Un alto funcionario político se refirió este miércoles a la tensa y volátil relación entre Israel y Turquía y aclaró que Jerusalén considera a Ankara un rival acérrimo, pero no un Estado enemigo.
Al mismo tiempo, existe una clara evaluación de inteligencia según la cual ninguna de las partes desea verse arrastrada a un enfrentamiento militar directo. Las declaraciones se producen en un momento especialmente delicado, después de que en las últimas semanas la fricción en Siria alcanzara un nivel de tensión sin precedentes tras un ataque israelí selectivo contra la base de Abu al-Duhur, destinado a impedir el despliegue de fuerzas turcas en la zona.
El alto funcionario quiso precisar cómo definen a Ankara los responsables de la toma de decisiones en Israel: “No se puede definir a Turquía como un Estado enemigo, sino como un rival”. Ante el creciente temor a un intercambio directo de fuego, subrayó que ambas partes tienen un claro interés en evitar una escalada: “No creo que ninguna de las partes quiera llegar a un intercambio de fuego entre Israel y Turquía”.
A pesar del intento por reducir la tensión, el funcionario reveló un cambio drástico en los canales diplomáticos discretos y señaló que Israel dejó de transmitir mensajes a Ankara por medio de Azerbaiyán. Se trata de una modificación significativa, ya que el presidente Ilham Aliyev había facilitado anteriormente un canal de diálogo directo entre ambos países, del cual surgió un mecanismo de coordinación operativa en Siria. Apenas la semana pasada se informó que Bakú había vuelto a intentar mediar entre las partes.
La fricción militar entre Israel y Turquía adquirió una dimensión concreta y peligrosa en agosto, cuando aviones de la Fuerza Aérea israelí atacaron la base de Abu al-Duhur, en la provincia de Idlib, en el noroeste de Siria, a apenas unas decenas de kilómetros de la frontera turca. Al menos ocho bombas fueron lanzadas contra las pistas y los hangares en una operación destinada a impedir un despliegue que, según información de inteligencia, Damasco estaba a punto de autorizar a las fuerzas turcas en la base.
El embajador de Israel en Estados Unidos, Yechiel Leiter, afirmó después del ataque que Israel disponía de información de inteligencia sólida sobre la intención de Turquía de ampliar drásticamente su presencia militar y subrayó: “Israel no está interesado en una guerra con Ankara ni con Damasco, pero considera que se cruzó una línea roja”.
El incidente estuvo cerca de provocar una escalada militar inmediata. El enviado estadounidense para Siria y embajador en Turquía, Tom Barrack, reveló que Ankara no recibió ninguna advertencia previa sobre el ataque y que las fuerzas armadas turcas detectaron a los aviones israelíes cuando volaban hacia el norte en dirección a la zona bajo su control, por lo que podrían haberse preparado para responder con fuego.
Barrack subrayó que solo la actuación prudente sobre el terreno evitó una escalada grave. Por su parte, el Ministerio de Exteriores turco condenó con dureza la operación, afirmó que vulneraba la soberanía de Siria y pidió a la comunidad internacional que frenara las actividades de las FDI en el país.
Ante el riesgo real de un enfrentamiento aéreo y terrestre, el Gobierno estadounidense comenzó a promover un mecanismo trilateral para prevenir incidentes entre Israel, Turquía y Siria, destinado a coordinar los movimientos de las fuerzas y evitar malentendidos con consecuencias graves. Sin embargo, la iniciativa afronta dificultades.
El 27 de agosto, el ministerio de Defensa turco informó que Ankara aún no había recibido de Washington una solicitud formal para incorporarse a ese mecanismo. Ahora, después de que Israel suspendiera el canal de mediación azerí, la tensión entre ambos países se desarrolla sin redes de seguridad diplomáticas claras.








