El incidente en el vuelo de Flydubai de Dubái a Israel, en el que uno de los pilotos fue apuñalado y se activó una señal de emergencia, puso en marcha los sistemas israelíes de aviación y seguridad previstos para una aeronave sospechosa que se aproxima al espacio aéreo del país.
Todo piloto que se acerca al espacio aéreo israelí debe atravesar dos puntos de control situados a distintas distancias de la frontera. En el primero se autoriza la aproximación y en el segundo se habilita la llegada para el aterrizaje. En ambos, el piloto debe identificarse ante el control israelí mediante un código conocido y acordado, con el fin de verificar que la aeronave dispone de licencia vigente y de las autorizaciones correspondientes.
El primer punto está lo bastante alejado de Israel como para permitir una respuesta militar si el piloto no se identifica o si surge una situación anómala. En ese caso pueden despegar cazas para una misión de intercepción, sin que ello implique necesariamente derribar el avión. También puede ocurrir que un fallo técnico impida a la tripulación establecer contacto por radio.
Ante una situación extrema, los pilotos de combate intentan establecer contacto mediante procedimientos conocidos por ambas partes, con especial atención al contacto visual. Antes del vuelo existe un procedimiento por el que el capitán pide a los pasajeros abrir las ventanillas para que, si fuese necesario, los pilotos de combate situados a ambos lados del avión puedan observar lo que ocurre a lo largo de la aeronave y dentro de la cabina. La tripulación también conoce señales acordadas para comunicar lo que sucede, además de la radio y los botones de emergencia.
La distancia disponible permite a la Fuerza Aérea ejecutar varias comprobaciones antes de una decisión final. El proceso puede avanzar desde la vigilancia, la identificación, la verificación y la intercepción hasta, en un caso excepcional, el derribo.
En el caso del vuelo de Flydubai, la señal de emergencia se activó cuando el avión todavía se encontraba a gran distancia del espacio aéreo israelí. Aun así, la alerta puso automáticamente en marcha los sistemas israelíes de aviación y seguridad.
Un exoficial de alto rango de la Fuerza Aérea explicó que los organismos y responsables implicados entrenan este tipo de escenario con márgenes de minutos para responder con precisión ante un posible caso de terrorismo aéreo.
En un escenario de ese tipo, en muy poco tiempo se establece una conferencia entre el primer ministro, el ministro de Defensa, el jefe del Estado Mayor y el comandante de la Fuerza Aérea. Los datos se presentan de forma breve y el primer ministro es la única autoridad que puede ordenar el derribo. El exoficial subrayó que la decisión no pasa por asistentes ni intermediarios y que el primer ministro debe estar directamente en la comunicación.
Si una aeronave civil supera el primer punto, continúa hacia el espacio aéreo israelí y no responde a las señales de los cazas, puede llegar el momento en que el primer ministro tenga que decidir si ordena derribarla. El exoficial resumió el dilema al comparar el derribo de un avión con 175 pasajeros con la posibilidad de que una aeronave civil con esos mismos 175 ocupantes se estrelle contra las torres Azrieli y cause mil muertos.
Por esa razón, añadió, desde el momento en que despegan los cazas permanecen en la comunicación el primer ministro, el ministro de Defensa, el jefe del Estado Mayor y el comandante de la Fuerza Aérea.










