Antecedentes
Para contar la historia de la batería de artillería Natran durante la guerra de Yom Kipur, conviene retroceder un poco en el tiempo. Durante la guerra de Desgaste, en 1969-1970, las FDI realizaron incursiones artilleras. No tengo conocimiento de operaciones similares anteriores. Aquellas acciones se realizaron en Siria e incluyeron el transporte aéreo de una fuerza de paracaidistas con morteros de 120 mm, el bombardeo de objetivos y el regreso a territorio israelí.
En la operación Malka 30, la fuerza aterrizó cerca de la base de Qutayfa, al noreste de Damasco, y disparó decenas de proyectiles de mortero contra la base. En otra operación, Shafat 37, también realizada en Siria, se bombardeó con morteros una base de reclutas. Un mortero de 120 mm pesa unos 150 kg y puede ser operado por una dotación relativamente pequeña. Los morteros permiten desplegarse con rapidez y abrir fuego rápidamente contra los objetivos, pero su alcance, de unos 6 a 7 km, obliga a acercarse mucho al blanco. En Malka 30, de hecho, la fuerza aterrizó a solo 3 km del objetivo. El Cuerpo de Artillería tomó nota de aquellas operaciones.
En 1972 yo servía en la Batería A del Batallón 405 como oficial de batería. El Batallón 405 había sido la primera unidad de las FDI en recibir, en 1970, el obús autopropulsado M109 “Rochev”. Antes de eso había operado obuses franceses remolcados de 155 mm. Mientras permanecíamos en la base de retaguardia del batallón, en el campamento Bilu, cerca de Rehovot, entre periodos de instrucción y actividad operativa en la frontera norte, recibimos una misión adicional: incorporar dos cañones D-30 capturados, remolcados, aerotransportables y de 122 mm, desarrollar procedimientos, entrenarnos y quedar preparados para una posible incursión artillera aerotransportada.
El D-30 era muy común en los ejércitos árabes. Era relativamente pesado, unas 3,2 toneladas, pero seguía siendo aerotransportable. Su alcance era de 15,4 km. Dedicamos dos o tres semanas al asunto. Hicimos prácticas de tiro en el campo de instrucción de Khirbet Mahaz y pruebas de carga en Tel Nof, pero no realizamos ejercicios combinados con escuadrones de helicópteros pesados de transporte y, después de aquello, el tema quedó en suspenso.
Introducción
A finales de 1972 o comienzos de 1973, el mando del Cuerpo de Artillería decidió crear una batería Natran específica para operaciones aerotransportadas o lanzadas detrás de las líneas enemigas, equipada con cañones estadounidenses M102 de 105 mm, aptos para transporte aéreo. Se adquirieron cuatro piezas. La nueva batería debía sustituir la función secundaria que hasta entonces había desempeñado la Batería A del Batallón 405. El M102 era un cañón remolcado muy ligero, de unas 1,5 toneladas, con un alcance de 11,5 km. Para disparar debía quedar firmemente anclado al terreno mediante estacas. Este detalle tendría una importancia decisiva en la guerra de Yom Kipur, especialmente durante la operación Pontiac.
En mayo de 1973 fui convocado al mando del Cuerpo de Artillería y recibí la misión de crear la nueva batería y mandarla. Era formalmente la cuarta batería, la Batería D, del Batallón 405, pero al mismo tiempo funcionaba como una unidad completamente independiente, con el número de unidad 474 y correo militar propio. Debido a la naturaleza de sus misiones y necesidades especiales, podía operar y operó directamente con distintos organismos de las FDI. La batería estaba compuesta por oficiales y suboficiales de artillería y por soldados de Nahal. Todos tenían alas de paracaidista.
Entrenamiento
El programa de instrucción comenzó hacia finales de mayo de 1973. En una primera fase, el cuadro de mando de la batería —oficiales y jefes de pieza— se reunió en Tzrifin. En el patio trasero del mando del Cuerpo de Artillería estudiamos por nuestra cuenta los cañones y desarrollamos los procedimientos de operación.
En junio trabajamos con el organismo de desarrollo del mando de Infantería y Paracaidistas en pruebas de carga y embarque de los cañones en Tel Nof. Las pruebas se hicieron en dos configuraciones. En la primera, los cañones plegados y los remolques de munición iban dentro del helicóptero. En la segunda, cañones y munición se transportaban como carga externa suspendida, con la munición colgada debajo del cañón. Para el vuelo, evidentemente, había ventajas claras en llevar tanto los cañones como la munición dentro del helicóptero. Paralelamente, los miembros del cuadro procedentes del Cuerpo de Artillería que aún no tenían alas de paracaidista realizaron el curso de paracaidismo.
A finales de junio subimos a los Altos del Golán, al puesto de mando del Batallón 405 en Quneitra. Allí recibimos a los soldados de la batería, hombres de Nahal próximos a terminar el servicio y ya cualificados como paracaidistas, y los convertimos en artilleros. En julio realizamos el adiestramiento de constitución de la unidad, que comenzó en los Altos del Golán y terminó con un ejercicio completo con fuego real en Khirbet Mahaz.
En agosto realizamos ejercicios combinados con el escuadrón de helicópteros Yasur y con el escuadrón de Super Frelon, principalmente con los Yasur, en Tel Nof y Khirbet Mahaz. Durante uno de los ejercicios nocturnos, usando la configuración de carga suspendida, el helicóptero empezó a despegar. El cañón ya estaba en el aire, pero el piloto no consiguió elevar también el soporte de munición. Según dijo después, sintió que debía elegir entre “el helicóptero o el cañón”, y decidió soltar la carga. El cañón cayó, quedó gravemente dañado y fue inutilizado. Nos quedamos con solo tres piezas operativas.
En septiembre apoyamos ejercicios de unidades de reconocimiento, hicimos un salto de batería y concluimos el ciclo de entrenamiento prestando apoyo a la Brigada 35 durante su ejercicio final en el Néguev, dos semanas antes de la guerra. La batería llegó a la guerra preparada y con un nivel alto de alistamiento.
La guerra de Yom Kipur
El día en que comenzaron los combates nos encontrábamos en la base de retaguardia del Batallón 405, en el campamento Bilu. El batallón, al mando de Aryeh Mizrahi —más tarde jefe del Cuerpo de Artillería— y con Uri Manos como subcomandante, había subido varios días antes a los Altos del Golán para reforzar la línea.
Conviene decir algunas palabras sobre mi batallón. El Batallón 405, con tres baterías de obuses autopropulsados M109 “Rochev”, constituyó una parte importante de la defensa artillera de los Altos del Golán y de la contención de las fuerzas sirias. Sus tres baterías eran tres de las once disponibles al comenzar la guerra. Aryeh Mizrahi, como comandante de artillería de la Brigada 7, desempeñó un papel central en el empleo del fuego artillero en el norte del Golán, el valle de las Lágrimas y el Hermón. Uri Manos rescató con gran valentía a numerosos soldados del batallón después de que la posición de la Batería B fuera arrollada por tanques sirios en el sur del Golán, y recibió una mención por ello. El batallón actuó desde las alturas del Hermón, con el capitán Herzl Cohen, de bendita memoria, como oficial de enlace artillero del Batallón 51 de Golani, durante la reconquista del Hermón, y más tarde llegó hasta Jabal Ataka, en Egipto. Durante la guerra el batallón tuvo 21 muertos, varios heridos y dos de sus soldados cayeron prisioneros.
Nosotros no nos unimos al batallón en los Altos del Golán porque nuestras misiones eran de otra naturaleza. Desde las primeras horas de la mañana escuchamos el rugido de los motores de los aviones de combate en la cercana base de Tel Nof y comprendimos que se aproximaba algo de una magnitud desconocida para nosotros.
No fue hasta la noche del domingo cuando recibí una orden del mando de artillería de la Región Central: la batería quedaba subordinada a la Brigada de Paracaidistas de Reserva 317, al mando de Haim Nadel. Al día siguiente, lunes, me incorporé al comandante de brigada en el Mando Norte, mientras la batería se desplazaba con toda la brigada, se instalaba en la zona de Kiryat Shmona y se preparaba para una posible reconquista del Hermón.
El martes 9 de octubre, a medianoche, recibí una orden de cambio de misión: preparar una sección para desplazarse al aeródromo de Mahanaim. A la mañana siguiente, miércoles 10 de octubre, embarcamos en un avión Hércules y volamos a la base de Tel Nof.
Operación Pontiac
Miércoles 10 de octubre de 1973. Objetivo: Egipto. La situación en el frente era muy dura. Al este del canal se desarrollaban fuertes combates defensivos. El contraataque de las FDI de dos días antes, el 8 de octubre, había fracasado de manera contundente. Shaul Mofaz, comandante de la unidad de reconocimiento de los paracaidistas durante la guerra, publicó años después su diario de guerra, en el que escribió: “El Estado Mayor decidió actuar en la retaguardia enemiga porque la presión en los frentes de los Altos del Golán y del Sinaí era insoportable”.
La misión asignada para aquella noche era bombardear puestos de mando del Tercer Ejército egipcio en la zona del kilómetro 101 de la carretera El Cairo-Suez. El método previsto era aterrizar en helicóptero con dos cañones en Jabal Ataka, al otro lado del canal, unos 20 km al oeste de Suez, efectuar fuego rápido, replegarse y regresar a territorio israelí. Probablemente iba a ser la primera operación terrestre ofensiva de las FDI al oeste del canal desde el comienzo de los combates.
Pasamos el día preparando la operación y recibiendo instrucciones en el escuadrón de Yasur. En las horas previas a la salida acordamos con los pilotos la zona de aterrizaje principal y una alternativa. La elección era difícil no solo porque había que encontrar terreno libre de fuerzas enemigas, ya que en la cordillera había tropas y puestos de observación egipcios, sino también porque era necesario aproximarse desde el sur a muy baja altura para evitar la exposición a misiles tierra-aire desde el norte.
Jabal Ataka es una cordillera montañosa y rocosa, con muy pocas zonas adecuadas para desplegar artillería. Un cañón ligero y remolcado como el nuestro necesitaba una fijación considerable al terreno. Para ello se usaban ocho estacas clavadas alrededor de la base del cañón, dispuestas en forma de roseta y utilizadas también para orientar la pieza. Cada estaca debía introducirse a golpes con un martillo de 5 kg. La naturaleza rocosa del terreno se convirtió en el mayor y más peligroso obstáculo para la operación.
En paralelo, ya en Tel Nof calculamos los datos de tiro para los dos objetivos, que eran relativamente grandes. En los cálculos incorporamos también la información meteorológica de la zona. Como todavía era una época anterior a los computadores de tiro, llevamos además una tabla artillera plegable y un libro de alcances por si el lugar de aterrizaje terminaba siendo diferente del previsto.
La fuerza estaba compuesta por 22 soldados, incluidos varios hombres de Sayeret Matkal encargados de asegurar la zona. El número final de efectivos dependía de la temperatura prevista para aquella noche: cada grado adicional obligaba a reducir 100 kg de peso. Además de los cañones, llevábamos dos remolques con unas 100 municiones. El teniente coronel Amos Yaron, que había regresado de Nueva York solo unas horas antes, fue designado comandante de la operación. El mayor Shimon Rom actuó como comandante de apoyo.
Despegamos de Tel Nof en una noche despejada con 22 combatientes, dos cañones y dos remolques de munición repartidos entre dos helicópteros. El comandante del escuadrón, teniente coronel Yuval Efrat, encabezaba la formación. Los helicópteros iban tan cargados que necesitaron recorrer la pista para ganar velocidad antes de levantar el vuelo.
Volamos sobre un Israel a oscuras, aterrizamos en Refidim para repostar y recibir las últimas instrucciones, y continuamos hacia Ras Sudr. Durante el trayecto los pilotos establecieron contacto con una batería de misiles Hawk de la zona para evitar que nuestras propias fuerzas nos dispararan por error. Cruzamos el golfo de Suez y seguimos hacia el norte a muy baja altura. El helicóptero volaba por los barrancos y seguía el relieve para no exponerse a misiles tierra-aire hasta llegar a la zona de aterrizaje en Jabal Ataka.
Primero aterrizó el helicóptero principal. El mayor Shimon Rom, geólogo de profesión, bajó, examinó el terreno y concluyó que no sería posible clavar las estacas necesarias para estabilizar los cañones. El helicóptero despegó y ambos aparatos volaron hacia la zona alternativa que habíamos establecido en Tel Nof.
El segundo lugar era más adecuado. Los dos helicópteros aterrizaron de manera escalonada, primero el de Yuval y, después de descargar el cañón y la munición, el segundo. Los hombres de Sayeret Matkal se desplegaron en un perímetro defensivo mientras los helicópteros despegaban hacia el sur y se mantenían en espera en el aire.
Entre todos arrastramos los cañones hasta las posiciones de tiro. Dimos la orden de “acción al frente” y empezamos a clavar las estacas. Fue extremadamente difícil por el terreno rocoso. Algunas no pudieron clavarse en absoluto y otras no alcanzaron la profundidad necesaria. Introdujimos los datos en las miras y en poco tiempo estuvimos preparados.
Di la orden de fuego y comenzamos a disparar rápidamente. Primero batimos un objetivo y después el segundo. Al comienzo manteníamos una cadencia de unos diez proyectiles por minuto y luego la reducimos.
Los egipcios no entendían cómo de pronto les estaba cayendo fuego artillero en la retaguardia, en plena noche. Amos Yaron y Shimon Rom intentaron alcanzar un punto desde el que pudieran observar la zona de los objetivos, pero no lograron ver nada porque reinaba una oscuridad absoluta.
Durante el tiro empezaron los problemas. Algunas estacas se rompieron y hubo que sustituirlas. Otras se salieron de su sitio y fue necesario volver a clavarlas. Los golpes de los martillos quedaban ahogados por el estruendo de los disparos. Los cañones retrocedían uno o incluso dos metros, con un peligro grave para las dotaciones, y había que volver a apuntarlos cada cierto tiempo. Como los blancos eran grandes, usamos también un procedimiento de dispersión en el que se desviaba ligeramente el tubo hacia distintos puntos alrededor del objetivo.
Hacia el final del tiro se produjo una avería técnica en uno de los cañones. Se había acumulado una gran cantidad de vainas debajo de la pieza y el tubo no regresó a su posición después del retroceso. Continuamos disparando con un solo cañón.
Después de unos 90 proyectiles y unos 50 minutos desde el aterrizaje, ordené cesar el fuego y comenzamos a prepararnos para el repliegue. Llamamos a los helicópteros para que se acercaran, pero una nube muy densa apareció de repente y quedó asentada sobre la montaña, impidiéndoles aproximarse para aterrizar. Encendimos una baliza y disparamos bengalas, pero las bengalas no atravesaban la pantalla de niebla. Los helicópteros hicieron varios intentos de penetrarla, sin éxito. Tenían poco combustible y ya no quedaba margen para muchos intentos más.
Si los helicópteros hubieran tenido que volver a Israel sin nosotros, todos habríamos quedado expuestos sobre la montaña durante otras 24 horas, a plena luz del día y hasta la noche siguiente, con posibilidades muy bajas de sobrevivir porque nuestra posición ya había quedado revelada al abrir fuego.
En cierto momento, el comandante del escuadrón, Yuval Efrat, decidió que el riesgo era demasiado alto y que solo él intentaría aterrizar mientras el segundo helicóptero permanecía esperando en el aire. Su aparato avanzó lentamente, a muy baja altura. Podíamos oír el rugido de los motores, pero no veíamos nada.
Yuval realizó la aproximación con un valor extraordinario, arriesgándose a estrellarse, mientras nosotros estábamos en tierra mirando y sabiendo que el destino de todos dependía de su determinación. Cuando lo oímos ya muy cerca, encendió el reflector del helicóptero. Solo entonces pudimos volver a ver el enorme aparato emergiendo de la oscuridad a muy baja altura y entrando al aterrizaje.
La aproximación y el aterrizaje consumieron mucho tiempo. Como el combustible se agotaba, empezamos a plegar rápidamente los dos cañones y a meter a todos los hombres en un solo helicóptero. Con el esfuerzo conjunto conseguimos cargar la primera pieza, pero entonces se rompió el cable de arrastre de carga del helicóptero y no pudimos subir el segundo cañón.
Yuval levantó el aparato apenas unos metros y volvió a aterrizar cerca de una pendiente, de manera que el helicóptero quedó fuertemente inclinado hacia delante. Solo así pudimos cargar el segundo cañón. Nos apretamos todos dentro de un solo helicóptero. Los remolques de munición quedaron sobre el terreno porque ya no había espacio.
Llegamos a Refidim con las últimas gotas de combustible y, después de repostar, continuamos hasta Tel Nof. Al día siguiente recibimos un informe de inteligencia que señalaba que la operación había tenido éxito y que los objetivos habían recibido impactos efectivos. Al mismo tiempo supimos que los egipcios conocían de antemano la operación prevista, pero no utilizaron esa información ni nos prepararon una emboscada.
Después de la guerra, el teniente coronel Yuval Efrat, que recibió la Medalla por Servicio Distinguido por la operación de extracción, me escribió: “Yo, personalmente, nunca olvidaré a aquellos 22 soldados sobre la montaña, esperando en silencio, bajo la densa niebla de una noche de luna egipcia, en la cima de una montaña aislada. Esperaban en silencio al aparato que debía evacuarlos y que no podía atravesar la pantalla de niebla, como quien espera su destino. Y yo sabía, con mis manos, con mi corazón y en lo más profundo de mi alma, que este mando del aparato que sostenía sería el bastón que nos conduciría a casa o la hoz que se alzaría sobre nosotros”.
Lecciones
Como no teníamos capacidad para influir de manera sustancial en la elección del terreno de aterrizaje y habíamos encontrado enormes dificultades para cargar los cañones, al finalizar la operación recibimos una “mula mecánica” y comenzamos de inmediato una serie de ejercicios de carga y descarga mediante arrastre y empuje. Además, los remolques de munición habían sido muy difíciles de mover, por lo que fueron modificados y recibieron ruedas de mayor tamaño.
Operación Abulafia
Durante los días siguientes recibimos alertas para nuevas operaciones que finalmente no se ejecutaron. En la noche del 17 de octubre, víspera del cruce del canal, salimos a una operación similar en la misma zona, esta vez también con la mula mecánica y tres remolques de munición mejorados.
Los dos helicópteros aterrizaron esta vez de manera simultánea y en poco tiempo estuvimos preparados para disparar. Lanzamos unos 120 proyectiles contra dos objetivos. También en esta operación los cañones “saltaban” de su posición, hasta el punto de existir riesgo de vuelco, y las dotaciones trabajaron en condiciones peligrosas.
Al terminar la acción, los helicópteros se aproximaron para aterrizar. La mula mecánica y los remolques mejorados demostraron su utilidad y el repliegue fue rápido y fluido. En cierto momento, los egipcios dispararon misiles tierra-aire que explotaron por encima de nosotros.
Durante el vuelo de regreso, a baja altura, recibimos fuego de ametralladoras de una fuerza egipcia sobre la que pasamos. Hubo impactos en las palas y en el fuselaje del helicóptero. Más tarde se supo que, durante las maniobras evasivas, los dos helicópteros estuvieron muy cerca de chocar entre sí. Al día siguiente recibimos una actualización de inteligencia que confirmaba el éxito de la operación.
Conclusión
Las dos incursiones artilleras estuvieron entre las pocas operaciones nocturnas ejecutadas por fuerzas especiales durante la guerra de Yom Kipur y probablemente fueron la única operación de fuerzas especiales en la retaguardia enemiga que se completó con éxito. Su propósito era aliviar la presión en el frente del canal durante los días más duros y decisivos de la guerra antes del cruce, alterar los dispositivos de retaguardia egipcios y obligarlos a desviar atención desde el frente hacia su propio territorio.
Terminaré con las últimas palabras de la carta del teniente coronel Yuval Efrat: “Yehonatan, me gustaría mucho creer que no volveremos a combatir., pero como probablemente esa plegaria no será aceptada, solo deseo para mí una cosa: que siempre tenga el privilegio de participar en acciones grandes como estas junto a personas valientes como ustedes”.










