El Templo Beth-El de Great Neck, en Nueva York, busca una institución que conserve “La llama blanca de los seis millones”, el monumento al Holocausto que Louise Nevelson creó para su santuario. La escultura, que durante más de medio siglo sirvió también como bimá y albergó el arca de la Torá, será desmontada y permanecerá almacenada hasta que tenga un nuevo destino. La congregación quiere donarla a un museo para su instalación permanente.
El cambio se produce después de que Beth-El vendiera su propiedad a Yeshivat Kol Yaakov, una institución educativa ortodoxa de tradición iraní y sefardí. La comunidad reformista, que llegó a tener unas 1.500 familias y una lista de espera para nuevos miembros, cuenta ahora con alrededor de 400. Beth-El continúa sus actividades en la capilla original, que alquila a la yeshivá. La composición de la población judía de Great Neck ha cambiado y la congregación ya no ocupa el lugar que tenía décadas atrás.
La separación de la obra comenzó en septiembre. Tras Neilá, las plegarias finales de Yom Kipur, los rollos de la Torá fueron retirados del arca integrada en la escultura. La pieza dejó de estar consagrada y la congregación organizó el 1 de octubre una ceremonia de despedida, en la que participaron miembros de larga trayectoria, representantes de museos y descendientes de la artista.
Entre los asistentes estuvo Maria Nevelson, nieta de Louise y fundadora de la Fundación Louise Nevelson. Llevaba una reproducción de plata de un collar diseñado por su abuela. Explicó que una parte de su trabajo consiste en cuidar la información y el legado que recibirán las próximas generaciones. También expresó su deseo de que el museo que reciba la escultura reconozca siempre el papel de Beth-El en su creación. A su juicio, su abuela habría aprobado que la pieza iniciara una nueva etapa.
Acudieron asimismo curadores del Museo Judío de Nueva York y del Museo de Arte de Carolina del Norte, en Raleigh. Ambas instituciones poseen importantes colecciones de arte judaico y han manifestado interés en la escultura. Ann Freedman, de FreedmanArt, tiene un contrato exclusivo para buscarle un nuevo emplazamiento y reúne fondos con el propósito de facilitar su donación a un museo.
Para los congregantes, la despedida reunió recuerdos familiares y religiosos. La obra aparecía en fotografías de bodas y ceremonias de b’nai mitzvá, y formaba parte de los servicios habituales. Jordana Levine, presidenta de la junta de Beth-El, recordó durante el encuentro que distintas generaciones habían rezado ante el arca, celebrado acontecimientos y encontrado consuelo en el santuario. Subrayó que, para quienes han pertenecido a la comunidad durante años, su valor supera el artístico.
La historia de la escultura se remonta a 1970, cuando Wilfred Cohen, promotor inmobiliario y miembro de Beth-El, y su esposa Rose encargaron a Nevelson una bimá escultórica para el nuevo santuario. El espacio tenía capacidad para 1.900 personas y ampliaba las instalaciones de la capilla original de 250 asientos, construida en 1932. La artista diseñó también el ner tamid, la luz perpetua del recinto.
Nevelson conocía Great Neck desde la década de 1950, cuando impartía clases de escultura allí y estableció vínculos con su comunidad judía. Su obra para Beth-El mide 50 pies de largo y 11 pies de alto. Es el conjunto escultórico mural continuo más extenso que realizó y destaca por el blanco de su superficie, poco frecuente en una producción en la que predominaba el negro.

Roger Tillis conserva un recuerdo personal de la escultora. Sus padres intervinieron en la adquisición de la bimá y, cuando él tenía diez años, la invitaron a cenar en su casa. Tillis contó que conoció a Nevelson en la sala de estar y que ella llevaba una babushka, el pañuelo que cubría su cabeza. Recordó el encuentro como un momento emocionante.
Louise Nevelson nació en Ucrania en 1899 con el nombre de Leah Berliawsky. Su producción es conocida por los grandes ensamblajes monocromáticos de madera que combinaban objetos cotidianos y restos arquitectónicos. Trabajó también con metal, como en “Night Presence IV”, una escultura instalada en la zona de Park Avenue y la calle 92 de Nueva York. Su fundación señala que sus obras forman parte de más de 250 museos y espacios públicos de todo el mundo.
Beth-El no fue el único recinto religioso para el que trabajó. Nevelson creó una obra para el Templo Israel de Boston en 1973 y otra para la Capilla del Buen Pastor de la Iglesia Luterana de San Pedro, en Nueva York, en 1977. Cuando murió en 1988, The New York Times destacó su papel precursor en la escultura ambiental y la situó entre las artistas de mayor reconocimiento internacional.
No se conservan los documentos que permitirían conocer cuánto recibió Nevelson por el encargo. Existe, sin embargo, una referencia de mercado: en 2022, Sotheby’s vendió por $327 600 una maqueta de seis pies de longitud de “La llama blanca de los seis millones”. La congregación y Freedman buscan ahora que la obra principal salga de su almacenamiento futuro y encuentre una ubicación permanente accesible en un museo.

La elección del blanco influyó en las interpretaciones de quienes asistían al templo. Andy Aaron, miembro de Beth-El desde hace 50 años, veía figuras humanas en los recortes ondulados del conjunto. Los elementos pequeños de la zona inferior le parecían niños. Otros congregantes distinguían llamas o almas que ascendían. Durante los oficios, el desplazamiento de la luz solar sobre la superficie hacía que algunos compararan la obra con un reloj de sol.
La importancia histórica de Beth-El también se refleja en sus visitantes. Durante la década de 1960 figuró entre las sinagogas reformistas más destacadas de Estados Unidos y recibió a Martin Luther King Jr., Robert F. Kennedy y el gobernador Nelson Rockefeller. El pianista Peter Nero participó en la ceremonia de dedicación del nuevo santuario.










