Las autoridades libanesas interceptaron este domingo un automóvil que transportaba media tonelada de explosivos. En el vehículo viajaban dos sospechosos pertenecientes a la organización terrorista Hezbolá. Uno de ellos es hijo de un alto cargo de la organización. Según las autoridades, el material incautado consistía en “250 kilogramos de explosivos TNT y 250 kilogramos de C4”, este último de gran poder destructivo.
El incidente ocurre mientras Líbano intenta, sin éxito, hacerse con el control total de las armas en el país. El vecino del norte de Israel sigue responsabilizando a Israel de su incapacidad, al tiempo que su programa piloto, ya puesto en marcha, registra un fracaso rotundo.
Últimamente, la atención en el Líbano se concentra en la salida de las fuerzas de la FPNUL del país. Después de casi 50 años, la fuerza de las Naciones Unidas concluirá su misión a finales de 2026, sin que llegue otra a reemplazarla. Líbano intenta convencer a la Unión Europea y a otros países de que envíen una fuerza alternativa, pero hasta ahora no se ha alcanzado ningún acuerdo al respecto.










