Israel habría solicitado que los restos de judíos enterrados en cementerios del Líbano sean trasladados a su territorio dentro de las negociaciones que Jerusalén y Beirut mantienen para alcanzar un acuerdo permanente, según un informe publicado el lunes. El diario libanés Al-Akhbar, vinculado a Hezbolá, señaló que la delegación israelí puso sobre la mesa la existencia de numerosas sepulturas judías en Beirut y Sidón correspondientes a personas cuyos familiares viven actualmente en Israel.
La comunidad judía estuvo presente durante siglos en el Líbano, que fue el único país árabe donde su población aumentó después de la creación del Estado de Israel en 1948. En su momento llegó a reunir a unas 10 000 personas, pero posteriormente comenzó a reducirse con rapidez. Para la década de 1970 quedaban apenas unos cientos de judíos y, desde entonces, la comunidad se ha contraído hasta contar en la actualidad con unas pocas decenas como máximo.
La cuestión surgió durante las conversaciones sobre los detenidos libaneses
Según los reportes, la cuestión de las tumbas surgió durante las conversaciones relacionadas con ciudadanos libaneses capturados durante la guerra en el Líbano y que permanecen recluidos en Israel, cuya liberación reclama el gobierno libanés.
El informe sostiene que Israel planteó el traslado de los restos desde territorio libanés en el marco de lo que describió como un “acuerdo de intercambio de prisioneros civiles”. La propuesta contemplaría tanto la repatriación de los restos como la puesta en libertad de solo una parte de los libaneses detenidos en Israel, mientras que los operativos de Hezbolá quedarían excluidos.
La semana pasada, el canal saudí Asharq News informó que las conversaciones celebradas en Roma incluyeron una vía “legal” dedicada a examinar la situación de los prisioneros libaneses retenidos por Israel, sin incluir a los miembros de Hezbolá encarcelados. La cadena describió como “positivo” el ambiente en torno a ese asunto.
Israel y el Líbano ya habían acordado un marco para el sur del país
Israel y el Líbano ya habían acordado durante las negociaciones realizadas en Washington en junio un marco que prevé el desarme de Hezbolá, la retirada progresiva de las fuerzas israelíes del sur del Líbano y el despliegue del ejército libanés en esa zona. El proceso comenzaría en sectores de prueba denominados “zonas piloto”.
La semana pasada, las partes participaron en la séptima ronda de conversaciones mediadas por Washington desde que Hezbolá llevó al Líbano a la guerra de Oriente Próximo en marzo, cuando lanzó cohetes contra Israel en apoyo de Irán, su principal aliado.
Dos días después de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán el 28 de febrero, Hezbolá abrió fuego contra territorio israelí en solidaridad con Teherán. Israel respondió con ataques aéreos y una ofensiva terrestre que permitió a sus fuerzas ocupar una franja de aproximadamente diez kilómetros —seis millas— de profundidad en el sur del Líbano.
La operación obligó a más de un millón de civiles libaneses a abandonar sus hogares. Desde entonces, Israel continúa destruyendo importantes infraestructuras terroristas en las áreas que quedaron bajo su control.






