Ehud Olmert relató que la pista que terminó con el descubrimiento del reactor nuclear sirio de al-Kibar nació de la insistencia de una oficial del Mossad conocida como “Anat”. Durante su formación, ella consideró que existían indicios de actividad nuclear en Siria y pidió trabajar en ese frente en vez de concentrarse en Irán.
Olmert dijo que sus superiores rechazaron inicialmente esa hipótesis. Dos operaciones relacionadas con Ibrahim Othman, jefe de la Comisión de Energía Atómica de Siria, no habían aportado pruebas de un programa nuclear. Anat mantuvo su línea de trabajo pese a esas objeciones y llegó a afrontar una audiencia interna. Permaneció en el Mossad y más tarde ocupó un cargo de alto nivel.
Meir Dagan, entonces jefe del Mossad, la incluyó después en una reunión sobre la operación que condujo al hallazgo del reactor, pese a su rango inferior. Olmert recordó que Dagan buscaba escuchar a personas capaces de aportar información distinta de la que ya circulaba dentro de la organización.
La inteligencia llegó finalmente a Olmert cuando ejercía como primer ministro. En una reunión participaron Dagan, Tamir Pardo, Amnon Sofrin y otro funcionario del Mossad cuya identidad seguía clasificada. Tras recibir la información, Olmert convocó a sus asesores Yoram Turbowicz y Shalom Turgeman y les dijo que había un reactor nuclear en Siria y que Israel lo destruiría.
Israel preparó la operación ante la posibilidad de una guerra con Siria. Olmert afirmó que también se examinó la opción de secuestrar a Othman para obtener pruebas que demostraran que Siria había construido un reactor nuclear. El ataque aéreo contra la instalación de al-Kibar, en el este de Siria, se ejecutó en septiembre de 2007. Israel reconoció su responsabilidad en 2018.
Olmert sostuvo que el secreto era esencial porque la ventaja estratégica dependía de que Siria no supiera que Israel había descubierto el proyecto. Calculó que unas 2.500 personas conocían la vigilancia vinculada al reactor. Quienes participaron debían firmar documentos que advertían de una investigación del Shin Bet en caso de filtración.
También explicó que trasladó reuniones sensibles desde la Oficina del primer ministro hasta su residencia oficial para reducir el riesgo de exposición. Recordó que el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, destacó que la información no se hubiera filtrado desde Israel.
Olmert describió un eventual arsenal nuclear sirio como una amenaza existencial para Israel. Aclaró que no creía necesariamente que Bashar al-Assad hubiera utilizado un arma nuclear contra Israel, pero sostuvo que no podía asumir ese riesgo. Añadió que, aun con conocimiento del reactor, mantuvo abierta la posibilidad de un acuerdo de paz con Assad sobre los Altos del Golán.
En su comparación con otras amenazas, Olmert distinguió entre un ataque convencional y uno nuclear. Afirmó que Israel podría recuperarse de una agresión convencional, mientras que un ataque nuclear tendría consecuencias de una escala distinta. También dijo que vivir bajo una amenaza nuclear podría afectar a la sociedad israelí e incluso impulsar a personas a abandonar el país.
Al final de la entrevista, Olmert expresó una visión menos pesimista sobre la evolución regional. Citó el cambio de relación entre Israel y los Estados del Golfo y sostuvo que Israel debe protegerse, pero a la vez mantener abierta la posibilidad del diálogo.










