Las graves inundaciones que golpearon Nepal han causado más de 1.000 muertes y mantienen desaparecidas a otras 4.400 personas. Entre quienes aún no han sido localizados hay unos 30 judíos y al menos dos de ellos son ciudadanos israelíes, incluido un hombre de alrededor de 60 años.
El desastre comenzó con inundaciones repentinas en la frontera entre Nepal y China, después de lo que parecía haber sido el colapso de un glaciar. La fuerza del agua destruyó aldeas enteras, puentes y sistemas de comunicación.
Los daños han dejado regiones completamente aisladas y complican tanto las operaciones de rescate como los intentos de establecer contacto con viajeros y habitantes de las áreas afectadas. El derrumbe de carreteras y puentes colgantes ha hecho que el acceso por tierra sea prácticamente imposible en algunos lugares.
En Katmandú, Chezky y Chani Lifshitz, emisarios de Jabad en Nepal, tuvieron que abandonar los preparativos de Rosh Hashaná para concentrarse en las tareas de búsqueda y rescate. En estas fechas esperaban organizar comidas festivas y servicios religiosos para los cientos de viajeros israelíes que llegan al país, pero ahora están al frente de un centro de emergencia.
Desde allí coordinan equipos de rescate aéreo y responden continuamente a familiares preocupados que llaman desde distintas partes del mundo. También revisan los datos y posibles pistas que reciben para intentar encontrar a los judíos cuyo paradero continúa siendo desconocido.
La Casa Jabad también intenta conseguir que las víctimas judías que hayan muerto puedan recibir una sepultura conforme a la tradición. El elevado número de muertos y el temor a la aparición de enfermedades han llevado a las autoridades nepalesas a enterrar diariamente a decenas de personas en fosas comunes.
Esta situación obliga a identificar cuanto antes los cuerpos de las víctimas judías para evitar que sean enterrados sin haber sido reconocidos. El estado de los cadáveres recuperados entre el barro hace especialmente difícil esa labor.
Mientras continúan estos esfuerzos, siguen las oraciones por quienes permanecen desaparecidos. Los equipos de búsqueda aérea mantienen sus operaciones con la esperanza de encontrar sobrevivientes entre las zonas devastadas.










