Los 13 combatientes de ingeniería del Batallón 603 que abandonaron su base sin autorización rechazaron que hubieran huido de la zona de combate en el Líbano. Admitieron que se marcharon sin permiso, pero aseguraron que lo hicieron desde la base y después de acumular durante un largo periodo quejas por sus condiciones de servicio y el trato hacia la compañía de maquinaria pesada de ingeniería.
Los militares también negaron que las sanciones que recibieron estuvieran relacionadas con una novatada violenta. Explicaron que el episodio ocurrió el lunes, durante el cumpleaños de uno de sus compañeros, cuando decidieron romper la rutina preparando una especie de “pastel humano”.
Para hacerlo, arrojaron sobre el soldado varios ingredientes empleados en la preparación de un pastel. Aseguraron que se trató de una broma y que no pretendían humillarlo ni hacerle daño.
“Ninguno de nosotros huyó de la zona de combate en el Líbano para ausentarse sin autorización. En absoluto. Este país es importante para nosotros y lo protegemos porque lo queremos”, afirmaron. Según su relato, regresaron a sus casas desde la base y reconocieron que esa decisión constituyó una ausencia militar injustificada.
El comandante del Batallón 603 conoció lo ocurrido al día siguiente de la celebración y abrió un procedimiento disciplinario contra los implicados. Los operadores de maquinaria pesada recibieron 28 días de restricción en la base; dos militares fueron condenados a arresto, uno quedó apartado de su función y de las operaciones de combate y otro fue relevado de su puesto dentro de la compañía.
Después de conocer las sanciones, los combatientes prepararon sus pertenencias y se marcharon de la base sin autorización. Sin embargo, aseguraron que el castigo por el cumpleaños no fue la única causa de su decisión.
“No nos quedamos de brazos cruzados. Al día siguiente preparamos nuestras mochilas y nos fuimos a casa”, explicaron. Añadieron que había otros problemas acumulados que, según ellos, no habían recibido atención.
Entre sus principales quejas está el comportamiento del suboficial mayor del Batallón 603. Los combatientes lo acusaron de mantener una actitud hostil hacia la compañía de maquinaria pesada de ingeniería y de dirigirse agresivamente a sus integrantes.
“Siempre que tiene oportunidad, se ensaña con la compañía”, aseguraron. También afirmaron que en una ocasión les dijo: “Voy a desmantelarles esta compañía. Es cuestión de tiempo”.
Los soldados cuestionaron además las condiciones de alojamiento. Indicaron que diez operadores comparten cada habitación, aunque solamente disponen de ocho camas. Ante esa situación solicitaron un contenedor acondicionado y encontraron un lugar donde instalarlo, pero aseguraron que el suboficial mayor se negó a permitir su conexión a la electricidad.
“Somos diez operadores por habitación. Tenemos tres habitaciones y en cada una hay ocho camas”, explicaron. Según su relato, cuando consiguieron el contenedor recibieron como respuesta: “No voy a conectárselo a la electricidad. Quédense así si quieren, pero electricidad no van a tener”.
Las quejas también abarcan el mantenimiento de sus instalaciones y los recursos asignados a la compañía. Los combatientes afirmaron que llevan mucho tiempo solicitando pintura para renovar el lugar sin conseguirla, mientras otras compañías de combate del batallón disponen de materiales, presupuestos para actividades recreativas y descansos de las operaciones.
Aseguraron que esta situación les ha generado una sensación constante de abandono y de trato desigual. Señalaron que pertenecen a una unidad que trabaja en primera línea, abre rutas y asume riesgos, pero consideran que esa labor no recibe reconocimiento.
“Estamos hartos de que se ensañen con nosotros, nos menosprecien y escatimen recursos a nuestra costa, todo porque pertenecemos a la compañía de maquinaria pesada”, manifestaron.
Los 13 combatientes insistieron finalmente en dos puntos: que se marcharon desde su base y no huyeron del Líbano, y que durante la celebración del cumpleaños no golpearon ni maltrataron al compañero que participó en la broma.
“Nosotros nos fuimos a casa desde la base, no desde Líbano. Ningún soldado fue humillado ni sufrió abusos. En nuestra compañía no se golpea a nadie. Ponerle la mano encima a alguien es para nosotros una línea roja”, afirmaron.










