El desmantelamiento de la estructura organizativa de Hamás en las prisiones israelíes habría causado uno de los golpes estratégicos más graves sufridos por la organización terrorista desde su fundación, según el testimonio de uno de sus principales dirigentes en Judea y Samaria. De acuerdo con su declaración, la situación de los presos cambió por completo después de la masacre del 7 de octubre.
A lo largo de su historia, Hamás ha sustentado su actividad en cinco bastiones: la estructura en el extranjero, la Franja de Gaza, Judea y Samaria, el interior de Israel y las cárceles. La información obtenida durante el interrogatorio señala que las medidas adoptadas tras la masacre por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, y el comisionado del Servicio Penitenciario de Israel, Kobi Yaakobi, debilitaron de forma decisiva este último centro de poder.
La principal modificación consistió en eliminar el sistema que distribuía a los reclusos según su afiliación organizativa. Antes del 7 de octubre, según relató el alto cargo, Hamás gestionó durante años sus actividades dentro de las prisiones casi sin restricciones. Las decisiones de la dirección carcelaria tenían un peso equivalente o incluso superior al de los dirigentes que operaban fuera de los centros penitenciarios, mientras que las cárceles servían como punto de enlace entre las distintas ramas de la organización.
El interrogado afirmó que numerosos terroristas jóvenes aspiraban a incorporarse a los bastiones de Hamás en prisión para ganar experiencia y prestigio. Durante su reclusión, reclutaban nuevos miembros, promovían actividades militares fuera de las cárceles, desarrollaban redes económicas y organizativas y estudiaban de cerca los sistemas de seguridad del Estado de Israel.
Ese esquema dejó de funcionar cuando se suprimió la separación por afiliación y los presos de las distintas organizaciones terroristas comenzaron a compartir los mismos pabellones. Según el testimonio, Hamás ya no controla las prisiones ni puede mantener en ellas una actividad organizada.
La organización afronta ahora graves dificultades para captar nuevos miembros y, en algunos casos, no logra hacerlo. Sus presos se concentran en su supervivencia personal, mientras que la figura del todopoderoso “portavoz” carcelario ha desaparecido.
De acuerdo con este alto cargo, Hamás ha recibido un duro golpe tanto sobre el terreno como dentro de las cárceles. También advirtió que una eventual decisión de Israel de revertir el cambio en la administración penitenciaria constituiría un grave error estratégico.






