Las fuerzas militares israelíes desmantelaron por completo la red de túneles subterráneos de Hezbolá en la cresta de Ali al-Taher. Esta operación marca la consolidación definitiva de una zona de seguridad en el sur del territorio libanés.
Tras asegurar el control operativo de la superficie y el subsuelo, se procedió a la destrucción de esta compleja infraestructura. El objetivo principal es neutralizar cualquier capacidad operativa que permita planificar ataques sorpresa contra civiles o tropas.
El complejo terrorista se extendía a lo largo de más de dos kilómetros. En su interior se descubrió un vasto arsenal que incluía cohetes de fabricación iraní, misiles, drones, ametralladoras y cientos de explosivos. Además, el lugar albergaba el centro de mando principal de la unidad Badr de Hezbolá. Estas instalaciones contaban con salas de mando, depósitos de armamento y áreas residenciales diseñadas para sostener operaciones prolongadas bajo tierra.
La construcción de este bastión estratégico tomó más de dos décadas, con financiamiento y planificación del régimen iraní. Su propósito original era servir como plataforma para una eventual invasión de la región de Galilea, permitiendo además la observación directa y el control de fuego sobre las localidades de Metula y Kiryat Shmona.
Tras la demolición de la base, los equipos de defensa se preparan para asegurar la zona y evitar el regreso de las fuerzas enemigas. La presencia militar se mantendrá en esta franja para seguir desmantelando infraestructuras similares e impedir que la organización recupere sus antiguas capacidades operativas.
La protección de las comunidades del norte continuará realizándose desde el interior del Líbano, respondiendo con firmeza ante cualquier amenaza, todo ello mientras se mantiene el compromiso general con el acuerdo de cese al fuego establecido.










