China realizó una maniobra de fuego real con el misil antitanque HJ-10 en el desierto de Gobi, dentro de un ejercicio de largo alcance de un destacamento adscrito a una brigada del 74.º Grupo del Ejército Popular de Liberación. El Ministerio de Defensa Nacional de China anunció la actividad el 25 de mayo de 2026.
El ejercicio evaluó la capacidad de una unidad de misiles para desplazarse a larga distancia, operar en terreno austero, coordinarse con elementos de mando y ejecutar ataques de precisión contra objetivos blindados o fortificados. La prueba no se limitó al lanzamiento del misil, sino que incluyó el ciclo completo de empleo de una unidad antitanque móvil: despliegue, búsqueda de blancos, disparo y reposicionamiento.
China probó el misil antitanque HJ-10 durante una maniobra de fuego real en el desierto de Gobi. El ejercicio verificó movilidad, coordinación de mando, adquisición de blancos y ataque de precisión desde una plataforma antiblindaje móvil.
El HJ-10 amplía el alcance antitanque de las unidades terrestres
El HJ-10, también conocido como Red Arrow-10, es un misil guiado antitanque de largo alcance empleado desde plataformas montadas en vehículos. Su alcance máximo se estima en unos 10 kilómetros, lo que permite atacar objetivos fuera del alcance inmediato de muchas armas de fuego directo.
En esta configuración, el sistema funciona más como una plataforma móvil de apoyo antiblindaje o cazacarros que como un arma portátil de infantería. Su función principal es ampliar la zona de combate de una formación terrestre y proporcionar fuego de precisión contra carros de combate, vehículos blindados, posiciones fortificadas y otros objetivos tácticos.
El lanzador asociado al ejercicio habría sido el AFT-10, instalado sobre un chasis de orugas derivado del vehículo de combate de infantería ZBD-04A. Versiones anteriores del sistema HJ-10A han sido descritas como misiles antitanque de alta potencia guiados por fibra óptica, con un sistema electroóptico de puntería montado en un mástil elevable.
Esa arquitectura permite detectar y atacar blancos desde posiciones cubiertas o parcialmente ocultas. Para una unidad antitanque, esta capacidad reduce la exposición directa del vehículo lanzador y aumenta las opciones de empleo en defensas escalonadas, zonas de bloqueo o apoyo a maniobras ofensivas.
El Gobi permite probar movilidad, sensores y mando en condiciones exigentes
La elección del desierto de Gobi tiene importancia operativa. Ese entorno permite evaluar navegación, comunicaciones, autonomía de vehículos, sensores ópticos y enlaces de mando y control en condiciones exigentes. En una unidad de misiles antitanque, la eficacia no depende solo de la precisión del arma, sino también de la continuidad entre detección, identificación, autorización de fuego y ataque.
La maniobra apunta a un modelo de empleo basado en disparar y retirarse. En un campo de batalla con drones de reconocimiento, artillería, municiones merodeadoras y guerra electrónica, una posición de lanzamiento estática puede ser detectada y atacada con rapidez. Por eso, la supervivencia de estos destacamentos depende de la movilidad, la dispersión y la integración con redes tácticas de mando y reconocimiento.
Una unidad equipada con HJ-10 puede cubrir vías de aproximación, reforzar posiciones defensivas, proteger flancos o apoyar ataques mediante fuego de precisión. En ese esquema, el misil antitanque deja de ser solo un recurso defensivo contra carros de combate y pasa a operar como un medio móvil de fuego dentro de operaciones de armas combinadas.
El ensayo integra el misil en una cadena de ataque más amplia
El ejercicio muestra que el Ejército Popular de Liberación entrena el HJ-10 como parte de una cadena de ataque más amplia. Su utilidad dependerá de la coordinación con sensores, comunicaciones tácticas, procedimientos de control de fuego y unidades de maniobra. Sin esa red, el alcance del misil no garantiza por sí solo una ventaja sostenida en combate.
La prueba también refleja la importancia de las plataformas móviles en la modernización de las fuerzas terrestres chinas. Los sistemas antiblindaje montados en vehículos permiten combinar alcance, movilidad y capacidad de reposicionamiento, tres factores relevantes en escenarios donde la detección aérea y la respuesta de fuego pueden ocurrir en plazos muy breves.
En conjunto, la maniobra en el Gobi probó más que el rendimiento técnico de un misil. Evaluó la capacidad de una unidad antitanque para desplazarse, operar bajo condiciones difíciles, integrarse con el mando y ejecutar ataques precisos antes de cambiar de posición. Ese ciclo define el valor militar del HJ-10 dentro de una fuerza terrestre que busca combinar fuego de precisión, movilidad y coordinación táctica.