Más de 800.000 personas desplazadas por la guerra en el Líbano han comenzado a regresar a sus localidades de origen después de una pausa en la violencia entre Israel y Hezbolá, informó Naciones Unidas el martes por la noche.
El retorno coincide con una nueva ronda de conversaciones entre representantes libaneses e israelíes en Roma, bajo el auspicio de Estados Unidos. Las negociaciones, previstas hasta el jueves, buscan poner fin a los combates. Beirut reclama una retirada gradual de Israel del sur del país, mientras Hezbolá ha calificado el proceso de “humillación” para el Líbano.
La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) señaló que “821.077 personas habían emprendido el regreso a sus zonas de origen hasta el 30 de julio”. Otras 360.000 continuaban desplazadas y alrededor de 26.000 permanecían en refugios administrados por el Gobierno.
El regreso se desarrolla en medio de graves daños en los servicios básicos. Según la OCHA, la destrucción de infraestructura eléctrica e hídrica ha limitado seriamente el acceso al agua de más de 700.000 habitantes del sur del Líbano, donde vivía la mayoría de las personas obligadas a abandonar sus hogares.
Volker Türk, alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos, recorrió la semana pasada esa zona y denunció la destrucción generalizada de ciudades y pueblos por parte de Israel. A su juicio, algunas de esas acciones podrían constituir crímenes de guerra.
“Las demoliciones de este tipo levantan serias sospechas sobre el cumplimiento del derecho internacional humanitario”, afirmó Türk, quien describió lo ocurrido como una “destrucción masiva” de viviendas civiles.
El alto comisionado, que también ha condenado los ataques de Hezbolá contra localidades del norte de Israel, pidió que termine la presencia israelí en el sur del Líbano y que los desplazados puedan volver en condiciones de seguridad.
“Ayer conocí a un hombre que me contó que había regresado a su pueblo en esta zona, al sur de la llamada línea amarilla”, relató la semana pasada. “Los israelíes estaban allí, le impidieron acercarse y vio cómo demolían el pueblo”.
Israel sostiene que sus ataques se dirigen contra miembros e infraestructura de Hezbolá y acusa al grupo de operar entre la población civil. Sin embargo, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, afirmó la semana pasada que las fuerzas de su país habían destruido por completo veinticuatro pueblos históricos del sur libanés porque, según alegó, sus habitantes actuaban en nombre de Hezbolá.
“Veinticuatro pueblos libaneses con cientos de años de antigüedad, con residentes chiitas que actuaron como enemigos [de Israel] en nombre de Hezbolá y amenazaron nuestras fronteras y a nuestros ciudadanos; destruimos todos sus edificios”, declaró Katz durante una conferencia auspiciada por Canal 14, una cadena de noticias progubernamental.
“No una casa a la vez. La totalidad de esos pueblos: su demolición se ha completado. Hablamos de 15.000 a 20.000 hogares”, añadió.
La guerra más reciente comenzó el 2 de marzo, cuando Hezbolá lanzó cohetes contra Israel en apoyo de Irán, su principal patrocinador. Israel respondió con una campaña aérea y una invasión terrestre del sur del Líbano.
Más de un millón de libaneses tuvieron que abandonar sus hogares y más de 4.300 personas murieron, según las autoridades del país. Esas cifras no distinguen entre civiles y combatientes.
Israel informó a finales del mes pasado que había matado al menos a 2.500 miembros de Hezbolá, entre ellos cientos de integrantes de la Fuerza Radwan, la unidad de élite del grupo terrorista.
La dirigencia política libanesa ha acusado a Hezbolá de arrastrar al país a otra guerra, aunque también ha condenado los ataques israelíes y la incursión terrestre. El grupo rechaza de forma tajante las conversaciones y cualquier acuerdo con Israel, pero hasta ahora no ha intentado impedir el proceso mediante acciones militares.






