Arabia Saudita interceptó el 15 de septiembre un dron hutí antes de que ingresara en el espacio aéreo de La Meca. Las autoridades saudíes dijeron que sus defensas antiaéreas destruyeron el aparato al sur de la ciudad, en un nuevo ataque atribuido a los hutíes respaldados por Irán.
La interceptación ocurrió pocos días después de que las fuerzas hutíes avanzaran sobre la costa del mar Rojo y tomaran islas próximas al estrecho de Bab al-Mandab. Ese avance mostró la presión que el grupo ejerce sobre Arabia Saudita y sobre las fuerzas yemeníes respaldadas por el gobierno.
El mayor general Turki Al-Malki, portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen, calificó la amenaza contra La Meca como una “línea roja”. Las autoridades saudíes subrayaron el carácter religioso de la ciudad y sostuvieron que un ataque en sus proximidades afecta a millones de musulmanes.
La amenaza contra La Meca se suma a otros ataques recientes vinculados con fuerzas respaldadas por Irán. Entre ellos figura el ataque contra el oleoducto saudí Este-Oeste, que transporta crudo hacia Yanbu, además de acciones contra Khamis Mushait, Abha y Taif.
Arabia Saudita informó que 13 civiles resultaron heridos en ataques del lunes contra su territorio. En la semana anterior, más de 70 personas, entre ellas mujeres y niños, resultaron heridas en varias ciudades y poblaciones saudíes. El Reino también cerró de forma temporal su oleoducto Este-Oeste después de ataques con drones en las regiones de Riad y Medina.
El episodio ocurrió después de la visita a Jeddah del comandante del Comando Central de Estados Unidos, el almirante Brad Cooper, quien se reunió con el príncipe heredero Mohammed bin Salman. El príncipe heredero viajó después a El Cairo para reunirse con el presidente egipcio Abdul Fattah al-Sisi.
También se informó de conversaciones entre Israel y Arabia Saudita con mediación del CENTCOM estadounidense para ayudar a Riad a mejorar su defensa frente a las fuerzas hutíes mediante asistencia de inteligencia.
La coalición saudí recordó además que en 2017 sus defensas interceptaron un misil balístico lanzado hacia La Meca. El proyectil fue derribado sobre Al-Wasliya, en la provincia de Taif, sin daños ni heridos reportados.
En Yemen, el avance hutí sobre las zonas costeras expuso la debilidad de las fuerzas gubernamentales, que retrocedieron ante la ofensiva. Después de esas conquistas, los hutíes comenzaron a reforzar sus posiciones con túneles y trincheras ante la posibilidad de una contraofensiva.
La expansión de los ataques también añade presión sobre el transporte y el suministro de petróleo. Una interrupción prolongada podría afectar los precios y aumentar la presión sobre Arabia Saudita, Estados Unidos y otros países occidentales.
En Irak, las autoridades no han identificado sospechosos por los ataques contra el oleoducto saudí. El gobierno iraquí ha señalado a un grupo pequeño como responsable, mientras el primer ministro se encuentra de gira por Europa.
La secuencia de ataques deja a Riad ante una decisión sobre su estrategia en Yemen: mantener la respuesta actual o reforzar su apoyo al gobierno yemení frente a los hutíes.










