El Banco de Israel redujo por tercera vez consecutiva su tasa de interés, hasta el 3,25%, en una decisión que el gobernador Amir Yaron vinculó con la moderación de la actividad económica, la baja inflación y la fortaleza del séquel.
La inflación se sitúa actualmente en el 1,5%, por debajo del centro del objetivo del 2%. Aunque el banco central espera un repunte en los próximos meses, prevé que se mantenga alrededor de ese nivel en un horizonte de seis meses a un año.
La decisión sorprendió al mercado, que asignaba una probabilidad cercana al 40% a un nuevo recorte, y se produce mientras las tasas de interés suben en Estados Unidos y Europa.
Yaron destacó que las cifras generales de crecimiento de Israel ocultan una expansión más débil de la actividad interna. El PIB aumentó un 15,4% anualizado en el segundo trimestre frente al trimestre anterior, marcado por la guerra con Irán, pero al excluir la producción de empresas israelíes en el extranjero el avance respecto del último trimestre de 2025 fue del 3,8%.
Las revisiones de la Oficina Central de Estadística también muestran que, desde comienzos de 2023, el crecimiento anual sin esa producción exterior fue del 1,8%. A ello se suman señales de moderación en las exportaciones y una disminución de las restricciones tanto de oferta como de demanda.
“La actividad sin producción en el extranjero es más que moderada”, señaló Yaron. El fortalecimiento del séquel también contribuye a contener los precios, aunque el banco central considera que su impacto completo sobre la inflación todavía no se ha manifestado.
La tasa actual se acerca además al 3% que el Banco de Israel había proyectado en julio para mediados de 2027. Yaron, sin embargo, sostuvo que futuros recortes dependerán de la evolución de los datos y que la próxima previsión será publicada junto con una nueva decisión de política monetaria.
El gobernador también advirtió sobre las presiones fiscales derivadas de un posible aumento adicional del gasto en defensa. A su juicio, cualquier gobierno deberá compatibilizar esas necesidades con una reducción de la relación entre deuda y PIB y con la preservación del gasto civil esencial.
Un incremento permanente del presupuesto militar, sostuvo, terminaría reflejándose en mayores impuestos, recortes de otros gastos o mayores presiones futuras sobre las tasas de interés y la inflación.
Yaron defendió además la necesidad de preservar recursos para educación, infraestructura de transporte y vivienda, a los que calificó como motores esenciales del crecimiento. “No existe un límite presupuestario ni almuerzos gratis”, afirmó al reclamar eficiencia y moderación en las nuevas inversiones de defensa.










