Por una abrumadora mayoría de 110 votos, sin oposición ni abstenciones, el pleno de la Knéset aprobó este miércoles en lectura preliminar el proyecto de ley para la disolución de la 25.ª Knéset. Con esta votación, el sistema gubernamental y los partidos políticos entran en estado de alerta máxima ante una nueva campaña electoral. Esta dramática aprobación traslada el proyecto a las fases de preparación y debate en las comisiones parlamentarias, marcando el principio del fin de la actual coalición a menos que se alcancen acuerdos legislativos inmediatos.
El presidente de la coalición, el diputado Ofir Katz, declaró: “Esta coalición ha cumplido su ciclo. Es la primera vez que una oposición logra que la coalición se amplíe. Durante esta legislatura hemos aprobado 9 presupuestos y 520 leyes. Respecto a la ley de reclutamiento militar, presentaremos un proyecto fruto del diálogo que responde a las necesidades de las FDI. Traeremos una ley que realmente reclute. Es necesario preservar el valor del estudio de la Torá, pero, al mismo tiempo, quien no estudie, se alistará. Finalmente plasmaremos esto en la legislación, de mutuo acuerdo. Estamos decididos a aprobarla porque es una buena ley de reclutamiento que sumará miles de soldados a las Fuerzas de Defensa de Israel”.
En paralelo a la disolución de la Knéset, la coalición intentará sacar adelante la mencionada ley de reclutamiento. La Comisión de Asuntos Exteriores y Defensa celebró hoy el primero de los tres últimos debates necesarios para la aprobación del proyecto en dicha comisión. Si la ley es ratificada, se estima que la fecha de las elecciones se fijará para finales del mes de octubre, a pesar de la aprobación preliminar del proyecto de disolución parlamentaria ocurrida hoy.
La ruptura del “bloque” y la presión haredí
Este movimiento político se produce tras la declaración del líder de la comunidad lituana, el rabino Dov Lando, quien expresó una pérdida total de confianza en Netanyahu y anunció la disolución del “bloque”. Los partidos haredíes ya no están dispuestos a conformarse con promesas y consideran el avance de la ley de reclutamiento como una condición innegociable. Si el proyecto no se aprueba en segunda y tercera lectura en un plazo ajustado, preferirán acudir a las urnas desde una posición de fuerza antes que verse arrastrados a una campaña electoral con la ley bloqueada y el presupuesto de sus academias talmúdicas (yeshivás) en peligro.
El corresponsal político Moti Kastel informó que el presidente de la coalición, Ofir Katz, anunció que —además de la propuesta de la coalición— los miembros del bloque respaldarían en lectura preliminar el proyecto de ley de disolución presentado por el partido Kajol Laván (Azul y Blanco). Este paso marca el inicio de la gran batalla por fijar la fecha de las elecciones y evidencia que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, está dispuesto a llegar lejos para retener a sus socios naturales.
Según Katz: “En pleno consenso con los socios haredíes, se decidió que, además de nuestra propia ley de disolución interna, permitiremos que la propuesta del partido Kajol Laván —y únicamente esa— supere la lectura preliminar. Cualquier otro proyecto de ley de disolución de la Knéset que presenten otros sectores de la oposición será rechazado de plano por los miembros de la coalición”.
Esta maniobra busca, ante todo, contener la bola de nieve política que comenzó a rodar tras el pronunciamiento del rabino Dov Lando. Al permitir el avance del proyecto de Kajol Laván, la coalición envía una señal a los partidos religiosos de que atiende sus demandas y no teme iniciar las fases preliminares del proceso electoral.
La estrategia de Netanyahu para ganar tiempo
En este escenario, Netanyahu, experto en la gestión de crisis, intenta generar “oxígeno político”. El impulso de la ley de reclutamiento en la Comisión de Asuntos Exteriores y Defensa busca demostrar a los haredíes la viabilidad de una mayoría parlamentaria, a pesar de la resistencia de diputados “rebeldes” dentro del Likud y del partido Sionismo Religioso. La estrategia del primer ministro es clara: acelerar la ley de reclutamiento en la comisión para congelar el proceso de disolución de la Knéset tras la votación preliminar de hoy. Mientras la ley de reclutamiento siga viva y avance, los partidos haredíes evitarán promover las lecturas subsiguientes del proyecto de disolución.
Sin embargo, según el director de la sección política de C14, Mati Tuchfeld, los obstáculos son numerosos. Dentro de la propia coalición, figuras como Yuli Edelstein y Sharren Haskel han dejado claro que no apoyarán una ley que no ofrezca una respuesta real a las necesidades del ejército en tiempos de guerra. Por su parte, la oposición detecta la debilidad del ejecutivo e intenta aprovechar las fisuras para forzar elecciones en septiembre, contraviniendo el deseo de Netanyahu de estirar el mandato al menos hasta finales de octubre.
El sistema político ha entrado en una dinámica de vasos comunicantes: la ley de reclutamiento actúa como el combustible del gobierno, mientras que la disolución de la Knéset es su freno. Si los debates parlamentarios fructifican en un texto consensuado que supere las barreras jurídicas y políticas, el gobierno podría ganar varios meses de vida.
De lo contrario, si las negociaciones encallan en un callejón sin salida, la votación preliminar de hoy se convertirá rápidamente en el calendario oficial para el quinto proceso electoral del país en pocos años. Estos días representan el verdadero momento de la verdad, donde se definirá si la alianza histórica entre el Likud y los partidos haredíes ha llegado a su fin o si la supervivencia política logrará, una vez más, salvar profundas diferencias ideológicas.