El programa F-35 Lightning II mantiene una valoración dividida entre Estados Unidos y varios de sus aliados. En Washington persisten críticas por costos, logística y gestión burocrática, mientras que operadores como Israel y Australia destacan el rendimiento operativo del caza furtivo y su adaptación a necesidades militares concretas.
El debate estadounidense se centra en el precio unitario del avión, estimado en unos 80 millones de dólares, y en un costo de vida útil calculado en 2 billones de dólares. Analistas citados en el texto fuente han cuestionado el impacto financiero del programa, la autonomía de algunas variantes y la eficiencia general de su gestión.
El F-35 recibe evaluaciones opuestas según el operador: Estados Unidos enfrenta críticas por costos y administración, mientras Israel y Australia resaltan su utilidad operativa, interoperabilidad y capacidad de adaptación.
Varios operadores extranjeros, por el contrario, han expresado una valoración más favorable del F-35. Entre ellos, Israel tiene especial relevancia, ya que fue el primer país que empleó esta aeronave en combate. Según el texto fuente, en mayo de 2018 la Fuerza Aérea de Israel utilizó su variante propia, el F-35I Adir, en ataques contra objetivos de Hezbolá en el Líbano.
Israel valora la adaptación del F-35I Adir a sus necesidades
El empleo temprano del F-35 por parte de Israel siguió una línea histórica de la Fuerza Aérea israelí, que también fue la primera en usar en combate los F-15 Eagle y F-16 Fighting Falcon. Con el F-35I, sus mandos han expresado una valoración positiva, vinculada en parte a la posibilidad de adaptar el avión a los requerimientos específicos del país.
Según Maya Carlin, Israel logró involucrar a contratistas de defensa locales en la adquisición del F-35I. Esa participación permitió fabricar componentes como cascos y alas en territorio israelí, financiados con ayuda militar de Estados Unidos. Además, la Fuerza Aérea de Israel puede realizar modificaciones externas en el avión, una facultad descrita como única entre los operadores internacionales del modelo.
La situación estratégica israelí explica parte de esa flexibilidad. Israel opera bajo amenazas constantes y con necesidades operativas inmediatas, por lo que sus decisiones militares requieren rapidez. En ese contexto, una estructura de defensa menos burocrática que la estadounidense facilita ajustes más ágiles sobre plataformas avanzadas.
El texto fuente vincula esa capacidad con la doctrina militar israelí, orientada a responder con rapidez ante desafíos operativos. La frase atribuida a Giulio Douhet, “la flexibilidad es la clave del poder aéreo”, resume esa lógica. En el caso del F-35I, esa flexibilidad se observa en la adaptación de una plataforma de quinta generación a prioridades nacionales concretas.
Australia destaca interoperabilidad y desempeño del F-35
En el caso de Australia, esa valoración favorable se hizo explícita en septiembre pasado, cuando el comodoro Angus Porter, agregado aéreo de la Real Fuerza Aérea Australiana en la embajada de Australia en Washington, fue consultado sobre el desempeño de los F-35 en su país. Su respuesta fue directa: “Nos encantan y creemos que son fantásticos”.
Porter mencionó como crítica menor algunos problemas de corrosión, aunque aclaró que estaban en proceso de solución. También destacó la interoperabilidad del Joint Strike Fighter y su capacidad para comunicarse con los F-35 de aliados regionales, incluidos Japón y Corea del Sur.
La experiencia australiana permite identificar una ventaja similar a la observada en Israel, ya que sus fuerzas armadas, por su menor tamaño y por estructuras institucionales menos complejas, pueden tomar decisiones con mayor rapidez. En cambio, los procesos de adquisición y gestión del Departamento de Defensa de Estados Unidos suelen describirse como extensos, costosos y sujetos a presiones políticas o administrativas.
Estados Unidos también ha usado las tres variantes en combate
Pese a las críticas internas, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos han empleado las tres variantes del F-35 en operaciones reales. El primer uso estadounidense ocurrió en septiembre de 2018, cuando el Cuerpo de Marines utilizó el F-35B en un ataque contra un objetivo talibán en Afganistán.
En abril de 2019, la Fuerza Aérea de Estados Unidos empleó dos F-35A contra objetivos del Estado Islámico en Wadi Ashai, Irak, durante la Operación Inherent Resolve. Más tarde, en noviembre de 2024, los Marines registraron otro antecedente operativo al utilizar por primera vez la variante F-35C en combate, según un comunicado de prensa del 18 de noviembre de 2024 emitido por la Oficina de Asuntos Públicos del Carrier Strike Group 3.
Estos antecedentes muestran que el F-35 ha cumplido funciones operativas relevantes también para Estados Unidos. Sin embargo, el reconocimiento de ese desempeño aparece condicionado por el peso de los costos, la logística y las dificultades de gestión del programa dentro del sistema estadounidense.
La diferencia central no se reduce al diseño del avión, porque, según el texto fuente, el rendimiento atribuido al F-35 también depende de la situación estratégica, la estructura burocrática y la capacidad de cada operador para adaptar la aeronave a sus prioridades militares. Por esa razón, el F-35 Lightning II seguirá recibiendo valoraciones contrapuestas: críticas por su costo y complejidad, y respaldo de aliados que destacan su utilidad operativa.