Ocho días después de que cinco de las seis plantas desalinizadoras de Israel tuvieran que cerrar por una proliferación de algas marinas, las instalaciones de Ashkelon y Ashdod continúan fuera de servicio. Otras tres, Palmachim y Soreq A y B, siguen funcionando solo de manera parcial.
La planta de Hadera, situada más al norte de la costa mediterránea, no se ha visto afectada hasta ahora y continúa operando a plena capacidad.
La Autoridad del Agua y el Ministerio de Energía, Agua e Infraestructura señalaron en un comunicado conjunto que la estabilidad del sistema se mantiene y que el suministro para la población y el sector agrícola continúa con normalidad.
Según las autoridades, esto es posible gracias al agua producida por las plantas que siguen operativas, al bombeo adicional desde el mar de Galilea, a cientos de perforaciones en acuíferos de todo el país y a los reservorios que la empresa Mekorot volvió a llenar durante el fin de semana.
La Autoridad del Agua indicó que encargará una mayor reserva de membranas de ósmosis inversa para poder sustituirlas si las instaladas en las plantas afectadas sufren daños por materiales presentes en el mar.
Científicos de Israel Oceanographic and Limnological Research continúan tomando muestras de agua de mar para estudiar las proliferaciones de algas que amenazan esas membranas sensibles y que han sido rastreadas hasta el delta del Nilo.
La semana pasada, la Autoridad del Agua vertió desde el aire una mezcla de materiales, incluidas grandes cantidades de sulfato de cobre, a lo largo de nueve kilómetros de costa marina con el objetivo de destruir las algas.
La medida llevó al Ministerio de Salud a imponer una prohibición temporal de pesca, que continúa vigente.
El cierre simultáneo de cinco plantas no tiene precedentes y provocó una suspensión temporal del suministro de agua a agricultores del sur y a servicios municipales como el riego de jardines y parques.










