Boeing Defense anunció el 1 de junio de 2026 que el MQ-28 Ghost Bat superó pruebas de sección eficaz de radar, un avance relevante para medir su capacidad de supervivencia en operaciones junto a cazas tripulados como el F-35 y futuras plataformas de combate aéreo.
El MQ-28 validó su baja firma radar en pruebas destinadas a evaluar cuánto puede reducir su detección por sistemas enemigos y operar con mayor margen en espacios aéreos defendidos.
La sección eficaz de radar permite estimar cuánta energía refleja una aeronave y, por tanto, a qué distancia puede ser detectada, identificada o atacada por defensas adversarias. Para un avión de combate colaborativo diseñado para operar cerca de radares, misiles superficie-aire y redes integradas de defensa, una firma reducida representa una condición técnica decisiva.
El MQ-28 fue desarrollado por Boeing Defense Australia dentro del programa Airpower Teaming System, en cooperación con la Real Fuerza Aérea Australiana. Su diseño responde al concepto de “ala fiel”, una aeronave no tripulada capaz de acompañar a cazas tripulados, ampliar su cobertura de sensores y asumir misiones en zonas de mayor riesgo.
Desde su primer vuelo en 2021, el programa avanzó en autonomía, integración de sistemas de misión, coordinación con otras aeronaves y empleo de sensores. La validación de baja observabilidad añade un componente central para su eventual uso en escenarios disputados, donde las aeronaves convencionales enfrentan mayores restricciones operativas.
Qué aporta la baja observabilidad al MQ-28 Ghost Bat

La baja firma radar no convierte por sí sola al MQ-28 en una plataforma invulnerable, pero sí mejora sus opciones de penetración, permanencia y retirada en áreas cubiertas por defensas avanzadas. En una misión conjunta, esa característica puede permitirle operar por delante de cazas tripulados, detectar amenazas o actuar como nodo adelantado de una red de combate.
El aparato mide unos 11,7 metros de longitud, emplea un motor turbofán y cuenta con una arquitectura modular. Su sección frontal puede adaptarse a distintas cargas útiles, incluidos sensores de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, equipos de guerra electrónica, retransmisores de comunicaciones y otros sistemas específicos de misión.
A diferencia de drones dependientes de control remoto continuo, el MQ-28 está concebido para ejecutar tareas con un nivel elevado de autonomía y mantenerse integrado en una red de combate. Esa capacidad permitiría reducir la carga de trabajo de los pilotos y asignar al dron misiones como reconocimiento avanzado, señuelo, ataque electrónico o apoyo a la supresión de defensas antiaéreas.
La combinación de autonomía, sensores intercambiables y baja observabilidad refuerza el papel del Ghost Bat como plataforma de apoyo para cazas tripulados. En lugar de operar como un dron aislado, el sistema está orientado a actuar como extensión táctica de aeronaves más complejas, distribuyendo funciones y reduciendo la exposición directa de pilotos.
Un programa alineado con los aviones de combate colaborativos

El desarrollo del MQ-28 coincide con el interés de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en los Aviones de Combate Colaborativos, conocidos como CCA. Ese concepto busca desplegar aeronaves autónomas en apoyo de cazas F-35 y futuros sistemas NGAD, distribuyendo sensores, cargas útiles y funciones de combate entre plataformas tripuladas y no tripuladas.
En ese esquema, los drones colaborativos pueden actuar como multiplicadores de fuerza. Su valor no depende solo de transportar armas o sensores, sino de integrarse con aeronaves tripuladas, compartir datos y ejecutar tareas de alto riesgo dentro de una arquitectura de combate más amplia.
La competencia internacional avanza en la misma dirección. China trabaja en conceptos de aeronaves no tripuladas de combate destinados a operar junto a cazas avanzados como el J-20, mientras Rusia desarrolla el S-70 Okhotnik-B para misiones de ataque y reconocimiento en coordinación con el Su-57.
Aunque los diseños y doctrinas difieren, estos enfoques comparten una prioridad: ampliar la masa de combate sin exponer de forma directa a los pilotos. En ese contexto, el MQ-28 busca posicionarse como una opción madura para fuerzas aéreas aliadas que necesitan plataformas autónomas, modulares y compatibles con operaciones en red.
La prueba radar refuerza la posición de Boeing

Para Boeing, la validación de la firma radar fortalece la posición del MQ-28 dentro del mercado de aviones de combate colaborativos. Su combinación de baja observabilidad, autonomía, arquitectura modular y operación en red lo coloca entre los programas más avanzados de este tipo fuera de los desarrollos estadounidenses clasificados.
La utilidad final del sistema dependerá de su integración operativa, de las cargas útiles disponibles y de su capacidad para actuar de forma fiable junto a aeronaves tripuladas. La prueba de sección eficaz no resuelve por sí sola esos desafíos, pero confirma una condición técnica necesaria para que el MQ-28 pueda operar en espacios aéreos defendidos.
Con esta validación, el Ghost Bat suma un hito relevante en su evolución como ala fiel para cazas modernos. El resultado refuerza su potencial como plataforma avanzada de reconocimiento, apoyo electrónico y combate colaborativo en escenarios donde la detección temprana puede determinar el éxito o fracaso de una misión.