Los Estados miembros devolvieron a Siria sus derechos de voto en el organismo mundial de vigilancia de las armas químicas, después de considerar que se había producido “un cambio significativo de las circunstancias” tras la caída del régimen de Assad.
Siria había perdido esos derechos en 2021 dentro de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, luego de que se determinara que sus fuerzas emplearon gas venenoso en varias ocasiones durante la guerra civil del país.
La decisión tuvo un alcance principalmente simbólico, pero supuso una señal política hacia Siria: las violaciones de la Convención sobre las Armas Químicas de 1997, que prohíbe cualquier uso de sustancias químicas en el campo de batalla, no serían aceptadas.
“Tras la caída del régimen de Assad, las nuevas autoridades sirias se comprometieron a cumplir las obligaciones de Siria en virtud de la Convención y desde entonces han adoptado medidas concretas”, afirmó la OPAQ.
Siria se comprometió a cooperar con la comunidad internacional para eliminar armas de destrucción masiva heredadas que representan un riesgo de proliferación.
En mayo, un funcionario sirio dijo a Reuters que el liderazgo transitorio del país había localizado restos del programa clandestino de armas químicas del expresidente Bashar al-Assad, entre ellos materias primas y municiones similares a las utilizadas para llevar a cabo ataques letales con gas durante la guerra civil siria.
Investigaciones sucesivas de Naciones Unidas y del Equipo de Investigación e Identificación especial de la OPAQ concluyeron que fuerzas del Gobierno sirio emplearon el agente nervioso sarín y bombas de barril con cloro en ataques que, según los investigadores, causaron miles de muertos o heridos.
En ese momento, Siria y Rusia, su aliado militar, negaron de forma reiterada el uso de armas químicas.
El Consejo Ejecutivo de la OPAQ señaló que continuará supervisando los avances de Siria y tomará las decisiones necesarias para eliminar las armas químicas restantes heredadas del antiguo régimen.
