Por primera vez en más de cuatro décadas, la Fuerza Aérea incorporó un modelo completamente nuevo de avión de reabastecimiento. Se trata del “Gideón”, denominado KC-46 Pegasus en Estados Unidos y considerado la aeronave más avanzada del mundo dentro de su categoría. Su llegada supone una transformación integral del sistema de repostaje: entre sus equipos de última generación figuran cámaras tridimensionales que permiten a los operadores efectuar esta compleja tarea mediante gafas 3D, con una mejora significativa de la precisión y del proceso.
El cambio también redefine el papel del Escuadrón 120, conocido dentro de la institución militar como “Gigantes del Desierto”. Durante décadas permaneció a la sombra de las unidades de combate más destacadas, pero la guerra en Irán modificó esa situación. En muy poco tiempo, el escuadrón asentado en la base de Nevatim, en el Néguev, pasó a ser la unidad más estratégica del Estado de Israel. Su función es la que convierte el largo brazo de la Fuerza Aérea en una capacidad efectiva y permite alcanzar cualquier punto del planeta en un solo vuelo.
Hasta ahora, la red israelí de reabastecimiento se ha apoyado en los veteranos “Reem”, aeronaves que ya transitan su quinta década de servicio. La Fuerza Aérea los describe como aviones con corazón, aunque sometidos al mismo envejecimiento que una persona o un vehículo antiguo. Después de años de espera, el ejército comenzó finalmente a recibir el Gideón, destinado a convertirse en la columna vertebral de las misiones de suministro durante las próximas décadas.
El nuevo aparato introduce un importante avance tecnológico en las operaciones de repostaje aéreo. Puede transportar una mayor cantidad de combustible y efectuar un cincuenta por ciento más de recargas en cada vuelo. Además, tiene la capacidad de ser reabastecido por otra aeronave, lo que, en teoría, le permitiría permanecer en el aire de forma ilimitada y participar sin interrupciones en operaciones prolongadas de decenas de horas. Su utilidad, sin embargo, no se limita al suministro de combustible, ya que una de sus principales características es precisamente su versatilidad.
Construido sobre el fuselaje del Boeing 767 comercial de pasajeros, el Gideón almacena el combustible en la cubierta inferior. La parte superior puede utilizarse para transportar unas treinta toneladas de carga o decenas de soldados. Esa configuración lo convierte también en el avión de transporte de mayor tamaño de la Fuerza Aérea, con capacidad para desarrollar simultáneamente todas esas funciones.
La incorporación de una aeronave de estas dimensiones, con un precio unitario de cientos de millones de dólares, exige una operación logística de enorme escala que comprende decenas de miles de piezas. Tanto las tripulaciones como el personal de tierra permanecieron durante varios meses en Estados Unidos, donde recibieron formación de sus socios estadounidenses para conocer el aparato hasta el más mínimo detalle.
La Fuerza Aérea prevé mantener el Gideón en servicio durante al menos los próximos cuarenta años. Aunque aún no ha recibido oficialmente la clasificación de aeronave operativa, los mandos militares señalan que la primera unidad está preparada para entrar en combate en cuanto se emita la orden. Su bautismo de fuego, añaden, podría producirse muy pronto.






