Una serie de acontecimientos registrados en los últimos días comienza a perfilar un panorama que exige atención. Ninguno de ellos por separado, ni siquiera todos en conjunto, constituye una prueba concluyente de que una guerra de gran escala contra Irán, en la que también participe Israel, vaya a estallar en los próximos días. Sin embargo, a medida que se acumulan, resulta difícil ignorar el patrón. Esa circunstancia confiere especial sensibilidad al momento actual.
La lista de indicios continúa en aumento. El Departamento de Estado estadounidense recomienda a los ciudadanos del país que reconsideren sus viajes a Oriente Medio. Estados Unidos retira aeronaves de varias bases del Golfo, entre ellas Al Udeid, en Qatar. Decenas de cazas estadounidenses —F-35, F-22 y F-15— aterrizaron en la base de Lakenheath, en el Reino Unido, y se espera que en los próximos días lleguen a Israel más aviones cisterna estadounidenses. Al mismo tiempo, Dan Scavino, subjefe de Gabinete de la Casa Blanca, publicó un video creado con inteligencia artificial en el que aparecen bombarderos B-2. La iniciativa recuerda la difusión de un video similar antes de la operación “Rugido del León”. A todo ello se suma la escalada constante de los ataques estadounidenses y de las respuestas iraníes.
Aun así, es necesario evitar conclusiones categóricas. Algunos de estos indicios también aparecieron en el pasado, sin que siempre desembocaran en una guerra. Varios de ellos se observaron antes de la operación “Rugido del León”, pero también en otras ocasiones en las que la tensión no derivó en un enfrentamiento inmediato. Por esa razón, ninguno constituye por sí solo una señal suficiente.
La situación actual se distingue por la coincidencia de varios indicios significativos y por un cambio en la naturaleza de la actividad militar estadounidense. Al comienzo de la operación, los ataques se concentraron en objetivos tácticos destinados a reducir la capacidad iraní para perturbar la navegación por el estrecho de Ormuz, como radares, depósitos de vehículos aéreos no tripulados y emplazamientos para el lanzamiento de misiles de crucero. Ahora, en cambio, las operaciones se extienden hacia objetivos de mayor profundidad estratégica.
Según los informes, los ataques ya no se limitan a la zona de Ormuz, sino que abarcan distintos puntos de la costa del Golfo, entre ellos la provincia de Juzestán y la ciudad de Ahvaz, próxima a la frontera con Irak. Al mismo tiempo, se percibe un esfuerzo estadounidense por interrumpir las rutas de suministro que conducen a Bandar Abás mediante ataques contra puentes y vías férreas. Esta actuación revela una ampliación de los objetivos y un intento de dañar tanto las capacidades operativas inmediatas de Irán como su infraestructura logística.
A este panorama se añadió otro acontecimiento relevante. El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) informó que dos militares estadounidenses murieron y otro permanece desaparecido tras un ataque iraní con misiles balísticos contra Jordania. Para el presidente Donald Trump, la muerte de militares estadounidenses constituye una línea roja que podría provocar una nueva intensificación de la respuesta militar.
Los ataques en torno a Bandar Abás merecen especial atención. Por ahora se trata únicamente de una hipótesis, pero las ofensivas selectivas contra los puentes y las líneas ferroviarias que conducen a la ciudad podrían corresponder a un escenario en el que Estados Unidos pretenda aislar la zona ante la posibilidad de una operación terrestre. En ese supuesto, Bandar Abás serviría como cabeza de puente para las fuerzas que desembarcarían en la provincia de Hormozgán, en la costa del golfo de Ormuz.
En definitiva, ninguno de estos indicios demuestra que una guerra de gran escala vaya a estallar en los próximos días. Sin embargo, su aparición simultánea, junto con la ampliación de los ataques estadounidenses y la intensificación del enfrentamiento con Irán, configura un panorama distinto al que existía hasta hace poco. Podría tratarse solamente de una estrategia de presión o de preparativos para la siguiente fase. Por ahora, lo único que puede afirmarse con certeza es que la tensión regional continúa en aumento.





