El gobierno de Canadá evalúa expandir la flota de la Real Fuerza Aérea Canadiense a unos 140 aviones de combate mediante un esquema mixto que combinaría cazas furtivos Lockheed Martin F-35A con hasta 72 Saab Gripen E ensamblados localmente.
La propuesta también contempla incorporar aviones de alerta temprana Saab GlobalEye, con el objetivo de reforzar la vigilancia aérea de largo alcance, la defensa del Ártico y las capacidades vinculadas a la modernización del NORAD.
Canadá estudia una flota de combate híbrida que mantendría al F-35A para misiones de alta amenaza y sumaría el Gripen E como plataforma de masa operativa, con apoyo del GlobalEye para vigilancia aérea avanzada.
La reestructuración surge de una revisión de defensa iniciada por la administración del primer ministro Mark Carney. El cambio estratégico busca reducir la exposición canadiense a cadenas de suministro militares controladas por Estados Unidos, en un contexto de tensiones arancelarias y mayor presión para asegurar autonomía industrial.
La cifra de 140 aeronaves implicaría un regreso a dimensiones operativas asociadas a la Guerra Fría. El objetivo central sería sostener una defensa aérea más amplia sobre el norte del continente, donde la soberanía en el Ártico exige mayor disponibilidad, sensores persistentes y capacidad de respuesta rápida.
F-35A para penetración y Gripen E para masa operativa

La iniciativa transformaría la flota planificada, originalmente estructurada en torno a 88 F-35A, en una arquitectura de tres niveles. El F-35A quedaría reservado para misiones de baja observabilidad, penetración en entornos de alta amenaza y operaciones de coalición con aliados.
El Gripen E asumiría la defensa antiaérea diaria, el patrullaje nórdico y la generación de masa operativa. Su diseño favorece operaciones dispersas desde pistas cortas, reabastecimiento rápido y mantenimiento con equipos reducidos, factores relevantes para una red de bases extendida en territorios de difícil acceso.
Canadá ya mantiene un pedido firme por 16 aviones F-35A derivado del acuerdo firmado en enero de 2023. Sin embargo, la revisión actual deja en suspenso la compra del lote completo de 88 unidades y abre espacio para una solución que combine furtividad, volumen y mayor participación industrial nacional.
Industria local, control de datos y vigilancia aérea

Mientras el ecosistema del caza estadounidense exige que el soporte lógico, las actualizaciones de software y los datos de misión permanezcan bajo estricto control de Washington, la oferta de Saab plantea un modelo distinto. El ensamblaje final, la integración y el control de datos del Gripen E se realizarían dentro de Canadá.
Este enfoque podría generar hasta 9.000 empleos en el sector aeroespacial canadiense y establecer centros tecnológicos en Montreal, Toronto y Vancouver. Para Ottawa, el retorno industrial se vuelve un factor estratégico junto con la capacidad militar, especialmente si la modernización de la flota se extiende durante varias décadas.
La viabilidad del esquema también dependerá del sistema de sensores. El gobierno negocia la adquisición de cinco a seis aviones Saab GlobalEye por más de 5.000 millones de dólares canadienses, una plataforma basada en la familia Bombardier Global que podría integrarse de forma directa en la manufactura local.
El GlobalEye extendería el horizonte de detección contra misiles de crucero de baja altitud y drones que los radares terrestres fijos no logran captar. Esa capacidad compensaría vulnerabilidades del actual Sistema de Alerta del Norte y reforzaría la cobertura sobre rutas aéreas críticas del Ártico.
El reto logístico de operar una flota más compleja

Operar dos modelos distintos de cazas y una nueva plataforma de alerta temprana impondrá un desafío logístico severo. La RCAF tendrá que duplicar líneas de instrucción para pilotos y técnicos, manuales de vuelo, cadenas de repuestos y sistemas de diagnóstico mientras retira su antigua flota de CF-18.
Para que la expansión se traduzca en capacidad real, Ottawa deberá financiar a largo plazo infraestructura norteña, simuladores, mantenimiento especializado y sostenimiento de software. Sin esa inversión, Canadá podría heredar un inventario más amplio, pero incapaz de generar la disponibilidad operativa necesaria para sostener la defensa aérea del país.
La decisión final definirá no solo el tamaño de la futura flota de combate canadiense, sino también el grado de dependencia tecnológica frente a Estados Unidos y el papel que la industria nacional tendrá en la defensa del Ártico durante las próximas décadas.