Un misil de fabricación china derribó el mes pasado un caza F-15E Strike Eagle estadounidense sobre Irán, según tres fuentes con conocimiento del asunto. El incidente quedó bajo investigación de las autoridades de Estados Unidos por tratarse del primer derribo de un caza estadounidense por fuego enemigo en décadas.
El derribo del F-15E estadounidense quedó vinculado a un misil de fabricación china y a posibles capacidades de detección entregadas a Irán, lo que agrava la tensión diplomática entre Washington y Pekín en plena guerra.
El caso adquirió mayor relevancia después de que una persona y un funcionario estadounidense señalaran que Pekín pudo haber proporcionado a Teherán un radar de alerta temprana de largo alcance YLC-8B durante los primeros días de la guerra. Ese sistema posee capacidad para rastrear aeronaves furtivas, un dato que aumenta la preocupación en Washington por el posible apoyo tecnológico chino a Irán.
Washington investiga el origen del misil y el posible suministro de radar a Irán
La identificación de armamento de procedencia china complica los vínculos entre Estados Unidos y China en un momento en que el presidente Donald Trump busca apoyo diplomático para terminar la guerra. La Casa Blanca remitió a declaraciones previas del mandatario, quien afirmó en Fox News que el presidente Xi Jinping le garantizó que no enviaría suministros militares a Irán.
Trump reforzó luego esa posición ante periodistas: “El presidente Xi me ha prometido que no enviará armas a Irán. Es una promesa maravillosa. Le tomo la palabra. Se lo agradezco”. La aparición de un misil chino en el derribo del F-15E coloca esa promesa bajo presión política y estratégica.
La embajada china rechazó las acusaciones en un comunicado. Un portavoz sostuvo que China actúa “con prudencia y responsabilidad” en la exportación de productos militares y que mantiene controles estrictos conforme a sus leyes de control de exportaciones y a sus obligaciones internacionales. También rechazó lo que calificó como difamaciones infundadas y asociaciones malintencionadas.
El contexto ya era delicado antes del derribo. La Administración Trump había sancionado a tres empresas chinas de satélites por proporcionar imágenes a Teherán para dirigir ataques contra tropas estadounidenses. Esa medida reflejó la preocupación de Washington por el uso de capacidades comerciales o de doble uso en apoyo de operaciones iraníes.
El derribo del F-15E y la búsqueda de sus dos tripulantes
Durante el incidente, Trump describió el proyectil como un arma portátil de defensa antiaérea, conocida como Manpads. Estos sistemas miden alrededor de 2,1 metros de largo y pesan cerca de 18 kilogramos, características que permiten su empleo por unidades móviles contra aeronaves a baja o media altitud.
El impacto obligó a los dos tripulantes del F-15E Strike Eagle a eyectarse sobre territorio iraní. El Pentágono informó que el piloto fue rescatado en menos de siete horas, mientras que el oficial de sistemas de armas permaneció oculto durante dos días en las estribaciones de los montes Zagros antes de ser localizado.
El derribo golpeó la imagen de invulnerabilidad asociada durante décadas al F-15 en combate aéreo y abrió interrogantes sobre la densidad, movilidad y origen de las defensas antiaéreas iraníes. También puso en foco el posible papel de sensores de alerta temprana capaces de ampliar la detección de aviones estadounidenses en un teatro de operaciones altamente disputado.
Rubio niega dependencia de China para resolver la crisis
El secretario de Estado, Marco Rubio, abordó el papel de Pekín durante su viaje a China y afirmó en NBC News que Trump no depende de Xi Jinping para desbloquear la crisis. Rubio sostuvo que Estados Unidos no será inmune a los precios mundiales del petróleo porque compra en el mercado internacional, aunque otros países pagan un costo mayor por la situación.
Rubio agregó que esos países también deben involucrarse, pero marcó distancia respecto a una dependencia diplomática de Pekín. “No estamos pidiendo la ayuda de China. No necesitamos su ayuda”, afirmó el secretario de Estado.
Informes de inteligencia previos ya habían indicado que Pekín planeaba enviar nuevos sistemas antiaéreos a Irán. Exfuncionarios de seguridad nacional consideraron que la filtración de esa información buscaba frustrar el traspaso antes de que modificara las condiciones del conflicto.
Un funcionario estadounidense afirmó que el apoyo chino previo y actual no alteró de manera decisiva el campo de batalla. “No fue un apoyo significativo. No tuvo un impacto operativo decisivo”, señaló, en una evaluación que intenta separar el valor político del episodio de sus efectos militares inmediatos.
La relación militar entre China e Irán cambió después del embargo de Naciones Unidas de 2006. Pekín redujo las ventas directas de armas que habían marcado las décadas de 1980 y 1990, pero mantuvo canales vinculados a componentes de doble uso, una categoría que puede tener aplicaciones civiles y militares. En ese marco, el caso del F-15E vuelve a colocar bajo escrutinio el alcance real de la cooperación tecnológica entre ambos países.