El presupuesto fiscal 2027 prioriza cazas, bombarderos, cisternas y sistemas no tripulados para sostener operaciones en entornos disputados ante adversarios casi pares.
El presupuesto de 2027 prioriza la capacidad de combate aéreo
Estados Unidos proyecta invertir $102,2 mil millones en poder aéreo dentro del presupuesto fiscal 2027. La asignación aparece en el FY 2027 Department of War Budget Overview Book, publicado en abril de 2026, y busca preservar la capacidad de penetrar defensas antiaéreas avanzadas y mantener la proyección de fuerza frente a adversarios casi pares. El diseño combina aeronaves tripuladas, plataformas de apoyo y sistemas no tripulados.
El plan reúne aviones de cuarta, quinta y sexta generación dentro de una estructura en la que cada modelo cumple una misión concreta. Unas plataformas se orientan a la penetración furtiva, otras al reabastecimiento en vuelo, la guerra en red, la ampliación del alcance operativo o el lanzamiento de cargas útiles de gran tamaño. El documento sitúa como inversiones tácticas principales al F-35, el F-47 y el futuro caza naval F/A-XX.
La mayor expansión corresponde al F-35 Lightning II. Su compra sube de 47 aparatos en 2026 a 85 en 2027, con una dotación de $21,4 mil millones. El F-35A de la Fuerza Aérea opera con despegue y aterrizaje convencionales; el F-35B del Cuerpo de Marines puede actuar desde buques anfibios o pistas austeras; y el F-35C, pensado para portaaviones, incorpora alas mayores, tren reforzado y gancho de apontaje.

Las tres versiones del F-35 comparten el radar AN/APG-81 de barrido electrónico activo, el Sistema de Apertura Distribuida con cobertura infrarroja de 360 grados y una arquitectura de fusión de datos para intercambio de información en tiempo real. Esa combinación coloca al aparato como un nodo de detección, clasificación y transmisión de objetivos en espacios aéreos saturados por radares y misiles tierra-aire, dentro de una lógica de combate en red.
Programas aéreos centrales del presupuesto fiscal 2027
- El F-35 pasa de 47 unidades en 2026 a 85 en 2027, con $21,4 mil millones.
- El F-15EX suma 24 aeronaves y conserva su papel como plataforma de alta carga de armamento.
- La financiación del F-47 aumenta de 3,5 mil millones a $5 mil millones.
- El programa naval F/A-XX baja de 1,7 mil millones a $0,1 mil millones.
- El KC-46A recibe 4,4 mil millones para 15 aviones de reabastecimiento y transporte.
El plan combina F-35, F-15EX y sexta generación en red
Junto a la flota furtiva, el presupuesto prevé 24 F-15EX Eagle II, dos más que el año anterior. El modelo parte de una célula probada y modernizada, puede cargar más de 13 toneladas de armamento externo, integra el radar AN/APG-82 y utiliza el sistema EPAWSS. Su función no depende de la baja observabilidad, sino de la capacidad de actuar como plataforma de gran carga para misiles aire-aire de largo alcance o municiones pesadas.
El salto hacia la sexta generación aparece en el F-47, cuya financiación sube de$3,5 mil millones en 2026 a 5 mil millones en 2027. Aunque la información pública sigue limitada, el aparato se vincula al esquema Next Generation Air Dominance, que reúne furtividad mejorada, sensores avanzados, integración en red y cooperación con Collaborative Combat Aircraft. Esos sistemas no tripulados buscan ampliar la cobertura de sensores, repartir el riesgo y extender la profundidad del enfrentamiento.

La Marina mantiene dentro de esa trayectoria al F/A-XX, concebido para sustituir de forma gradual al F/A-18E/F Super Hornet. Sin embargo, su financiación cae de 1,7 mil millones a$0,1 mil millones. El programa se orienta a un caza embarcado de nueva generación con prioridad en alcance, supervivencia, conexión con redes navales de sensores y coordinación con futuros sistemas no tripulados a bordo de los grupos de portaaviones.
Ese esquema responde a una lógica de reparto de funciones. El F-35 queda planteado como nodo de información en espacios disputados, mientras el F-15EX aprovecharía esos datos para ampliar el volumen de fuego sin exponer a las plataformas furtivas a misiones de gran carga. El F-47 apunta a llevar más lejos esa integración entre sensores, sigilo y cooperación con aeronaves no tripuladas, con una arquitectura enfocada en la superioridad aérea en escenarios de alta amenaza.
Bombarderos, cisternas y drones amplían alcance y resistencia
En el segmento de ataque de largo alcance, el B-21 Raider ocupa una posición central. El bombardero furtivo, previsto para misiones convencionales y nucleares, está destinado a penetrar sistemas integrados de defensa antiaérea y sustituir con el tiempo a los B-1B Lancer y B-2 Spirit. Su arquitectura abierta está pensada para incorporar con rapidez nuevos sensores, software y armamento, con el fin de sostener su adaptación frente a amenazas cambiantes.
En paralelo, el B-52 Stratofortress sigue su proceso de modernización con el reemplazo de sus motores Pratt & Whitney TF33 por ocho Rolls-Royce F130. Esa modificación busca mejorar la eficiencia de combustible, la disponibilidad y la vida útil de una plataforma empleada sobre todo como portadora de misiles de crucero de largo alcance. Con ello, la fuerza aérea mantiene una capacidad de ataque estratégico sostenida mientras incorpora el nuevo bombardero furtivo.

El reabastecimiento aéreo y la movilidad también absorben una parte relevante de los recursos. El KC-46A Pegasus recibe$4,4 mil millones para 15 aviones. Basado en la célula del Boeing 767, puede transferir más de 90 toneladas de combustible mediante sistemas de pértiga y de manguera y cesta. Además, puede transportar carga, pasajeros o evacuar heridos, lo que refuerza su valor como plataforma multifunción dentro del conjunto operativo.
En el ámbito no tripulado, el MQ-25A Stingray obtiene financiación para tres aeronaves con la misión de extender el radio de acción de los aparatos embarcados. El MQ-9 Reaper suma cinco unidades y conserva su función en inteligencia, vigilancia y ataque en entornos permisivos, con autonomía superior a veinte horas y capacidad para emplear sensores electroópticos y municiones guiadas. Ambos sistemas amplían el alcance y la persistencia de las operaciones aéreas.
La estrategia busca sostener operaciones aéreas bajo fuego enemigo
La estructura de esta inversión intenta equilibrar penetración, potencia de fuego y resistencia operativa. El B-21 trasladaría esa lógica al plano estratégico contra objetivos endurecidos o profundamente defendidos, mientras el KC-46A pasaría a ser un elemento directo en la generación de salidas a larga distancia. El enfoque presupuestario parte de que la ventaja aérea dependerá de la supervivencia de enlaces de datos, inventarios de misiles, bases avanzadas y aviones cisterna bajo ataque.
En el Indo-Pacífico, esa capacidad se medirá menos por el número total de aeronaves que por la posibilidad de dispersar fuerzas, reabastecerlas, protegerlas y volver a conectarlas tras los primeros enfrentamientos. La evaluación estratégica sitúa frente a China el problema de la profundidad del teatro, la densidad de misiles balísticos y de crucero y la disputa del acceso aéreo a través de la primera y segunda cadena de islas.

Frente a Rusia, la atención se concentra en defensas antiaéreas escalonadas, guerra electrónica y ataques de largo alcance contra infraestructuras aliadas. En ambos casos, el presupuesto parte de la idea de que el acceso inicial al espacio de combate puede quedar en duda y de que las pérdidas no pueden descartarse. Por eso, la planificación evita apoyar la superioridad aérea en una sola plataforma y distribuye capacidades entre cazas, bombarderos, cisternas y sistemas no tripulados.
Con inversiones simultáneas en F-35, F-47, B-21, F-15EX, cisternas y sistemas no tripulados, Washington intenta reducir la dependencia de un único modelo de superioridad aérea. El objetivo es preparar a su fuerza para operar en espacios disputados, sostener la proyección de fuerza y mantener la capacidad de combate tras los primeros golpes del adversario. La apuesta combina modernización inmediata y desarrollo tecnológico para conflictos de alta intensidad.