Hanwha Aerospace plantea integrar drones de despegue y aterrizaje vertical (VTOL) con el sistema de dirección de tiro del obús autopropulsado K9 Thunder. La intención es que transcurra menos de un minuto desde que se localiza un objetivo hasta que comienza el fuego.
La propuesta contempla que un solo dron se encargue de detectar y seguir el blanco, obtener sus coordenadas y enviarlas directamente al sistema de tiro del K9. Después continuaría sobre la zona para observar los impactos y comprobar los daños.
La principal diferencia frente al procedimiento convencional está en la eliminación de etapas intermedias. Las coordenadas ya no tendrían que circular por unidades de reconocimiento, operadores externos y comunicaciones de voz para terminar introducidas manualmente en el sistema del obús. El UAV transmitiría esa información directamente al K9.
Con esta integración, una secuencia que mediante coordinación manual puede durar entre 15 y 20 minutos podría acortarse de forma considerable. Los sistemas digitalizados ya han permitido completar el proceso en menos de 60 segundos cuando las condiciones son favorables.
El concepto no aumenta la precisión balística de la munición convencional de 155 mm. La mejora se concentra en la rapidez para adquirir el blanco y realizar correcciones después de cada disparo. Una vez observado el primer impacto, el dron podría enviar inmediatamente nuevos datos y establecer si hacen falta más proyectiles. Esto permitiría gastar menos munición y reducir el tiempo durante el cual el obús permanece en su posición.
El dron también mantendría vigilado el objetivo durante toda la misión. Si los primeros impactos consiguen el resultado buscado, los disparos podrían detenerse sin necesidad de completar una cantidad fijada previamente. Si el blanco continúa operativo, sería posible volver a atacarlo sin repetir desde el principio el proceso de adquisición.
Acortar estos tiempos resulta especialmente relevante cuando se trata de objetivos capaces de cambiar rápidamente de posición. Aun así, disponer de coordenadas actualizadas de forma continua no resuelve las limitaciones de los proyectiles convencionales. Después del disparo, estos no pueden modificar su trayectoria para perseguir un vehículo que se desplaza. El tiempo de vuelo, la velocidad del blanco y la munición utilizada siguen condicionando el resultado.
Mantener el UAV en el aire durante toda la operación también añade riesgos ante la guerra electrónica. La transmisión continua de órdenes, telemetría e imágenes prolonga la actividad de radiofrecuencia, lo que puede favorecer la detección, localización o interferencia de la estación de control. De este modo, acelerar la misión de fuego podría reducir el tiempo de exposición física del K9, pero al mismo tiempo incrementar su firma electromagnética.
Todavía no se ha especificado si el UAV despegaría desde el propio K9, desde otro vehículo o desde una unidad separada, ni cómo se repartiría su control entre diferentes estaciones. El concepto se encuadra en la evolución del K9 hacia un sistema de artillería más automatizado y conectado, donde sensores, dirección de tiro y plataformas de fuego comparten datos directamente para acortar al máximo el intervalo entre la localización del objetivo y el disparo.










