Los continuos bombardeos militares estadounidenses carecen de capacidad para ejercer un impacto significativo sobre el Gobierno de Irán o forzarlo a adoptar una postura más flexible en las negociaciones. A esta conclusión llegó una reciente evaluación de inteligencia descrita por funcionarios y exfuncionarios de Estados Unidos, quienes hablaron bajo condición de anonimato por la naturaleza delicada del informe. El análisis subraya el estancamiento de la estrategia de ataques del presidente Donald Trump, en medio de un conflicto que él y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, iniciaron a finales de febrero.
En la actualidad, Washington y Teherán se encuentran atrapados en un limbo indefinido entre la paz y la guerra, un equilibrio precario marcado por represalias mutuas que causan cada vez más muertes. Las agencias estadounidenses advierten que una escalada, como un posible despliegue de tropas terrestres, carece de garantías de éxito militar y conlleva graves riesgos políticos para el mandatario ante la profunda impopularidad de la guerra en su país.
Este diagnóstico, elaborado principalmente por la CIA, no emite predicciones categóricas. Su propósito es retratar las tendencias actuales a partir de toda la información clasificada disponible, lo que incluye espionaje humano, sistemas técnicos de recopilación y fuentes abiertas. La agencia de inteligencia rechazó hacer comentarios al respecto.
La inteligencia estadounidense duda de que los bombardeos dobleguen a Irán. La evaluación sostiene que los ataques no han logrado flexibilizar la posición de Teherán y que una escalada tampoco garantiza el éxito militar.
Sobre el terreno, las hostilidades recuperaron fuerza tras el fracaso del alto el fuego acordado en abril. Dicho pacto pretendía poner fin a los combates y reabrir el estrecho de Ormuz, un paso estratégico del golfo Pérsico para las exportaciones de petróleo y otros productos. No obstante, el acuerdo se desmoronó por disputas sobre el control de la vía marítima, lo que obligó a aplazar las discusiones sobre los asuntos centrales. Como consecuencia de la reanudación de la violencia, el Ejército estadounidense informó el fin de semana pasado que dos de sus militares murieron el viernes a causa de un ataque iraní contra una base aérea en Jordania.
En respuesta, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), responsable de las operaciones regionales, anunció el lunes nuevos ataques que Trump presentó como represalia por ambas bajas. Estas acciones supusieron la novena noche ininterrumpida de bombardeos sobre Irán y, para la tarde de ese mismo día, la entidad militar notificó el inicio de una décima oleada. Irán intentó efectuar sus propias réplicas durante la mañana del lunes, pero Kuwait y Baréin afirmaron haber interceptado las ofensivas aéreas.
La inestabilidad bélica repercute también en otros frentes de Oriente Medio. La milicia hutí de Yemen, organización respaldada por Irán, anunció la imposición de un embargo marítimo contra Arabia Saudí. Esta amenaza afecta al estratégico estrecho de Bab el-Mandeb, un corredor situado entre la península arábiga y África que conecta con el canal de Suez.
Ante el riesgo de que estalle una guerra regional más amplia, un análisis previo de la CIA concluido en mayo ya anticipaba la resiliencia iraní. El documento determinó que Teherán podría soportar un bloqueo naval estadounidense durante al menos tres o cuatro meses antes de sufrir dificultades económicas severas. Los analistas destacaron además la capacidad del régimen para mantenerse en el poder, incluso tras perder numerosos altos dirigentes y buena parte de su arsenal debido a las operaciones de Estados Unidos e Israel.
La presión militar no logra doblegar la posición iraní
Jonathan Panikoff, exsubdirector nacional de Inteligencia de Estados Unidos para Oriente Próximo, indicó que la administración Trump parece creer que castigar militarmente a Irán con mayor dureza volverá más flexible al país asiático. “Es casi seguro que esa evaluación es errónea”, afirmó el actual director principal del centro de estudios Atlantic Council. El experto detalló que la prioridad innegociable de Teherán es la supervivencia del régimen, por la cual el Gobierno está dispuesto a soportar los bombardeos pese al daño que estos provocan en su población y su economía.
“Me cuesta encontrar una respuesta, porque no creo que Estados Unidos disponga de muchas opciones buenas”, admitió Panikoff, quien cuestionó la posibilidad de que se ordene una invasión terrestre. En cambio, advirtió que la guerra registrará episodios de fuerte intensificación, seguidos por periodos de calma y posteriores reactivaciones de los combates.
Esta dinámica va de la mano con la rigidez diplomática observada en rondas anteriores, donde los iraníes demostraron ser negociadores obstinados en cuestiones esenciales como su programa nuclear. A esto se suma la desconfianza mutua: el Gobierno estadounidense llegó a afirmar de forma reiterada que Irán había aceptado sus exigencias, solo para que Teherán negara después la existencia de cualquier acuerdo.
Washington y Teherán mantienen abierta la vía diplomática
Pese al fuego cruzado, ambas partes han manifestado disposición para retomar las negociaciones, aunque sin reportar avances. Esmaeil Baghaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, comunicó el lunes, durante una conferencia de prensa en Teherán, que su capital recibió mensajes de Washington por medio de intermediarios de Qatar. “Hemos recibido mensajes. No entraré en detalles, pero lo principal es que el aparato diplomático ha mantenido una actividad intensa durante los últimos días y que ciertos mediadores nos han transmitido algunas ideas”, aseveró Baghaei en declaraciones recogidas por medios de comunicación de su país.
Por parte de Estados Unidos, el secretario de Estado, Marco Rubio, sostuvo que se mantiene abierta la posibilidad de una solución diplomática. El domingo por la noche, antes de partir hacia Filipinas, declaró a los periodistas que existen sectores en el Gobierno iraní favorables al diálogo que han enviado mensajes directos, pero señaló que los grupos más duros se han interpuesto en el proceso. “Siguen enviando señales de que quieren hablar y negociar, pero nosotros respondemos a su conducta, y su conducta consiste en lanzar misiles y drones contra buques, incluso esta noche”, puntualizó.
Funcionarios estadounidenses aseguran observar crecientes tensiones internas en Teherán. La fractura divide a las facciones que Washington considera pragmáticas de los sectores más radicales, como el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y otras instituciones cuya influencia ha aumentado. El secretario de Estado reconoció que “existe una tensión” con dicha ala radical que se opone a la diplomacia y admitió ignorar qué ocurriría si esta logra imponerse. “No creo que sea bueno para Irán. Quiero decir, la economía iraní está hecha pedazos, ¿verdad?”, reflexionó Rubio.
En medio de esta pugna interna, declaraciones difundidas durante el fin de semana mostraron una postura inflexible en la cúpula del poder. Tanto el líder supremo, Mojtaba Jamenei, como Mohammad Bagher Ghalibaf —principal negociador iraní en pasadas conversaciones con Estados Unidos— reclamaron públicamente unidad como “condición necesaria para alcanzar la victoria en la lucha contra el enemigo”.









