Polonia ordenó el despegue urgente de cazas MiG-29 para interceptar un avión ruso de reconocimiento Il-20M que volaba sobre aguas internacionales del mar Báltico. En el transcurso de la operación, los pilotos lo identificaron visualmente y lo escoltaron mientras permanecía en la zona.
La información difundida sostiene que el Il-20M realizaba la misión sin plan de vuelo presentado y con el transpondedor apagado. Se trató, además, de la novena interceptación de este tipo registrada en lo que va de año.
El aparato, diseñado para tareas de inteligencia, integra un conjunto completo de sistemas de inteligencia de señales, de comunicaciones y de guerra electrónica. Con una matriz de sensores pasivos, puede recopilar datos sobre radares, enlaces de radio, movimientos navales y otras actividades de la OTAN sin necesidad de ingresar en el espacio aéreo de la alianza. A esa capacidad se suman radares de exploración lateral, ópticas de vigilancia de largo alcance y sensores infrarrojos, que amplían su radio de observación.
Estas plataformas suelen operar desde el enclave ruso de Kaliningrado —fronterizo con Polonia— o desde otros puntos del norte de Rusia, con el objetivo de ejecutar misiones cerca del territorio aliado. En sentido inverso, los países de la OTAN también han desplegado aeronaves de inteligencia electrónica para recopilar información en las proximidades del territorio ruso, incluidos cazas F-35 equipados con sensores pasivos avanzados, y lo han hecho a una escala mayor.

En ese marco, Varsovia prevé poner en servicio operativo, con dotación completa, un escuadrón de F-35 antes de 2030. La incorporación de esos aparatos apunta, según el enfoque oficial, a reforzar de manera decisiva sus capacidades de recopilación de inteligencia.
Mientras tanto, los MiG-29 polacos —considerados desde hace años obsoletos frente a variantes de “4+ generación” que aún operan en la Armada rusa y en fuerzas extranjeras como las de Argelia e India— han sido retirados de forma gradual a medida que la fuerza aérea recibe cazas ligeros surcoreanos FA-50. La salida de la flota ha reducido de forma significativa los costes operativos. Y aunque el FA-50 ofrece un rendimiento de vuelo más limitado y monta un radar más pequeño, la brecha tecnológica de alrededor de 30 años entre ambos modelos convierte la transición en una mejora importante para la aviación polaca.
Los MiG-29 retirados, por tandas, han sido entregados a la Fuerza Aérea de Ucrania como parte de la ayuda militar. En paralelo, Polonia ha pasado a ocupar un papel central en los esfuerzos de la OTAN por aumentar la presión militar sobre Rusia, tanto por adquisiciones de equipo terrestre a una escala inédita dentro de la alianza como por el despliegue de nuevos sistemas de artillería de cohetes en países vecinos de Rusia y en sus propias fronteras con Rusia y Bielorrusia durante ejercicios.
A ello se suma el envío de miles de contratistas a Ucrania para combatir a las fuerzas rusas en las líneas del frente, mientras el país estudia ajustes doctrinales orientados a ampliar de forma drástica sus fuerzas terrestres. En esa misma línea, desarrolla una doctrina de “defensa activa” con la que busca estar preparada para operar “a lo largo de toda la profundidad operativa del oponente” y para lanzar ataques sobre territorio ruso.

En febrero, el presidente polaco Karol Navrocki afirmó que Polonia debería empezar a desarrollar armas nucleares y precisó que un eventual arsenal nuclear estaría dirigido a Rusia. Sus declaraciones llegaron después de varias peticiones de funcionarios polacos para integrarse en un acuerdo de reparto nuclear con Estados Unidos.
En términos de plataforma, el MiG-29 es notablemente más ligero que el MiG-31, el Su-57 y el Su-27 —y sus derivados—, que en conjunto constituyen la columna vertebral de la flota rusa. También incorpora un radar más pequeño, puede transportar menos armamento y dispone de un alcance menor. Aunque el Su-27 y el MiG-29 fueron concebidos como una combinación alta-baja dentro de la aviación soviética, tras la desintegración de la Unión Soviética Rusia priorizó el primero, al considerar que sus ventajas de rendimiento compensaban los mayores costes de adquisición y mantenimiento.
Ya en 2025, informes de fuentes rusas indicaron que las Fuerzas Aeroespaciales Rusas podrían empezar a recibir cantidades significativas de cazas MiG-35 —una modernización profunda del MiG-29— como resultado de un aumento de la financiación destinada a la compra de aviones de combate. La magnitud de esas adquisiciones y el nivel de sofisticación de los subsistemas que serían financiados, sin embargo, todavía no están claros.
