Los seis aspirantes a suceder a António Guterres al frente de las Naciones Unidas coincidieron este jueves en que la organización debe recuperar su credibilidad, durante un debate de tono moderado celebrado una semana antes del inicio formal del proceso de selección.
La contienda todavía no ha generado un entusiasmo definido en torno a ningún favorito. A lo largo de casi dos horas, los candidatos contestaron preguntas de diplomáticos, trabajadores de la ONU y representantes de la sociedad civil en el amplio Salón de la Asamblea General. El acto fue transmitido por Bloomberg.
Los seis candidatos prometieron recuperar la credibilidad de la ONU y reforzar la intervención de la organización en los conflictos internacionales y las iniciativas de paz.
La expresidenta chilena Michelle Bachelet; la ecuatoriana María Fernanda Espinosa; el argentino Rafael Grossi; la costarricense Rebeca Grynspan; la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, y el expresidente senegalés Macky Sall buscan reemplazar al secretario general saliente, quien abandonará el cargo el 31 de diciembre.
Los seis explicaron por qué se consideran la persona idónea para dirigir la Secretaría General. Al presentar sus credenciales, destacaron su experiencia en los ámbitos nacional e internacional, su disposición para dialogar con todas las partes y las capacidades que aportarían en una etapa marcada por conflictos internacionales de especial gravedad.
Los aspirantes prometen una ONU presente en los conflictos
Grynspan, quien ha dirigido la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, señaló que su propósito sería devolver a la organización un papel visible en los escenarios de crisis.
«Dentro de cinco años, me gustaría que nadie volviera a preguntarme: “¿Dónde está la ONU?”. Ese será mi indicador. Quisiera ver a una ONU que haya regresado a la mesa en los escenarios de conflicto, que genere y ofrezca “resultados sobre el terreno”», declaró.
Sall formuló un compromiso similar y aseguró que dedicaría sus primeros cien días a «restablecer la confianza y encaminar a la ONU hacia una organización más ágil, más eficaz y más dispuesta a escuchar. Escuchar, actuar y reunir a las personas».

Rodrigues-Birkett también prometió intervenir ante los problemas más complejos que enfrenta la organización. «Yo sería esa secretaria general que lo intentaría, ya fuera en Irán, Haití, Sudán o la República Democrática del Congo», afirmó la embajadora de Guyana.
Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, defendió igualmente una participación activa del secretario general en las situaciones de conflicto. A su juicio, cuando un Estado miembro inicia una guerra o recurre a la agresión, se configura una circunstancia «lo bastante grave como para que intervenga el secretario general».
«Lo que necesitamos es recuperar la credibilidad de la ONU como interlocutor válido y, después, utilizar los instrumentos disponibles», sostuvo Grossi.
La crisis financiera y de confianza marca la contienda
El debate se produce mientras las Naciones Unidas atraviesan una profunda crisis financiera y de confianza. El Gobierno del presidente estadounidense Donald Trump acusa a la institución de gastar irresponsablemente, distribuir sus recursos de manera excesivamente dispersa y no alcanzar resultados satisfactorios.
Washington reclama que la organización vuelva a centrarse en sus objetivos fundamentales de paz y seguridad. Otros Estados, sin embargo, defienden que sus otros dos pilares —los derechos humanos y el desarrollo— tienen la misma importancia.
Sin identificar a ningún país, Bachelet afirmó que no cedería ante las presiones ejercidas por los Estados donantes más poderosos. «Diré con claridad lo que considero que me corresponde expresar en virtud de mi autoridad moral y de mi deber», declaró.

Espinosa, expresidenta de la Asamblea General de la ONU, centró su intervención en la prevención, que, según dijo, no debe asumirse como «un lema, sino como un principio operativo y una disciplina».
La candidata ecuatoriana añadió que, desde el comienzo de su mandato, establecería un mecanismo preventivo destinado a mantener «la estructura de la ONU preparada y activa con el fin de evitar conflictos. Yo misma estaré allí, con la bandera de la ONU».
Antes de este debate, cada aspirante ya había respondido durante tres horas a las preguntas de representantes de los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas.
La mayoría se pronunció a favor de continuar las reformas emprendidas para elevar la eficiencia de la institución. También coincidió en que el próximo secretario general debe involucrarse con mayor intensidad en las iniciativas de paz desarrolladas en distintas partes del mundo.
El Consejo de Seguridad votará por primera vez el 30 de julio
El proceso entrará en una nueva fase el 30 de julio, cuando los quince integrantes del Consejo de Seguridad celebren a puerta cerrada la primera votación anónima para expresar sus preferencias entre los candidatos.
Después de esa primera «votación de tanteo» se realizarán tantas consultas similares como sean necesarias. Para imponerse, uno de los aspirantes deberá reunir nueve votos y evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes del Consejo: Estados Unidos, Reino Unido, China, Francia y Rusia.
Una vez elegido, su nombre será enviado a la Asamblea General para el nombramiento formal. La persona seleccionada asumirá la Secretaría General el 1 de enero de 2027.

Diplomáticos consultados por AFP expresaron cautela sobre el resultado de la contienda y señalaron que varias capitales todavía no han definido su posición.
«Grossi sigue siendo, a mi juicio, el favorito que se menciona con mayor frecuencia, pero todavía no tiene asegurada la elección. Otros candidatos, como Grynspan y Rodrigues-Birkett, también cuentan con un número considerable de partidarios», dijo a AFP Richard Gowan, analista del International Crisis Group.
Mientras tanto, en los pasillos de la ONU y en los medios de comunicación continúan circulando otros nombres. Entre ellos figura el del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, a quien Trump, según el New York Post, querría al frente de las Naciones Unidas.
América Latina reclama en esta ocasión el cargo, de acuerdo con una tradición de rotación geográfica que no siempre se cumple. Sall es el único candidato que no pertenece a esa región.
Numerosos Estados también reclaman que, por primera vez, una mujer ocupe la Secretaría General.






