El Likud se hunde y alcanza su mínimo histórico desde las elecciones. Esta descripción puede parecer de actualidad, pero esa era la sombría realidad hace apenas dos años, durante los meses de abril y mayo de 2024. En aquel periodo, el Estado de Israel se vio envuelto en un estancamiento militar prolongado y en una compleja trampa política por parte de EE. UU., una situación que dejó a los votantes de la derecha frustrados, enfadados e impotentes ante el sistema.
Vale la pena recordar aquellos meses de mala suerte del verano de 2024. Israel salió de Jan Yunis sin haber derrotado a Hamás y se atrincheró únicamente en el corredor de Natzarim, mientras 132 rehenes seguían cautivos. En aquellos días, la muerte accidental de los siete voluntarios de World Kitchen provocó una fuerte presión internacional, y Estados Unidos obligó a Israel a abrir los pasos fronterizos y a permitir la entrada de ayuda humanitaria a Hamás en cantidades enormes.
Los intentos del Gobierno de avanzar hacia la conquista de Rafah se topaban con un muro en forma de comunidad internacional. Las demandas en La Haya, las acusaciones de genocidio y el embargo estadounidense sobre las excavadoras D-9 cobraron un alto precio en vidas de los soldados del ejército israelí. En respuesta al asesinato de los comandantes de la Guardia Revolucionaria en Damasco, los iraníes lanzaron cientos de misiles de crucero, mientras que Estados Unidos impidió una respuesta adecuada. “Una farsa”, lo definió entonces uno de los ministros del Gobierno.
Incluso cuando Israel tomó finalmente el control del eje de Filadelfia y las afueras de Rafah, los medios de comunicación, en un coro orquestado, afirmaron que esto no era la base de nuestra existencia. Todo parecía estancado, sin un horizonte militar o político a la vista. Pero hoy, dos años después, la situación se ha invertido. Todos los rehenes están en casa, Jan Yunis y Rafah han sido derrotadas, e Israel ha aplastado a Hezbolá, Siria e Irán hasta el borde de la rendición. El Likud ha dado un salto de 25 a 35 escaños, mientras que Gantz, que dominaba las encuestas, ha perdido fuerza.
También hoy somos testigos de un descenso del Likud en las encuestas desde su punto álgido. El estancamiento y la falta de respuesta en materia de seguridad están sacando de quicio a los votantes del Likud, pero es importante comprender la tendencia. No se están pasando a Bennett ni a Eizenkot. Están expresando su protesta, refunfuñan y esperan a ver qué pasa, a la espera del cambio tan esperado, tal y como ocurrió en las anteriores rondas de combates.
La guerra es un mundo de incertidumbre y de complejas maniobras políticas y militares. Solo tres meses después de aquellos meses de melancolía del verano de 2024, la euforia y la esperanza volvieron a las calles. También se espera que el actual estancamiento se rompa pronto, como siempre ocurre en los conflictos prolongados. Para quien lo haya olvidado, así eran las encuestas aquel verano de 2024, justo antes del gran cambio.