy, cuya localización comprometería la capacidad de segundo ataque del país.
La revelación coincide con la creación del Escuadrón de Efectos Espaciales No. III de la RAF, una unidad dedicada a interrumpir, degradar y negar amenazas hostiles en el espacio. No se ha precisado si ese escuadrón será responsable del sistema terrestre empleado contra satélites ISR adversarios.
El secretario de Defensa británico, Wes Streeting, afirmó durante la UK Space Power Conference que dos satélites rusos interceptaron comunicaciones de al menos una docena de satélites europeos desde la invasión rusa de Ucrania en 2022. También señaló que el nuevo escuadrón tendrá funciones ofensivas y defensivas destinadas a reforzar la disuasión y la resiliencia de las capacidades espaciales británicas.
El jefe del Estado Mayor del Aire, mariscal jefe del aire Sir Harv Smyth, situó el espacio como un componente integrado de la fuerza aérea moderna. Señaló que redes, navegación, orientación, mando y control dependen de capacidades espaciales y que esta dependencia alcanza a los elementos previstos para una fuerza aérea de sexta generación.
La RAF ha reflejado ese cambio en su propia estructura. Su cuartel general en RAF High Wycombe pasó a denominarse Comando Aéreo y Espacial. El plan británico de inversión en defensa para 2026 también contempla £9 000 000 000 en nuevas capacidades espaciales entre 2030 y 2035, además de 2.300 millones para comunicaciones por satélite, 880 millones para ISR y control espacial y 440 millones para nuevas tecnologías espaciales hasta 2030.
El Reino Unido mantiene una capacidad espacial militar soberana limitada. Su principal sistema propio de comunicaciones seguras es la serie Skynet 5, compuesta por cuatro satélites. Está previsto que esa arquitectura evolucione hacia Skynet 6A y hacia una combinación de sistemas británicos, aliados y comerciales. El país tampoco dispone en la actualidad de una capacidad nacional operativa de lanzamiento orbital.
La nueva estructura espacial de la RAF se ampliará con los escuadrones No. IV, V y VI. Entre las funciones previstas figuran tácticas y entrenamiento espacial y un radar avanzado para vigilancia del espacio profundo. A estas unidades se añadirá una función de Defensa Espacial dentro del Centro Integrado de Operaciones de defensa antiaérea, Espacial y Antimisiles, junto con los escuadrones ya dedicados a operaciones y alerta espacial.
El anuncio británico se produce después de que el secretario de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Troy Meink, declarara que su país había desplegado armas en órbita para proteger fuerzas estadounidenses frente a acciones hostiles. No identificó el sistema ni explicó cuánto tiempo llevaba desplegado. Un portavoz de la Fuerza Espacial estadounidense afirmó que su doctrina contempla medios cinéticos y no cinéticos para afectar capacidades adversarias.
China respondió a ese anuncio con una advertencia contra una carrera armamentista en el espacio. El país había destruido en 2007 el satélite FengYun-1C mediante un arma antisatélite SC-19, una prueba que generó un amplio campo de desechos orbitales. Rusia realizó otra prueba destructiva en 2021 contra el satélite Kosmos-1408 y produjo más de 1.500 fragmentos rastreables.
Estados Unidos también ha realizado pruebas antisatélite. Entre ellas figura la destrucción en 2008 de un satélite estadounidense que ya descendía de órbita mediante un misil SM-3 modificado lanzado desde el USS Lake Erie. El Reino Unido, por su parte, mantiene el compromiso de no efectuar pruebas destructivas de armas antisatélite por el riesgo que los residuos orbitales representan para otros satélites y vehículos espaciales.
El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 prohíbe colocar armas nucleares y otras armas de destrucción masiva en el espacio, pero no establece una prohibición equivalente para las armas convencionales. Ese marco permite que las potencias desarrollen capacidades militares espaciales de tipos distintos sin vulnerar esa prohibición específica.










