Cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu sube a la tribuna de la Asamblea general de la ONU, la atención no se dirige únicamente a lo que dirá. Con los años, los objetos, mapas y gestos que lleva consigo también se han convertido en una parte inseparable del discurso y, en ocasiones, son precisamente ellos los que permanecen en la memoria mucho después de que termina la intervención.
Una bomba dibujada, un marcador rojo, mapas, fotografías, un silencio prolongado e incluso un código QR que podía escanearse con el teléfono. Con los años, Netanyahu convirtió la tribuna de Nueva York no solo en un espacio diplomático, sino también en un escenario visual donde un mensaje complejo se concentraba a veces en una sola imagen.
Uno de los momentos más identificados con él llegó en septiembre de 2012. Durante su discurso sobre el programa nuclear iraní, Netanyahu sacó un diagrama de una bomba dibujada y marcó sobre ella con un rotulador rojo lo que presentó como la “línea roja” que debía fijarse ante Irán. La imagen se convirtió en cuestión de horas en uno de los símbolos más reconocibles de la campaña israelí contra el programa nuclear iraní y generó amplia repercusión mediática en todo el mundo.
Tres años después, en un discurso pronunciado en el contexto del acuerdo nuclear con Irán, Netanyahu llegó sin un gran diagrama, pero creó otro tipo de momento visual. Después de afirmar que la respuesta del mundo a las amenazas de Irán de destruir a Israel había sido un “silencio absoluto”, interrumpió su discurso y permaneció en silencio durante 44 segundos frente a los representantes de los países presentes en la sala.
En 2018 volvieron los apoyos visuales. Netanyahu se refirió al archivo nuclear iraní llevado a Israel y mostró desde la tribuna de la ONU mapas y fotografías. En aquel mismo discurso también reveló, según afirmó, otra instalación nuclear secreta en Teherán y mostró su ubicación ante el mundo.
En septiembre de 2023 volvió el rotulador, pero esta vez el mensaje era diferente. Netanyahu presentó un mapa de lo que llamó el “nuevo Oriente Medio” y marcó en él un futuro corredor que conectaría India con Europa a través de países árabes e Israel. A diferencia de las advertencias que habían caracterizado algunos discursos anteriores, en esta ocasión el recurso visual pretendía mostrar una visión regional de conexión económica y normalización.
Un año después, en plena guerra, Netanyahu llegó con dos mapas denominados “la bendición” y “la maldición”. Uno mostraba la posibilidad de cooperación regional y el otro, el eje de amenazas encabezado por Irán. Durante aquel discurso advirtió que Israel tenía capacidad para llegar a cualquier lugar de Oriente Medio.
Aquel día se volvió aún más dramático fuera de la sala. Poco después de su discurso, la Fuerza Aérea israelí atacó el cuartel general central de Hezbolá en Dahiyeh, Beirut, en un ataque en el que murió el secretario general de la organización, Hassan Nasrallah.
En 2025, el accesorio ya era lo bastante pequeño como para llevarlo en la solapa del traje. Netanyahu lució un gran código QR y pidió a los presentes que levantaran sus teléfonos y lo escanearan. El código dirigía a contenidos relacionados con el ataque del 7 de octubre, como parte de un intento por devolver aquellos acontecimientos al centro del debate internacional.
Netanyahu, por supuesto, no inventó el uso de objetos y demostraciones desde la tribuna de la ONU. A lo largo de los años, distintos dirigentes han acudido a ella con documentos, libros y objetos, y en ocasiones incluso han convertido el discurso en una auténtica puesta en escena política. En el caso de Netanyahu, sin embargo, el uso del recurso visual se convirtió en un patrón recurrente: tomar un mensaje político o de seguridad complejo, reducirlo a un solo símbolo e intentar convertirlo en una imagen que permaneciera en la memoria.
La bomba pretendía advertir, el silencio ilustrar, el mapa mostrar una visión y el código QR recordar. Ahora Netanyahu vuelve una vez más a la tribuna de la ONU, después de haber declarado ya que pretende utilizar el discurso para presentar la posición de Israel y responder a las críticas internacionales.
Y la pregunta que queda abierta es la misma que se repite casi cada vez que llega a Nueva York: ¿qué recurso sacará Netanyahu esta vez y logrará nuevamente producir la imagen que quede grabada en la memoria mundial?










