Desde que comenzó la operación Rugido del León a finales de febrero, el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz ha sufrido graves alteraciones. A pesar del memorando de entendimiento que firmaron Estados Unidos e Irán, esta vía acuática esencial entre Omán y el territorio iraní no ha recuperado la normalidad. Incluso antes de que comenzaran los ataques mutuos de esta semana, el volumen diario de cruces representaba solo un tercio de la cifra previa a la guerra. Esta drástica reducción responde a la modificación de las rutas comerciales, así como al peligro constante de las minas marinas y de las ofensivas contra embarcaciones.
En la actualidad, las naves disponen de dos trayectos para atravesar el estrecho. El primero es la ruta iraní, un corredor que discurre por las aguas territoriales de Irán, en la zona septentrional del paso y cerca de la isla de Larak. De acuerdo con los datos que actualizó al 1 de julio Kpler, una empresa de seguimiento marítimo, aproximadamente el 32 % de los barcos emplea esta opción.
El tránsito por Ormuz sigue restringido pese al memorando entre Estados Unidos e Irán, con rutas alternativas, riesgos de minas y ataques recientes contra buques comerciales.
La segunda alternativa se ubica cerca de Omán. Se trata de un corredor muy estrecho en el sector meridional del golfo que, como indicó la analista de Kpler Anna Subašić, “está delimitado por la costa de Omán a un lado y por zonas con riesgo de minas al otro”. Cerca del 23 % de los buques transitan por esta vía provisional inaugurada en junio. Las Naciones Unidas, la Organización Marítima Internacional y Omán se encargan de su gestión. Además, el Centro Conjunto de Información Marítima —que administra una coalición naval occidental— y el marco de Cooperación y Orientación Naval para el Transporte Marítimo de la OTAN proporcionan instrucciones para utilizar este paso.
Kpler también detalló que, desde el comienzo de la operación Rugido del León, en torno al 46 % de los navíos atravesaron el estrecho con sus transpondedores de identificación apagados. Esta práctica dificulta el rastreo de las trayectorias. Analistas que consultó la agencia AFP señalaron que los barcos que cruzaron recientemente sin emitir señales optaron en su mayoría por la ruta omaní. Sobre este punto, Subašić sostuvo que las tripulaciones probablemente apagaron los equipos para evitar “transmitir su posición mientras se encontraban al alcance de Irán”.
Ataques recientes y cierre del corredor central
Desde que Estados Unidos e Irán firmaron su memorando de entendimiento el 17 de junio, se han registrado ataques contra al menos cinco buques comerciales. Las ofensivas apuntaron a embarcaciones que navegaban por las vías meridionales del estrecho, unas rutas que Irán había declarado no autorizadas. Por su parte, la Organización Marítima Internacional informó de que tres petroleros resultaron dañados esta semana frente a las costas omaníes y de los Emiratos Árabes Unidos.
La situación era muy distinta antes de la operación Rugido del León. En aquel entonces, los buques cruzaban libremente a través del sistema de separación del tráfico, un corredor bidireccional en el tramo central del estrecho que la Organización Marítima Internacional adoptó en 1968. Durante los periodos de normalidad, estas vías delimitadas registraban un promedio de 120 tránsitos diarios. Hoy permanecen fuera de servicio por el peligro de las minas marinas.
Varios expertos en transporte marítimo consideraron improbable que el estrecho recupere la normalidad antes de que se reanude el tráfico por el corredor central. Teherán, sin embargo, insistió en que no permitirá el regreso a las disposiciones vigentes antes de la guerra. En junio, el Gobierno iraní declaró que estudiaría con Omán el cobro de tarifas por atravesar el estrecho.
Permisos y condiciones para cruzar el estrecho
Los procedimientos que deben cumplir los buques difieren según la ruta elegida. La administración del trayecto iraní recae en la Autoridad Iraní del Estrecho del Golfo Pérsico, organismo que exigió tarifas a varias naves durante las primeras etapas de la guerra. Para utilizar este corredor, los buques tienen que presentar una solicitud a las autoridades de Irán. Cuando la petición se aprueba, la autoridad concede un permiso para un único cruce, con una validez máxima de cinco días.
Este mecanismo altera de manera considerable las normas aplicadas en tiempos de paz. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar garantiza la libre navegación en los estrechos destinados al tránsito internacional, pero Irán nunca ha ratificado este tratado.
Respecto a la ruta omaní, Subašić precisó que los buques deben “coordinarse con el Estado ribereño correspondiente, mantener activos sus transpondedores de identificación y realizar una evaluación independiente de los riesgos”. Las directrices oficiales recomiendan la coordinación con el marco de orientación de la OTAN, aunque no la exigen. Para reducir el riesgo de congestiones y accidentes en este estrecho corredor, los barcos suelen atravesarlo en grupos.