Dos sistemas de armas estadounidenses ocupan el primer lugar entre las prioridades de la OTAN: los cazas F-35 y los interceptores de misiles Patriot. La atención en la cumbre de la Alianza Atlántica en Ankara, Turquía, empezó el martes, cuando el presidente Donald Trump generó revuelo al sugerir que podría autorizar a Turquía a comprar F-35, pese a que ese país fue excluido del programa en 2019. Al día siguiente, Trump volvió a sorprender al comunicar al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que podría conceder a Ucrania una licencia para fabricar interceptores Patriot.
“Vamos a concederles una licencia para que fabriquen Patriots”, dijo Trump. “Eso está bastante bien, ¿verdad? Así no podrán quejarse de que no les proporcionamos suficientes. Yo diría que los fabriquen ustedes mismos”, afirmó el 8 de julio.
Trump abrió la puerta a dos decisiones clave para la OTAN: permitir a Turquía comprar cazas F-35 y conceder a Ucrania una licencia para fabricar interceptores Patriot.
Sus declaraciones sobre los F-35 y los Patriot reflejan el compromiso de Trump con la OTAN y constituyen una seria advertencia para Putin.
Patriot para Ucrania y mensaje directo a Rusia

El anuncio público de Trump sobre la posible fabricación de misiles Patriot en Ucrania transmite un mensaje directo. El presidente estadounidense advierte a su homólogo ruso, Vladímir Putin, que Estados Unidos y la OTAN seguirán apoyando las defensas antiaéreas y antimisiles esenciales de Ucrania. Para Zelenski, se trata de una victoria. Los ataques masivos contra Ucrania incluyen ahora decenas de misiles balísticos, junto con enjambres de 300 drones o más. Ucrania derriba con eficacia los aparatos rusos, pero el lunes no logró interceptar ningún misil balístico.
“Rusia apuesta por las armas balísticas, y quienes desean la paz deben apostar por la protección frente a los ataques balísticos”, declaró Zelenski el 6 de julio.
Aun así, pese al peso simbólico del anuncio, no es previsible que las baterías Patriot lleven pronto la marca “Fabricado en Ucrania”. Para Estados Unidos, aumentar la producción de estos sistemas es una prioridad, y la red de proveedores ya trabaja al límite de su capacidad. El año pasado, el Ejército estadounidense adjudicó a Lockheed Martin un contrato de casi $10.000 millones para acelerar la fabricación de la variante más avanzada del Patriot.
Boeing, uno de los principales subcontratistas, acaba de levantar una nueva planta de 35.000 pies cuadrados en Huntsville, Alabama, para triplicar la producción de los buscadores de los misiles Patriot. Ese dispositivo es, además, un logro tecnológico considerable. El interceptor Patriot destruye el objetivo por impacto directo: golpea físicamente la ojiva del misil que se aproxima. Para conseguirlo necesita una intercepción de alta precisión, de modo que el buscador de ondas milimétricas en banda Ka instalado en el misil debe seguir objetivos móviles con gran nitidez, bajo cualquier condición meteorológica y desde ángulos complejos.

La OTAN y Estados Unidos han enviado a Ucrania baterías e interceptores procedentes de los Países Bajos, Polonia y Alemania. Israel también remitió un lote de interceptores. “Trabajamos en todos los frentes” para aumentar el suministro de Patriots, declaró el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el 6 de julio.
¿Podría Zelenski fabricar sistemas Patriot completos en Ucrania? No en el corto plazo. Algunas empresas ucranianas, sin embargo, sí podrían integrarse en la red de proveedores. Varios aliados de la OTAN ya forman parte de la cadena de suministro del sistema. El 28 de mayo, la empresa polaca de defensa WZE fue seleccionada para fabricar motores de control de actitud destinados al Patriot PAC-3. Además, RTX, principal contratista del programa Patriot, ha trabajado con diez compañías polacas en la implantación del sistema Wisła, que conecta las baterías Patriot con los sistemas integrados de defensa antimisiles desplegados en toda Polonia.
Polonia “firmó un acuerdo con Estados Unidos, Alemania, los Países Bajos y Suecia para crear un centro de mantenimiento de misiles PAC-3 destinados al sistema Patriot”, escribió en X el ministro polaco de Defensa, Władysław Kosiniak-Kamysz.
Turquía y el posible regreso al programa F-35

Respecto al F-35, apoyo plenamente que Turquía regrese al programa. La mayoría de las principales fuerzas aéreas de la OTAN ya opera estos cazas o está a la espera de recibirlos. “Turquía ha sido, en muchos sentidos, mucho más leal que otros países”, señaló Trump el martes.
El F-35, diseñado para reducir su detección por radar, ha dominado el espacio aéreo iraní. Su potente motor y su avanzado radar le permiten derribar misiles de crucero o realizar ataques terrestres de precisión. Turquía se sumó al programa F-35 en 2002, y estaba previsto que su industria participara en la producción de secciones del fuselaje y de muchos otros componentes.
Pero en 2019 Turquía compró el sistema ruso de defensa antiaérea S-400. Los especialistas temían que el país volara los F-35 cerca de los S-400 para recopilar datos sobre su firma de radar, o que conectara dispositivos capaces de poner en riesgo los enlaces tácticos de datos de la OTAN.
Esa decisión provocó la expulsión de Turquía del programa F-35. El proceso fue conflictivo. Los pilotos turcos que recibían instrucción de vuelo en Arizona fueron enviados de vuelta a su país, y los seis F-35 que Turquía había comprado y pagado quedaron inmovilizados.
En 2026, los F-35 ya operan en todo Oriente Medio y a lo largo de la frontera rusa. Las preocupaciones sobre la seguridad operativa se han reducido. Más relevante aún, Turquía desarrolla su sistema de defensa antimisiles “Cúpula de Acero” sin depender del sistema ruso. Como sin duda advierte Trump, incorporar los F-35 a la Fuerza Aérea turca podría contribuir de manera importante a disuadir a Rusia en el mar Negro y en el flanco sur de la OTAN.
