Bar Kuperstein, rehén liberado del cautiverio de Hamás, aseguró que una difusión de imágenes de la base Sde Teiman derivó en una represalia brutal contra los secuestrados, con golpizas, amenazas y escenas de violencia que, según su testimonio a Israel Hayom, se prolongaron durante varios días.
De acuerdo con su relato, sus captores les informaron que en todo el mundo circulaba un video sobre el presunto maltrato a un prisionero de Hamás por parte de la unidad penitenciaria Force 100. Acto seguido, les advirtieron: “Ahora ustedes sufrirán”, y comenzaron a golpearlos. Además, los rehenes fueron forzados a mirar imágenes de prisioneros agredidos.
“No podíamos entender cómo podían publicarse videos que nos perjudican”, recordó Kuperstein. “Fue un período horrible. Nos golpeaban hasta quedar exhaustos y luego decían: ‘Volveremos mañana’. Pasábamos las noches sin poder dormir por miedo. Esto duró días”.
El exrehén contó que, tras cerca de una semana de abusos, él y los demás cautivos vieron luces a la distancia y empezaron a rezar, entre otras plegarias “Shemá Israel” y “Shir LaMa’alot”, convencidos de que podía ocurrir lo peor. En ese momento, dijo, él y Yosef Haim Ohana fueron separados del grupo, encapuchados y obligados a callar.
“Piensas para tus adentros que, después de una semana de palizas, esto es el final. Nos van a ejecutar y nadie lo sabrá jamás”, afirmó.
Según Kuperstein, al entrar en una habitación comenzó una nueva agresión. Él y Ohana recibieron golpes en la cara, fueron lanzados al suelo, pateados, arrastrados y atacados de manera continua. Sus captores les ataron las piernas a barras de hierro y les dijeron que los harían “sentir en sus propios cuerpos” lo que, según ellos, se les había hecho a sus propios prisioneros.
Kuperstein relató que escuchó los gritos de Ohana antes de que la golpiza se centrara en él. Dijo que recibió impactos reiterados en las piernas con objetos que parecían metálicos, hasta perder el conocimiento. Como consecuencia, sufrió fracturas en los dedos de los pies.
Después, añadió, ambos fueron obligados a regresar por un túnel hasta el lugar donde permanecían los otros rehenes. Lo hicieron cojeando, en un desplazamiento lento y doloroso que se extendió durante varios minutos.
Kuperstein señaló que Ohad Ben Ami, Elkana Bohbot, Segev Kalfon y Maxim Herkin quedaron conmocionados al ver en qué estado habían regresado. “Fue uno de los momentos más duros del cautiverio”, dijo.
Según su versión, la agresión terminó solo cuando Ben Ami, el mayor del grupo, rompió a llorar y rogó a los captores que se detuvieran.










