La Fiscalía del Distrito de Jerusalén presentó cargos contra Muhammad Shalbi, estudiante de farmacología de 22 años de la Universidad palestina Al Quds, en el Este de Jerusalén. Los investigadores sostienen que preparó ataques con explosivos y sustancias químicas para matar judíos y que, antes de ese proyecto, había considerado atentar contra agentes de seguridad cerca de una mezquita. El joven fue detenido el 30 de agosto.
En el Tribunal de Distrito de Jerusalén, Shalbi enfrenta una acusación por preparativos para cometer un asesinato con motivación terrorista, un delito que contempla una pena de 15 años de prisión. También se le imputa haber recibido entrenamiento con fines terroristas, conducta para la cual se prevé una pena de siete años.
Los fiscales sitúan el comienzo de su radicalización ideológica después del ataque encabezado por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023. La acusación describe un cambio en su práctica religiosa, su asistencia habitual a una mezquita del barrio de Beit Hanina y el consumo de materiales afines a Hamás y al Estado Islámico (ISIS). Con el tiempo, habría decidido actuar contra Israel y sus fuerzas de seguridad.
El primer objetivo que le atribuyen los investigadores eran los agentes que multaban vehículos estacionados junto a la mezquita durante las oraciones. A comienzos de 2025, Shalbi habría considerado colocar un explosivo para atacarlos. Durante unos dos meses siguió sus movimientos y descargó documentación sobre explosivos, pero abandonó aquel proyecto cuando los agentes dejaron de acudir al lugar.
La investigación sostiene que después preparó otro ataque vinculado a sus creencias sobre el “Día del Juicio”, en el que, a su juicio, Jerusalén sería conquistada. Durante el interrogatorio expresó que pretendía matar a “una tonelada de judíos”, de acuerdo con los fiscales. Esa preparación habría continuado hasta su arresto.
Hacia septiembre de 2025, Shalbi habría viajado dos veces a Ramala para adquirir instrumentos de medición y varias sustancias químicas. Entre los productos citados en la acusación figuran ácido clorhídrico, permanganato de potasio, clorato de potasio, sulfato de sodio e hidróxido de sodio. Algunos de esos materiales pueden intervenir en la producción de cloro gaseoso, una sustancia asfixiante utilizada como arma química.
El expediente también describe una prueba doméstica con materiales inflamables en la bañera y consultas sobre la posible elaboración de explosivos a partir de ácido acetilsalicílico, sustancia comercializada en farmacias como aspirina. Los fiscales atribuyen al acusado la descarga de decenas de documentos sobre armas químicas y explosivos desde un grupo de Telegram identificado con ISIS.
En un cuaderno habría copiado dos fórmulas de sustancias tóxicas que, según los documentos citados en la acusación, podían matar por contacto o ingestión, además de una relación de materiales potencialmente explosivos, algunos disponibles en farmacias. También habría eliminado los archivos descargados y su historial de búsquedas. La Fiscalía considera que lo hizo para ocultar sus actividades.










