La posibilidad de que un atentado contra un avión se origine entre las personas autorizadas a trabajar en él preocupa a Meir Ben-Shabbat, exasesor de Seguridad Nacional de Israel y actual director del Instituto Misgav para la Seguridad Nacional. Tras el intento de ataque investigado en un vuelo de Flydubai con destino a Israel, advirtió que las medidas de protección deben contemplar amenazas procedentes del propio personal de aviación, no solo de los pasajeros.
Un piloto, un técnico de mantenimiento o cualquier empleado con acceso legítimo a una aeronave puede representar un desafío de seguridad especialmente difícil, explicó Ben-Shabbat. A esa dificultad añadió la identificación de personas que se radicalizan por cuenta propia, sin una relación que facilite su detección previa.
Para reducir esos riesgos, propuso aumentar el intercambio de inteligencia entre países, revisar los procedimientos de selección y evaluación de confiabilidad de los empleados del sector aéreo, fortalecer las labores de inteligencia e intensificar la supervisión. Aclaró que ninguna de estas medidas eliminaría por completo el peligro, pero consideró necesario aplicarlas sin demora ante la posibilidad de ataques que imiten el intento investigado.
Ben-Shabbat valoró la cooperación que, a su juicio, caracteriza la investigación del incidente de Flydubai. También sostuvo que Emiratos Árabes Unidos tiene interés en identificar a los responsables y reconstruir la forma en que se produjo el intento, pues esa información permitiría reconocer las fallas de seguridad que lo hicieron posible.
Al explicar el alcance del problema, estableció una comparación con los atentados del 11 de septiembre y recordó la destrucción de un avión ruso de Metrojet sobre el Sinaí egipcio en 2015, con 224 personas muertas. En aquel caso, los investigadores sospecharon que alguien que trabajaba en el aeropuerto había colaborado en la colocación del explosivo.
El exasesor también abordó los riesgos que plantea Irán durante los próximos períodos electorales de Israel y Estados Unidos. Consideró que Teherán, ante una situación difícil, podría interpretar esos procesos como oportunidades para actuar directamente o alentar acciones de organizaciones vinculadas a él.
En ese contexto, rechazó que las operaciones israelíes contra Hezbolá y Hamás se detengan o pierdan intensidad por la campaña electoral. Defendió su continuidad sin esperar a que concluyan los comicios ni a que se forme un gobierno, un proceso cuya duración es incierta.
Respecto de Gaza, Ben-Shabbat alertó sobre el riesgo de nuevos secuestros por parte de Hamás u otras organizaciones de la Franja. En su análisis, la presión de las operaciones israelíes mantiene a los dirigentes y miembros de Hamás bajo amenaza y dificulta la estabilidad de la organización. Sostuvo además que Hamás no ha conseguido ejercer suficiente presión internacional para restringir esas operaciones y que, por ese motivo, podría recurrir a secuestros, una táctica que considera eficaz por experiencias anteriores.
Como respuesta, pidió reforzar las medidas preventivas y mantener las operaciones contra las estructuras de Hamás en toda la Franja de Gaza. Su planteamiento es que una presión constante obligaría a sus integrantes a cambiar de lugar, permanecer ocultos y concentrar sus esfuerzos en sobrevivir.










