Cuatro bomberos seguían sin poder volver a trabajar casi un año después de exponerse a las emisiones de la batería dañada de un Tesla Model 3 en California. Un quinto afectado se recuperó en cuestión de días. Los cinco habían inhalado, sin protección respiratoria, un denso penacho blanco que salió del vehículo cuando el incendio inicial ya parecía controlado.
El accidente ocurrió en abril de 2025 en una zona residencial, después de que el automóvil chocara contra un árbol. El impacto dañó de forma severa el paquete de baterías y dispersó más de 400 celdas sobre la vía. Algunas produjeron sonidos de explosión y liberaron humo. Más tarde, la emergencia recibió la clasificación de incidente de materiales peligrosos de nivel 2.
El episodio que causó la exposición apareció durante la retirada del vehículo. Los bomberos ya habían recogido las celdas esparcidas y comenzaron a desmontar la zona de intervención. Cuando una grúa subió el Tesla accidentado, la parte restante del paquete de baterías entró en fuga térmica, un proceso fuera de control en el que la batería aumenta rápidamente de temperatura y sigue con la generación de calor.
Del automóvil salió entonces una nube blanca y espesa. En lugar de elevarse y dispersarse como el humo habitual, se desplazó cerca del suelo hasta alcanzar a varios bomberos. Para ese momento, ellos ya se habían quitado los equipos de respiración autónoma. La exposición duró desde unos pocos segundos hasta aproximadamente cinco minutos.
Los cinco bomberos que respiraron la nube sin protección presentaron síntomas en el propio lugar. Todos percibieron un sabor metálico en la boca. Algunos también sufrieron irritación de garganta y ojos, tos, mareos, náuseas y vómitos. Tres acudieron a urgencias esa misma noche y los otros dos lo hicieron al día siguiente.
En cuatro de ellos, los problemas aumentaron durante las semanas posteriores. Aparecieron falta de aire durante el esfuerzo, tos, fatiga y frecuencia cardiaca elevada. Más tarde desarrollaron hipertensión que requirió tratamiento farmacológico. Meses después de la exposición también comunicaron niebla mental, irritabilidad y cambios de ánimo.
La principal afectación se concentró en el aparato respiratorio. Los médicos diagnosticaron a esos cuatro bomberos una enfermedad reactiva de las vías respiratorias posterior a una lesión por inhalación. En uno de ellos, la saturación de oxígeno descendió al 86 % durante una caminata de 100 metros y necesitó oxígeno suplementario durante el esfuerzo.
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos, NIOSH, examinó el caso y advirtió que el número de afectados es demasiado pequeño para definir qué síntomas serían típicos en cualquier exposición a una batería de vehículo eléctrico. Tampoco fue posible determinar con precisión qué sustancias inhalaron los bomberos, porque no hubo mediciones en tiempo real durante el incidente.
El informe explica que la fuga térmica de una batería de iones de litio puede liberar una mezcla compleja de gases, metales, partículas y compuestos ácidos. A partir de este caso, NIOSH recomienda tratar un vehículo eléctrico accidentado como una posible fuente de peligro incluso después de que deje de arder.
La recomendación para los equipos de extinción es mantener los aparatos de respiración autónoma durante toda la manipulación y retirada de una batería dañada mientras exista la posibilidad de fuga térmica o emisión de gases. Esa precaución debe continuar aunque la emergencia parezca controlada.










