Estados Unidos e Irán vuelven a intentar una salida diplomática a su conflicto, con el estrecho de Ormuz como uno de los asuntos centrales de las conversaciones, según los reportes. Apenas unas semanas después de que el monte Hamakosh figurara entre los principales objetivos de Washington, todo indica que Teherán logró apartar la atención de Trump de una de las instalaciones nucleares más críticas.
La muestra más clara de ese resultado es que Irán no tuvo que interrumpir las actividades en el lugar. Por el contrario, evaluaciones de distintas agencias de inteligencia occidentales sostienen que los trabajos en el monte Hamakosh continúan a gran intensidad y que las autoridades iraníes procuran poner en funcionamiento este peligroso complejo nuclear.
La situación respondería, en realidad, a una estrategia de distracción con la que Irán busca controlar el debate mediático. El régimen intenta desplazar el foco de la prensa desde su programa nuclear hacia los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, con el objetivo de concentrar en esas rutas marítimas la narrativa y la atención pública.
Al mismo tiempo, los iraníes persiguen otro objetivo de similar importancia: ganar tiempo hasta noviembre, cuando se celebrarán las elecciones legislativas de medio mandato del presidente Trump. Para ello mantienen una posición inflexible, mientras la Guardia Revolucionaria transmite un mensaje inequívoco: “Nosotros tenemos el control de la situación y no cederemos ni un centímetro”.






