La activista iraní Narges Mohammadi, Premio Nobel de la Paz 2023, fue trasladada de urgencia desde la prisión de Zanjan a un hospital del noroeste de Irán después de sufrir dos desmayos y una grave crisis cardíaca, según informó este viernes la fundación que lleva su nombre.
La organización sostuvo que el ingreso se produjo tras un “deterioro catastrófico” de su estado de salud y denunció que la atención llegó después de “140 días de negligencia médica sistemática”, contados desde su arresto el 12 de diciembre. Añadió que los médicos de la prisión concluyeron que su situación ya no podía ser tratada allí, pese a que existían recomendaciones previas para que recibiera atención de su equipo especializado en Teherán.
De acuerdo con la fundación, Mohammadi se desmayó dos veces durante la jornada en la cárcel de Zanjan. Su familia llevaba semanas reclamando que fuera derivada a un centro médico adecuado. Citando a sus allegados, la entidad afirmó que el traslado al hospital de Zanjan fue “una acción desesperada, ‘de último minuto’, que puede llegar demasiado tarde para atender sus necesidades críticas”.
Hamidreza Mohammadi, hermano de la defensora de derechos humanos y residente en Oslo, aseguró en un mensaje de audio compartido con The Associated Press que la familia está “luchando por su vida”. “Mi familia en Irán está haciendo todo lo que puede. Pero los fiscales en Zanjan lo están bloqueando todo”, dijo.
Los abogados alertan sobre señales cardíacas previas

Los abogados de Mohammadi habían advertido que el 24 de marzo sus compañeras de prisión la encontraron inconsciente. Tras un examen en la clínica penitenciaria, un médico le indicó que probablemente había sufrido un ataque al corazón. Desde entonces, según su defensa, padecía dolor en el pecho y dificultades para respirar.
Su representante legal en Francia, Chirinne Ardakani, denunció entonces que se le había negado el traslado a un hospital y la posibilidad de ver a su cardiólogo. También señaló que un funcionario penitenciario permaneció presente durante toda la breve visita de los abogados.
Mostafa Nili, uno de sus abogados, escribió en X que “En los últimos días, su presión arterial ha experimentado fluctuaciones severas, subiendo y bajando mucho, y hoy se desmayó repentinamente debido a una caída súbita de la presión arterial”. Según añadió, en un primer momento el médico de la prisión le administró medicamentos, pero Mohammadi rechazó ser llevada a un hospital y exigió ver a su cardiólogo. Horas más tarde volvió a perder el conocimiento y, esta vez, un neurólogo ordenó su traslado inmediato.
Nili indicó que la activista fue ingresada en la unidad de cuidados cardíacos y que “su presión arterial sigue fluctuando severamente”. También afirmó que un responsable médico en Zanjan recomendó suspender durante un mes la ejecución de su condena para facilitar el tratamiento, aunque el fiscal de esa ciudad remitió la decisión a su homólogo en Teherán.
La nueva condena agrava el caso de Mohammadi

Mohammadi, de 53 años, fue detenida en diciembre durante una visita a Mashhad, en el este de Irán, y posteriormente condenada a siete años adicionales de cárcel. Antes de ese arresto ya cumplía una pena de 13 años y nueve meses por cargos de colusión contra la seguridad del Estado y propaganda contra el gobierno iraní, aunque había salido con permiso temporal desde finales de 2024 por razones médicas.
Durante ese permiso, mantuvo su actividad pública con protestas y apariciones en medios internacionales, incluida una manifestación frente a la prisión de Evin, en Teherán, donde había estado recluida. En febrero, un Tribunal Revolucionario de Mashhad le impuso los siete años adicionales. Esos tribunales suelen emitir veredictos con escasas o nulas posibilidades de impugnación para los acusados.
Su familia había advertido en febrero que su salud empeoraba en prisión, en parte por una golpiza sufrida durante la detención de diciembre. Según su relato, varios hombres la golpearon y patearon en el costado, la cabeza y el cuello. Ese mismo mes, el comité Nobel condenó el “continuo maltrato que pone en peligro su vida”.
Partidarios de la activista sostienen que ya había sufrido múltiples ataques al corazón en prisión antes de ser sometida a una cirugía de emergencia en 2022. En 2023 se convirtió en la quinta persona galardonada con el Nobel de la Paz mientras estaba encarcelada, lo que reforzó su visibilidad internacional en respaldo de las protestas que sacudieron Irán tras la muerte de Mahsa Amini, detenida por la policía de la moral por no llevar correctamente el velo obligatorio.
Su designación provocó la reacción de la teocracia chiita de línea dura, que amplió su tiempo en prisión y, según sus allegados, ordenó después el envío de guardias para agredirla junto con otras internas que protestaban dentro de Evin. Aun así, Mohammadi mantuvo una postura desafiante y llegó a pedir el boicot de las elecciones de 2024 ganadas por el presidente Masoud Pezeshkian, al sostener que el gobierno iraní terminaría cambiando por la presión popular.